Síguenos

“Elegía de Naniwa” y de Kenji Mizoguchi

Años 30

“Elegía de Naniwa” y de Kenji Mizoguchi

Seguramente “Elegía de Naniwa” no será su título más logrado ni esté a la altura de “Cuentos de la luna pálida” o “El intendente Sansho”, pero hablar del japonés Kenji Mizoguchi siempre es hablar de cine imperecedero, de poesía fílmica y de humanismo que trasciende tiempos y fronteras. En especial, sus películas han sabido adentrarse en el mundo femenino y recoger toda la capacidad de sacrificio y generosidad de unas mujeres heroicas, que afrontaron el reto de superar la sumisión tradicional nipona y adaptarse a los nuevos aires de modernidad. Aquí nos presenta a Ayako, una joven telefonista que sacrifica su amor, su trabajo y su honor para conseguir el dinero que salve de la cárcel a su padre —después de un desfalco en la empresa y de entregarse al alcohol— y que permita a su hermano licenciarse. Agobiada por su responsabilidad, cede a las pretensiones deshonestas de su jefe y también de un corredor de bolsa, para después —necesitada de paz para el alma— arrepentirse y pedir perdón a su novio. Pero la sociedad no está preparada para gestos tan nobles, tan discretos, tan elevados… y obtiene como “premio” el deshonor público y el rechazo familiar.

Exquisito cine social para un país que pasó abruptamente del feudalismo a la modernidad, y sentida elegía hacia una sensible e incomprendida mujer, traicionada y leal en su silencio, abandonada como “un perro callejero y delincuente” por unos hombres prepotentes y egoístas, cobardes y mezquinos, que no ven lo que tienen delante y son incapaces de agradecer lo que no se explicite. Cine que retrata el alma femenina como quizá sólo Max Ophüls lo haya hecho —sería muy interesante un estudio comparativo entre ambos—, con un fondo conmovedor y trágico que se hace más duro aún por la sutileza con que es tratado: basta ver la secuencia final, con Ayako sola y desesperada atravesando el puente entre la niebla nocturna, para sentir compasión por un personaje tan humano y delicado. Un estilo que combina el plano fijo con largos planos-secuencia —otra similitud con el gran maestro vienés—, y que acerca al espectador a unos personajes atribulados pero dignos de ser llorados y amados —definición de “elegía”—, tanto como el artista que les dio vida y que responde al nombre de Kenji Mizoguchi.

En la imagen: Fotograma de «Elegía de Naniwa» – Copyright © 1936 Daiichi Eiga. Todos los derechos reservados.

Continue Reading
Publicidad

Novedades destacadas

Guía de películas

A B C D E F G H I J K L M N O P Q R S T U V W X Y Z 1
Subir