ALFRED
NEWMAN (1901-1970): Fue el compositor más
importante de la Fox durante más de veinte años,
siendo sus inicios, en febrero de 1930, paralelos a
los de Samuel Goldwyn, puesto que
trabajó en las películas de este productor durante
los diez años siguientes a la citada fecha,
ejerciendo una gran influencia en las generaciones
posteriores.
Alfred Newman
nació el 17 de marzo de 1901, en New Haven,
Connecticut, y era el mayor de los diez hijos de unos
inmigrantes judíos rusos. Su padre era comerciante y
su madre, que dirigía los cantos en una sinagoga,
animó a su hijo mayor a estudiar piano. Incluso
tuvieron que vender el perro de Alfred para poder
pagar el alquiler del piano en el que estudiaba. Ya a
la temprana edad de ocho años, Alfred demostró un
talento excepcional para la música, y sus maestros
le concedieron una beca. Tocó por primera vez en
público en 1916 y las críticas fueron favorables.
Después de nacer su décimo hijo, Luba y Michael
Newman se separaron, y Alfred, a sus dieciocho años,
se convirtió en el sostén de la familia. Los
teatros proporcionaban más dinero que las salas de
conciertos, y Alfred buscó trabajo en el Strand,
donde tocaba el piano antes de las películas, o en
el foso de la orquesta para acompañarlas. A los
veinte años era ya director musical de la revista de
George
White, «Scandals of 1920». Las revistas
dieron paso a musicales más importantes y durante
los años veinte dirigía y hacía arreglos musicales
escritos por los Gershwin, Harry Ruby y Jerome Kern. En noviembre
de 1929, se estrenó «Heads Up», de Rodgers
Hart, con Newman al frente de la orquesta.
Poco tiempo después, Joseph Schenck le ofreció un
contrato de tres meses como director del nuevo
musical que Irving Berlin iba a hacer
para United Artists, «Reaching for the Moon». Que a
Irving Berlin le gustase Alfred Newman era motivo
suficiente como para que Goldwyn lo contratase.
Newman decidió trabajar en Whoopee!, y se quedó en
Hollywood cuarenta años más. Darryl Zanuck ofreció a
Newman el puesto de director musical de la Twentieh
Century-Fox, donde se hacía una película nueva
todas las semanas, por lo que el compositor aceptó
encantado, cansado de los pocos trabajos que
realizaba para la United Artists, cuyo ritmo de
producción era muy inferior al de la Fox. En
los años 40 comenzaría a consolidar su prestigio
colaborando en películas de muy diferentes géneros,
y trabajando para grandes directores como John
Ford. Realizó varios trabajos para filmes
de temática religiosa, algo que para él significó
una manera de expresar su profunda fe.
Reseñar,
finalmente, que a lo largo de su carrera
llegó a componer la música de unas doscientas
películas, entre las que destacan La
Ciudad sin Ley (1935), El Prisionero de
Zenda (1937), Stella Dallas (1937), Cumbres
Borrascosas (1939), Esmeralda la Zíngara
(1939), Gunga Din (1939), Las Uvas de la
Ira (1940), Sangre y Arena (1941), La
Canción de Bernadette (1943; ganadora del
Oscar), El Capitán de Castilla (1947), Eva
al Desnudo (1950), La Túnica Sagrada
(1953), Sinuhé el Egipcio (1954), La
Colina del Adiós (1955; ganadora del Oscar), Anastasia
(1956), El Rey y Yo (1956; ganadora del
Oscar); El Diario de Ana Frank (1958; una de
las bandas sonoras preferidas del propio Newman); La
Conquista del Oeste (1962) y La Historia
Más Grande Jamás Contada (1965).
Sobre él
existe un documental llamado All About Alfred,
dirigido por Alex M. Canawati y que cuenta con los
testimonios de Diane Keaton, Martin Landau, Shirley
Jones, Mitzi Gaynor, Robert Wise, Jerry Goldsmith, David Newman,
Randy Newman y John Williams. Durante su
carrera cinematográfica fue nominado en 44
ocasiones al Oscar, ganándolo 9 veces.
<<
Breve
historia de las bandas sonoras