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     Renzo Rossellini, hijo del autor del neorrealismo italiano
A lo largo de estos últimos meses la Filmoteca Española de Madrid ha dedicado una amplia retrospectiva al director Roberto Rossellini. Cineasta libre en constante búsqueda de la verdad, la profunda humanidad de su mirada exploró la realidad y cuestionó las claves de la existencia. Su obra, en continua experimentación, está considerada uno de los puntos de partida de la modernidad en el cine. Este ciclo contó en algunas de sus sesiones con la presencia de Renzo Rossellini, memoria viva de las películas de su padre.

REPORTAJE por Miguel Ángel Laviña Guallart

El ciclo ha comprendido el conjunto de la obra del
director, desde sus primeros documentales en la época del fascismo, el nacimiento del neorrealismo con la llamada trilogía de la liberación: "Roma, ciudad abierta" (1945), "Camarada" (1946) y "Alemania, año cero" (1948), obras capitales que significaron una auténtica ruptura temática y formal con el cine realizado hasta entonces, películas posteriores como "Stromboli" (1949), "Euro-pa 1951" (1951) o "Te querré siempre" (1953), en las que inició el camino hacia una progresiva introspección psicológica de los personajes, pasando por los trabajos cinematográficos en los
años 60 y la abundante producción televisiva de sus últimos
años.

  Vistas hoy día, algunas de sus películas trascienden los límites puramente cinematográficos para convertirse en verdaderos docu-mentos históricos de buena parte del siglo XX. Aun así, el cineasta fue más allá de su propio tiempo y una vez que la complicada pro-ducción cinematográfica en los años 60 le dio la espalda, se refugió en la televisión, donde realizó una serie de trabajos sobre hechos y personajes relevantes a lo largo del tiempo, que acabaron convir-tiéndose en una minuciosa reflexión sobre la propia Historia.

"Roma, ciudad abierta" - Copyright © 1945 Excelsa Film. Todos los derechos reservados.  Roberto Rossellini colocó por vez primera la cámara a la altura de los ojos, y siguió a la persona. Se sirvió de la téc-nica formal y material del documental pa-ra construir historias de ficción, pero de forma progresiva ese espíritu documental dio paso al análisis del interior emocional del individuo. Hoy es posible sentir ese testimonio de humanidad y la piedad que el cineasta mostró hacia cada uno de sus personajes. También es posible recuperar la manera más sencilla de entender el ci-ne a través de la sinceridad de su mirada. Renzo Rossellini considera que su padre era muy consciente de este legado: «mi padre siempre supo muy bien lo que hacía, en algunos aspectos fue un adelantado a su tiempo, un incomprendido y en muchos momentos se sintió muy solo. Aunque no lo pareciera, también
le afectaban mucho las críticas. Cumpliría ahora, de estar vivo, 99 años. El día antes de morir hacía frío y le pusimos un abrigo. Días después descubrí en un bolsillo una crítica de la película Paisà, que había guardado durante más de 30 años doblada en cuatro partes, en la que se hablaba del ‘loco de Rossellini'».

  El próximo año se celebra el centenario del nacimiento
de Roberto Rossellini. Es curioso preguntarse qué pensaría el cineasta, que siempre cuestionó a sus contemporáneos, sobre
el cine actual. Renzo Rossellini no duda que «no le gustaría, y por supuesto, en la actualidad el cine de mi padre no tendría cabida, pero ni siquiera en la televisión, donde trabajó en los últimos años, hoy día podría tener el sitio necesario para hacer sus películas.
Aun así, su idea fundamental sobre el concepto del cine sigue
viva: rodar películas de bajo presupuesto y conservar siempre
la libertad».

Rossellini, año cero

  Roberto Rossellini se lanzó a rodar en las calles de una Roma recién liberada por los aliados varias historias reales ocurridas du-rante la resistencia, con total libertad, precariedad de medios (inclu-so parte del negativo de la película estaba caducado), unos pocos actores profesionales y los ciudadanos protagonistas de lo narrado. Las calles desoladas de Roma en 1945 y el sufrimiento de aquellos que vivieron la ocupación quedaron inmortalizados por el director en "Roma, ciudad abierta". Después fue testigo de la devastación del resto del país en la película de liberación, "Camarada", mediante seis episodios que seguían el avance del ejército aliado a través
de la península, desde Sicilia hasta las tierras del Po, y de la
total destrucción de Berlín tras la guerra en "Alemania, año
cero".

