Durante este año se han estrenado en
España dos filmes de Robert Guédiguian y su equipo
habitual que responden de nuevo al proceso imparable
de la globalización del postcapitalismo, definido en
su vertiente negativa por la consolidación y/o
creación de bolsas de marginalidad en el mundo y en
el interior de las sociedades occidentales. El
proceso de generalización de un modelo económico
sustentado en las nuevas tecnologías y en la
conversión de los bienes en servicios está teniendo
consecuencias directas en las relaciones sociales y
agudizando las desigualdades. Es algo que cierto
discurso cinematográfico ha intentado retratar en
sus diferentes aspectos, pero que el discurso
cinematográfico dominante suele transitar por las
sendas de la complacencia y la postura acrítica.
Guédiguian
ofrece con ¡Al
ataque! (À
l´attaque!, Robert Guédiguian, 2000) y La
ciudad está tranquila (La
ville est tranquille, Robert Guédiguian, 2000) dos
registros complementarios e indisolubles entre los
que se mueve su cine para retratar la problemática
social que se esconde tras la construcción europea,
entendida por la élite como un proyecto económico
exclusivamente.
¡Al
Ataque! navega por las aguas de
la comedia con el objetivo de poner en duda la bondad
de un sistema económico que se sustenta en el
proceso de mundialización. Además, en un
pequeño ejercicio de estilo, la estructura del
filme, en la que se incrusta a los dos guionistas del
relato, intenta ser una reflexión sobre la creación
cinematográfica. Con esos dos elementos en
combinación se construye un relato en la línea de
filmes anteriores que apostaban por el cuento y en
los que la risa y la ayuda mutua eran las únicas
vías de escape a las fuertes injusticias sociales.
Esta estructura narrativa permite, asimismo, que,
aunque sea en la ficción, los perdedores
tradicionales triunfen en una sociedad hostil por sus
planteamientos económicos. El cuento es entendido,
en definitiva, como realización de lo imposible,
idea puesta en práctica en El dinero da
la felicidad ( L´argent fait le bonheur,
Robert Guédiguian, 1992) y Marius y
Janette (Marius et Janette, Robert
Guédiguian 1996).
El cine de
Guédiguian y compañía es una representación
lúcida de algunas tendencias de la nueva economía y
su repercusión en la vida diaria de los
trabajadores. Una de carácter imparable es el cierre
de empresas en países occidentales, decididas a
trasladarse a países en desarrollo en los que la
mano de obra es más barata y dócil, y cuyos
gobiernos dan facilidades de todo tipo para atraer
inversiones extranjeras. En el filme esta idea se
concreta en la empresa Eurocontenedor,
integrada en un conglomerado empresarial que ha
decidido trasladar esta sección a Marruecos para
obtener una mayor rentabilidad, a pesar que otras de
sus inversiones están teniendo grandes beneficios.
De esta forma se vuelve a presentar la desigualdad de
un sistema económico que prima la obtención de
beneficios por encima de cualquier consideración de
bienestar social. Eurocontenedor, legalmente,
por supuesto, se declara en quiebra y deja en el paro
a los trabajadores y no paga las empresas
subcontratadas. El Garaje Moliterno & Cie,
pequeña empresa familiar, al no ingresar el dinero
que Eurocontenedor le debe, no puede hacer
frente a los pagos del banco que, en consecuencia, le
amenaza con el embargo. ¿Simplificación?
¿Maniqueísmo? Más bien cruda realidad de cómo
funciona nuestra posmoderna sociedad.
El
segundo elemento que se pone en juego y sirve para
tejer el relato es la reflexión sobre la creación
cinematográfica a través de la
presentación de la escritura del guión. Un telón
teatral enmarca el filme e indica su carácter de
representación paródica. De hecho, los dos
guionistas Yvan y Xavier- que se insertan en
el relato como demiurgos y deciden la suerte de los
personajes, no son más que una exageración de dos
propuestas cinematográficas. Yvan representa una
tendencia hacia el espectáculo, cree que el sexo y
la sangre son dos ingredientes indispensables para
que un relato cinematográfico funcione. Adaptado a
los tiempos que corren escribe en un ordenador
portátil. Por el contrario, Xavier es un romántico
y escribe con pluma estilográfica. Cree en el cuento
social como derecho a soñar por eso es maniqueo
quiere hacer una película política, de ricos
y pobres- y sus planteamientos ideológicos se
imponen sobre las cuestiones de carácter
espectacular y formal. Dos concepciones encontradas y
simplificadas al máximo con un afán claramente
paródico, pero que sirven también para plantear la
cuestión de la función del discurso
cinematográfico.
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Filmografía de Robert Guédiguian
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