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El compromiso de Robert Guédiguian
por Javier M. Tarín


La ciudad está tranquila

La ciudad está tranquila abandona la comedia y el cuento para adentrarse en las profundidades de un drama descarnado sin concesiones sobre la bondad del ser humano. Los estereotipos de ¡Al ataque! devienen personas de carne hueso en un filme aterrador que se acerca a una realidad en la que todo va mal. El título y el arranque son expresivos respecto a la pretensión del filme por contraste con lo que viene a continuación. La ciudad aparentemente está tranquila al atardecer. Por eso la panorámica del puerto que abre el filme tiene cierta belleza formal remarcada por la música clásica de piano que se justifica al final del movimiento de cámara: un niño, emigrante de Georgia que estudia en el conservatorio, toca con un órgano en un parque para poder comprarse un piano de verdad. Una escena bucólica que da comienzo a la historia de unos personajes marcados por la soledad. Como afirma Abderramane todo es cuestión de punto de vista. Desde las terrazas al mar de los privilegiados sociales todo parece estar bien cuando el sol se pone. Pero en su barrio la miseria, la droga o el racismo se encuentran en cualquier esquina, en cualquier momento.

Imagen de "La ciudad está tranquila"

Michèle es el eje estructurador de este filme coral en el que el protagonismo recae otra vez en una mujer trabajadora que lucha con su entorno para vivir con dignidad. Su historia ilustra el problema de la droga en las sociedades occidentales. El estado ha renunciado con un discurso moral a buscar verdaderas soluciones y sólo ofrece parches farmacológicos a la adicción a la heroína. La situación llega ser tan desesperada que, en un primer momento, Michèle le compra las papelinas a su hija a través de Gérad. Ante el empeoramiento de la chica que cada vez necesita más caballo, Michèle se da cuenta de que no puede mantener más esa situación. Por eso le inyecta una sobredosis a su hija para que muera. Y no se trata de una exageración al servicio del relato, sino que la escena contiene tanta verdad que desborda al espectador porque la escena evidencia el drama de las drogas en nuestra sociedad.

La dureza de la trama no acaba aquí, sino que a lo largo de la cinta se van desgranado las diferentes historias que se entrecruzan y conforman la aparente apacibilidad de la ciudad pero que en realidad tejen una cruda desesperación. Uno de los lugares en que los personajes se cruzan es precisamente uno de los templos de la sociedad contemporánea: el centro comercial, forma emblemática del progreso económico que ha servido para transformar el ocio en consumo.

Imagen de "La ciudad está tranquila"

Un tema reiterado en distintos filmes de Guédiguian es la desconfianza en la clase política y en las formas tradicionales de participación. Por ello suele retratar dos procesos que se dan en su ciudad pero que sirven de modelo para muchos lugares. En primer lugar, con la transformación económica y el paso de la industria pesada a la nueva economía muchos obreros han perdido su trabajo. De su precaria situación -el marido de Michèle en paro y abandonado a la bebida- se aprovecha la extrema derecha que les ha hecho creer, con palabras símbolo como identidad o preferencia nacional, que su desgracia se debe a la presencia de los inmigrantes.

En paralelo con ese proceso de nacionalismo excluyente y fascista, la política tradicional ha perdido el rumbo y no da cuenta de la nueva problemática social. El marido de Vivianne, la profesora de música, es un claro representante de la burguesía supuestamente progresista que solo busca justificar su posición privilegiada dentro de la sociedad. Da igual que el pueblo sea revolucionario o reaccionario, para él siempre es un rebaño al que las clases dirigentes deben indicar el camino. Su discurso comprometido, de hecho, es una simple fachada que le sirve para mantener sus privilegios de clase. O el padre de Paul, que combatió en la Resistencia y enseñó a su hijo la Internacional, pero que ha perdido toda esperanza en los partidos políticos como vía de transformación social. Está totalmente desengañado por el apoyo de la clase obrera a la extrema derecha y el entendimiento de la izquierda con la derecha con la que comparte su política económica.

Imagen de "La ciudad está tranquila"

La relación entre Vivianne y Abderramane, que parece ser la única concesión a la esperanza, se desvanece con el asesinato de aquel bajo los disparos de obreros de extrema derecha. La posibilidad del acercamiento entre dos esferas sociales tan separadas queda así cercenada por los sectores más reaccionarios de la sociedad. Al final del filme el sorpresivo suicidio de Gérard es un elemento más que se suma a esa desesperanza que se ha ido tejiendo en torno a los personajes. Este final desgarrador enlaza con el transporte del piano a Sarkis, el niño que aparecía en el arranque, tocando en el parque. En torno a la música se vuelve a construir la aparente tranquilidad de la ciudad que daba comienzo a un filme, encargado de hacerla desaparecer de la conciencia de los espectadores. De hecho el contraste de la muerte de Gérard con esta secuencia final, hace que la supuesta esperanza en torno a la música parezca hueca y falsa, una construcción edificada en un punto de vista falseado.

En las salas de exhibición campa a sus anchas un modo de representación huero, aparente, de mediocridad desmedida y legibilidad absoluta que ha calado tan hondo en el público que parece el único y verdadero modelo narrativo cinematográfico. Y no es únicamente una cuestión formal, sino que, por lo general, el contenido se adapta a la superficialidad más infame y los problemas más complejos que se reducen al lugar común.. Los filmes de Guédiguian por el contrario, con unos planteamientos locales, adquieren textura de metáfora de la situación de Occidente que, ensimismado en los grandes cambios, no acepta la realidad expuesta por el cineasta francés o como mucho la considera como un daño colateral en el tránsito a la sociedad del acceso. Sin duda alguna, un cine imprescindible.



Imágenes de La ciudad está tranquila - Copyright © 2000 Agat Films et cie, Diaphana Films y Le Studio Canal+. Fuente: Golem. Todos los derechos reservados.

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