"Alemania, año cero" - Copyright © 1948 Produzione Salvo D'Angelo y Tevere Film. Todos los derechos reservados.  Las circunstancias, tanto personales como sociales, influyeron de forma deci-siva en su cine: «durante la segunda gue-rra mundial nos mandó a vivir a Barcelo-na, porque lo consideraba un lugar más seguro, por eso hablo este español... Todavía vive allí una de sus hermanas y otros familiares. Fue en esa ciudad donde murió mi hermano a los 9 años. Después de una sencilla operación, una infección posterior causó su muerte. No pudieron darle antibióticos, porque en esos mo-mentos sólo los daban a los militares. La muerte de mi hermano fue un hecho que influyó en toda la obra posterior de mi padre, no pueden entenderse sus películas sin este hecho». Esta tragedia familiar y los estragos de la guerra, especialmente en la infancia, está presente de manera explícita en varias películas. El niño de "Roma, ciudad abierta" es testigo de cómo su madre es abatida a tiros en plena calle. "Camarada" toma su título original (Paisà) del protagonista del segundo episodio del film, un niño que sobrevive en Nápoles engañando a los soldados aliados, y en "Alemania, año cero" seguimos en todo momento al casi adolescente Edmund por las calles de Berlín, intentando conseguir comida para su familia. La pasada contienda también es una de las causas del suicidio del niño en "Europa1951". En los últimos fotogramas de "Roma, ciudad abierta", en uno de los momentos más hermosos de la historia del cine, unos niños se alejan en la ciudad eterna después de haber sido testigos de la barbarie. Son ellos los inocentes de la guerra y también los que tendrán que vivir con esa herencia en el futuro.

  A la revolución que supuso "Roma, ciudad abierta" y el prestigio internacional alcanzado con la explosión del neorrealismo, siguie-ron una serie de películas protagonizadas por la entonces su espo-sa, Ingrid Bergman. La actriz sueca se encontraba en pleno apo-geo de su carrera cuando vio las dos primeras películas del director en un cine de Los Ángeles. Quedó tan impresionada que le escribió una famosa carta: «Querido señor Rossellini, he visto sus películas y me han gustado mucho. Si necesita una actriz sueca que habla muy bien el inglés, que no ha olvidado el alemán, que puede com-prender en francés y que en italiano sólo sabe decir ‘ti amo’, estoy decidida a venir a Italia y trabajar con usted». Viajó para ponerse a las órdenes del director en "Stromboli" e iniciaron una relación per-sonal y profesional que dio como fruto siete películas. Rossellini iniciaba un progresivo camino hacia el análisis psicológico de sus personajes, en el que observaba sus itinerarios espirituales e inci-día en aspectos tan sutiles como la incomunicación, la inadapta-ción o la mediatización física y moral del individuo por su entorno. "Stromboli" o "Te querré siempre", que en realidad eran la evolución lógica tras el neorrealismo, el paso de cierta colectividad hacia la persona, fueron en su día denostadas por la crítica e incomprendi-das por el público. A este fracaso artístico se sumó la ruptura de la pareja, separados por sus muy distintos métodos de trabajo y de entender el cine.

"Camarada" - Copyright © 1946 Organizzazione Film Internazionali (OFI). Todos los derechos reservados.  Años más tarde, los creadores de la llamada Nouvelle Vague francesa redes-cubrieron el nuevo lenguaje cinematográ-fico surgido en estas películas, y reivindi-caron la dimensión del cineasta italiano. A finales de los 50, este grupo de nuevos cineastas, encabezados por nombres co-mo Jacques Demy, François Truffaut o J.L. Godard, a través de las páginas de Cahiers du Cinéma, hicieron suya aquella premisa de libertad, junto al exhaustivo análisis psicológico, y salieron a rodar en la calle, con pocos medios y gran libertad creativa, en una
nueva revolución cinematográfica. «Mi padre conoció a estos nuevos directores con los que compartió muchas charlas. Reco-mendó a los jóvenes creadores franceses rodar películas baratas, por su cuenta, y, ante todo, luchar por su libertad. Sólo a través de la sencillez puede un director conseguir su independencia. Rosselli-ni fue un director que buscó la libertad a través de todas sus pelícu-las, lo que le hizo apartarse del cine para refugiarse en la televisión, donde encontró los medios y la comodidad para contar lo que que-ría».

  El concepto de guión ha sido uno de los aspectos más cuestio-nados en el cine de Rossellini. El propio director declaró en varias ocasiones que comenzaba sus películas a partir de unas cuantas ideas y escribía conforme rodaba. Incluso se ha dicho que utilizaba papeles que iba sacando de sus bolsillos y entregaba a los actores poco antes de rodar. Es difícil comprender, viendo el resultado ex-traordinario de guión y puesta en escena de películas como "Euro-pa 1951", que el proceso de construcción fuese de esta manera. En relación a esta última película, Renzo Rossellini considera que «el final de "Alemania, año cero" era el suicidio del niño protago-nista, esto hay que enlazarlo con el punto de partida de "Europa 1951", que es el suicido del hijo de la protagonista, Irene. En esta película mi padre tenía una idea en la cabeza, más allá de cualquier guión: la reacción de Irene ante el sentimiento de culpabilidad por la muerte de su hijo. Emprende un camino en el que primero se impli-ca en la lucha contra desigualdad social, trabaja en los suburbios surgidos a causa de la industrialización, pero se siente decepcio-nada, ve su trabajo inútil. Más tarde, intenta buscar consuelo en la religión católica, pero tampoco sus respuestas son suficiente para ella. Su búsqueda y entrega a los demás llega a tal punto que aca-ba convirtiéndose en una especie de ‘santa’ de la sociedad moder-na, pero esta diferencia asusta a quienes la rodean, es considerada una ‘loca’, una enferma mental y termina internada en un psiquiátri-co. Esto era lo que mi padre ante todo quería contar, y el guión es-taba en función de la historia: cómo Irene, a causa de su simple ‘diferencia’, es apartada de la sociedad».

