HENRY
MANCINI (1924-1994): Fue un autor innovador,
en el sentido de que llevó a su punto
álgido la moda de repetir la pieza principal en una
película (el leit-motive), además de
trabajar en campos no muy conocidos, ya que
manipulaba el sonido en los estudios de grabación
para darle a sus composiciones un aire nuevo. De su carácter
cabe destacar su amabilidad en el trato con los
demás y su carácter jovial. De su técnica hay que
decir que tenía profundos conocimientos sobre los
requisitos de una buena banda sonora, y un
excepcional talento para la melodía; no obstante, su
versatilidad está fuera de toda duda (intervino
también en dramas e incluso en películas de
terror).
Enrico Nicola
Mancini (conocido como Hank para sus amigos), nació
el 16 de abril de 1924 en Cleveland (Ohio, Estados
Unidos). Sus padres, de origen italiano, insistieron
en que estudiara música, pero Mancini se dio cuenta
de que aquello era lo suyo, por lo que al final no
resultó ser una imposición. Estudió durante un
año en la Juilliard School of Music de Nueva York,
hasta que fue llamado al servicio militar. Al
finalizarlo en 1946, tuvo la suerte de ser contratado
como pianista y arreglista en la Orquesta de Glenn
Miller, en la que estuvo algunos años. Entre los
artistas de la misma conoció a la cantante Ginny O'Connor, que se
convertiría en su esposa y con la que tuvo tres
hijos. El grupo en el que cantaba Ginny fue
contratado para un cortometraje de la Universal, y se
le ofreció a Mancini la oportunidad de arreglar la
música del mismo. A raíz de este hecho, entró a
trabajar en la Universal en 1952, en la plantilla del
departamento musical, componiendo fragmentos
musicales y realizando arreglos orquestales, además
de seleccionar piezas musicales del archivo de la
productora para adaptarlos a nuevas películas. Su
primer título en este sentido fue Lost in Alaska
(1952), una película de Abbott y Costello. Colaboró
también en otra docena de filmes, destacando It
came from outer space (1953), La mujer y el
monstruo (1954), Música y lágrimas
(1954), Tarántula (1955) o The Benny
Godman Story (1955), aunque en los créditos de
algunas de estas películas no aparece su nombre. No
obstante, durante esta etapa Mancini consiguió una
buena formación como orquestador y como experto en
sistemas de grabación y mezcla, buscando una
renovación de los sistemas de sonido imperantes en
Hollywood.
Este compositor
no tuvo oportunidad de firmar en solitario una banda
sonora hasta 1958, año en que el director Orson Welles le pidió que
compusiera la música de Sed de Mal. Blake Edwards, que quedó
impresionado por el fondo musical de esta película,
se hallaba en esos momentos preparando una serie de
televisión, Peter Gunn, y lo contrató para
la misma. A partir de ese momento, todos conocemos la
fructífera relación de los dos autores; su obra
comenzaba a ser reconocida por público y crítica.
Trabajó con Howard Hawks, Stanley Donen, Vittorio De
Sica o Paul Newman. Incluso colaboró con Alfred Hithcock
en
Frenesí, pero su experiencia no fue muy
gratificante. A lo largo de su carrera ganó 20
premios Grammy y seis álbumes de oro. En marzo de
1994 se hizo pública su enfermedad (cáncer de
hígado y páncreas), y el 14 de junio de ese mismo
año fallecía Henry Mancini en Los Angeles, a los 70
años de edad, tras casi cincuenta años de carrera
profesional.
Títulos suyos
que permanecerán imborrables en la memoria del
cinéfilo amante de las bandas sonoras son Desayuno
con Diamantes (1961; ganadora de dos Oscar), ¡Hatari!
(1962), Charada (1964), La Pantera
Rosa (1964), La Carrera del Siglo
(1965), Arabesco (1966), Dos en la
Carretera (1967), El Guateque (1968), Victor
o Victoria (1982; ganador de un Oscar) e
innumerables temas compuestos para la televisión,
por supuesto.
<<
Breve
historia de las bandas sonoras
