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«American Graffiti»: La hora de los aullidos

Años 70

«American Graffiti»: La hora de los aullidos

La mejor criatura jamás inventada por George Lucas era peluda, divertida, tenía un nombre pretendidamente aterrador y vagaba por las noches llevando la justicia musical a la galaxia de las ondas… No, no era Chewbacca, sino el Hombre Lobo, locutor de la emisora que envolvía a ese pubescente en pañales que fue «American Graffiti» (1973), el mejor y más hermoso hijo de papá. Esta rareza en la que los jóvenes no sentían dudas amorosas hacia sus hermanas –vaya tela tenía de fondo «La guerra de las galaxias» (1977)– y que celebraban duelos a bordo de sus automóviles, como James Dean en «Rebelde sin causa» (1955), en vez de pilotar naves espaciales, sigue siendo un paréntesis extraño, en muchas ocasiones desconocido, de este gigante del márketing que un día, también, fue un joven norteamericano corriente.

 

Los chicos de clase media a punto de entrar en la universidad y abandonar ese maquiavélico mundo de institutos, bailes con ponche y coches forrados con globos como regalo de graduación se agrupaban en torno a varias historias paralelas de un grupo de amigos que confluían en la misma noche alocada y urbana. Todos eran imberbes y casi inexpertos, como Lucas, aunque con el tiempo su frescura se haya convertido en el vestigio simpático de unas carreras en auge: Ron Howard, antes de dirigir absurdeces y ñoñerías, era Steve, el vividor con perspectivas en el horizonte que acaba adoptando la salida más convencional; Richard Dreyfuss, siempre entrañable, experimentaba en Curt el camino inverso a su amigo, persiguiendo a aquella onírica rubia en automóvil blanco; Charles Martin Smith, como Terry, rompía los esquemas del empollón gafipástico, y Paul Le Mat, alias John, sabía mantener el tipo cómico frente a la repelente presencia de una niñata que se cuela en su camioneto.

Hasta Harrison Ford lucía palmito cowboy de extrarradio –Bob Falfa era su irónico nombre–, retando a los protagonistas con los rugidos presuntuosos del que sería precedente de su Halcón Milenario… Steve, Curt, Terry y John aúllan desesperados por seguir sintiéndose unidos a la manada, por no separarse de ella al alto precio de la madurez y la responsabilidad. Su guía era el Hombre Lobo, el clandestino aficionado a las emisoras radiofónicas que velaba por las relaciones y las preocupaciones de los jóvenes en su mundo de noche, carretera, poco alcohol y mucho mete-mano. Nada demasiado alejado de la actualidad, sólo que entonces las chicas siempre llevaban faldas de vuelo, los chicos podían asomarse por las ventanillas del coche sin riesgo de multa y ambos grupos se aproximaban según ritmos mejores que los que se radian ahora, gracias al licántropo de las ondas y sus The Platters, The Flamingos, Chuck Berry, Bill Haley… Auuuu Auuuuu

En las imágenes: Fotogramas de «American Graffiti» – Copyright © Lucasfilm, The Coppola Company y Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

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