"Stromboli" - Copyright © 1949 Bero Productions y RKO Radio Pictures. Todos los derechos reservados.  Renzo Rossellini incide en el humor presente en las películas de su padre, identificado a menudo con el dramatismo de sus películas. Es rotundo: «era un hombre divertidísimo, nunca me reí tanto como con él. Y sí que hizo comedia, co-mo aquel episodio de "Camarada" en el monasterio franciscano y "Dov´è la li-berta...?" (1954) con Totò, cómico muy popular, dentro de la tradición de la co-media italiana de la época». Tuvo tiempo para comentar alguna curiosidad: «no es cierto que a mi padre no le gustase "El general de la Rovere"  (1959) protagonizada por Vittorio de Sica, o que la considerase una obra menor, aunque fuese una película de encargo. El produc-tor hasta ese entonces había hecho películas de éxito, pero quería hacer una de prestigio para poder ir al Festival de Venecia. Para llegar a tiempo tuvieron que rodar en tan solo cuatro semanas, poquísimo para una película. Lo que ocurre es que era una historia sobre la resistencia en la segunda guerra mundial, algo que él ya había rodado antes, con su tiempo, y simplemente, no le gustaba repetir aquello que ya había hecho. Con Vittorio De Sica se llevaba bien, eran compañeros, coetáneos, al igual que Federico Fellini, con quien también trabajó». Y en cuanto al apartado musical: «gran parte de la música sus películas fue escrita por mi tío, al que debo el nombre, Renzo Rossellini. En casa siempre tuvimos una broma privada, y es que mi padre decía que le gustaría quitar la música
de todas sus películas. Por otra parte, le gustaba utilizar música moderna para sus trabajos sobre tiempos pasados y, al contrario, clásica para las obras contemporáneas”.

  “Su idea fundamental sobre el concepto del cine sigue viva: rodar películas de bajo presupuesto y conservar siempre la libertad”

  Respecto a la mayor enseñanza recibida por su padre: «ante to-do, su humanidad, su inmensa sabiduría. En la Historia ha habido muchas personas que han sido consideradas profetas por el saber que han transmitido a los demás, y yo durante años tuve la impre-sión de vivir con una especie de profeta. Mi padre se adelantó a su tiempo en muchos aspectos. Ante todo estaba preocupado por la verdad, el contenido, el significado y mensaje de sus películas, más que por la forma». En cuanto a sus posicionamientos políti-cos, «por supuesto, estuvo en contra del fascismo, pero ante todo creía en el ser humano».

"Europa 1951" - Copyright © 1951 Ponti - De Laurentiis. Todos los derechos reservados.  Renzo Rossellini fue durante varios años ayudante de dirección de su padre, «pero yo quería encontrar mi propia voz» y más tarde desarrolló una intensa carre-ra como productor. Entre sus escasas incursiones como director se encuentra aquella película llamada "El amor a los 20 años" (1962), formada por cinco epi-sodios, junto a François Truffaut, Marcel Ophüls, Andrzej Wajda y Shintaro Is-hihara. «Apenas recuerdo nada, en mi opinión no tenía ningún valor. Imagínate, ¡yo tenía 20 años!. Lo único que tenía valor era la historia de Fran-çois Truffaut (episodio Antoine y Colette, segunda entrega del ciclo de Antoine Doinel, tras "Los cuatrocientos golpes", 1959), que ocupaba gran parte del metraje, el resto tuvimos que cortar y cor-tar». Por último, Renzo Rossellini se declara incapaz de elegir una película favorita: «para mí es imposible, creo que la obra de mi padre hay que valorarla en su conjunto».

  En el documental "Rossellini visto da Rossellini" de Adriano Aprà (1992), su hija Isabella Rossellini comenta cómo en familia les gusta considerar la obra de su padre no de forma cronológica, conforme a los períodos en los que parece estar dividida, sino en su conjunto, es decir, comenzando por "La edad de hierro" (1964), que rodó para televisión, pasando, por ejemplo, por "Sócrates"  (1970), "Los hechos de los Apóstoles" (1969), "Luis XIV" (1966), "Roma, ciudad abierta" a "Europa 1951". En la retina del especta-dor quedarán como parte de la memoria del siglo XX algunas se-cuencias como Pina-Ana Magnani corriendo por las calles de Ro-ma, el niño Edmund escuchando en un gramófono a Hitler entre las ruinas de Berlín o la refugiada Karine-Ingrid Bergman perdida por las laderas del volcán Stromboli. Es una buena forma de entender la obra de un autor que por vez primera logró conjugar realidad y ficción, Historia y Cine.
 


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