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Balance del Festival de Sitges 2012: El triunfo sobre la realidad

Escrito por el 15.10.12 a las 4:22
Archivado en: Festivales

El cartel que anunciaba el 45º Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya no dejaba margen a la duda. Esta era una edición marcada por la fecha, el 2012, la idea del Apocalipsis a la vuelta de la esquina representada en la Iglesia de San Bartolomé y Santa Tecla de Sitges derruida junto a la playa de la localidad catalana. El certamen, inevitablemente, iba a estar marcado por el discurso alusivo a la crisis, tanto a niveles de organización como en las lecturas que iban a propiciar las películas que en él se presentaban. Y quizá sea conveniente remarcar en este punto que es el género fantástico y de terror uno de los que más y mejor han hablado de los fracasos de nuestra sociedad, de los cataclismos económicos transmutados en tramas quizá lúdicas, pero conscientes del mundo del que hablan. A su vez, es esa filia hacia el género la que nos permite, la que permite a muchos de los parroquianos del festival refugiarse de la tormenta durante algo más de una semana. Porque Sitges es también ese limbo en el que la felicidad fan puede vencer a la rutinaria decepción, sin que por ello deje de ser un observatorio único desde el que la ficción contempla a la realidad que subvierte, reinventa, diluye.

En el Festival de Sitges 2012, esa ficción batió a la realidad a la que miraba, triunfó sobre ella. A lo largo de 10 días, existió esa obra que diagnosticaba con lucidez apabullante lo que estaba pasando fuera, cierto. Pero fueron más las que llegaron para demostrar que el fantástico, el terror, o el fantaterror estaba en una forma exultante y creía, ciegamente, en las posibilidades creativas para armar nuevos universos, conjugar los ya conocidos con talento insultante o explorar nuevas maneras de dirigirse al espectador —incluso, si cabe, con su colaboración activa—. Tampoco es casual que varios de los largometrajes de la Sección Oficial tuvieran en su centro la figura de un escritor, del contador de historias cuya creatividad se halla en constante tensión con la realidad que tiene que dominar para poder seguir adelante, con la culminación de ese proceso que le define como autor. Esa tensión es, ni más ni menos, significativa de lo que Sitges podría ser, para los que amamos el cine en general y el género en particular, en un día a día que quiere acallar el potencial de los nuevos creadores. Es ese lugar en el que todo tiene sentido incluso cuando nada de lo que ves parece tener sentido. Ese espacio abierto, de colectiva complicidad, para imaginar esas otras posibilidades al margen de las asumidas. Allí donde siempre es posible vencer, en el modo en que nos gustaría.

Lo mejor. Limusinas, bestiarios y viajes en el tiempo. Dos llegaron en limusina. Una lo hizo para llevarse los honores y los premios. La otra, para encontrarse con la fría acogida de buena parte de un público que aún recuerda y prefiere una versión anterior de su director. En 2008, el francés Leos Carax había dado una muestra —pequeña— de su imaginería con el segmento “Merde” de “Tokyo!” (2008), filme episódico que completaban Bong Joon-ho y Michel Gondry. Tres años después, “Holy motors” es su primer largometraje en más de una década y dispone a un bizarro personaje que viaja de vida en vida mutando de asesino a vagabundo, monstruo, hombre de familia o el mismo Sr. Mierda que protagonizara el mencionado segmento de “Tokyo!”. Un recorrido mutante a través de las encarnaciones de Denis Lavant que acabaría imponiéndose de forma rotunda en el palmarés del festival, con cuatro premios entre los que destacan los de Mejor Película y Mejor Director. Por lo que respecta a “Cosmopolis”, hace ya tiempo que David Cronenberg era más un director sujeto a discrepancias entre fans de la vieja guardia y nuevos defensores que un autor entendido vía un discurso que sigue evolucionando y abriendo la amplitud de su mirilla. En este sentido, la adaptación de la novela de Don DeLillo ofrecía presupuestos inmejorables, desde el mismo momento en que el material original abordaba un retrato del mundo contemporáneo en su precipitación hacia el colapso, sintetizado en el trayecto auto-destructivo de ese joven multimillonario que se empeña en atravesar la ciudad para hacerse un corte de pelo. “Cosmopolis” puede ser fría, pero se adentra con inteligencia superlativa en la esencia de unos diálogos que desmenuzan la realidad de nuestro mundo con pasmosa brillantez. Una radiografía fascinante y gélida de lo que está pasando. Una película condenada a encontrarse con la exigencia de la acción, con la incomprensión de aquel que reclama que suceda algo entre sus líneas, cuando entre ellas está sucediendo todo.

Ajena a esas lecturas, los méritos de “La cabaña en el bosque” son bien distintos. Co-escrita y producida por Joss Whedon, el debut tras la cámara de Drew Goddard, uno de los guionistas de la órbita de J.J. Abrams, ha estado entre lo más aplaudido del festival. Y con razón. Si hablamos de la creatividad salvaje como revulsivo a un panorama poco halagüeño, esta ópera prima es un ejemplo a seguir, una caja de Pandora que acomete una deconstrucción del género al que ama entendiendo que el humor y el terror pueden conciliarse en el contrapunto. “La cabaña en el bosque” exhibe un manejo prodigioso de esos mecanismos, y los pone al servicio de un relato que a medida que avanza destapa varios niveles de sorpresa hasta alcanzar una apoteosis final imposible de olvidar. Otra cinta que exuda ingenio y oficio por cada poro es “Looper”, tercer trabajo de Rian Johnson y fabulosa muestra de sci-fi de viajes en el tiempo a caballo entre “Terminator” (James Cameron, 1984) y “Scanners” (Cronenberg, 1981). La cinta, que puso un gran broche final al festival, se disfruta en el punto equidistante entre la acción con concesiones al subgénero Bruce Willis, el relato intertemporal que no se ensimisma para explicar sus paradojas, y las encrucijadas de la identidad entre el yo futuro y el presente. Ciencia-ficción ejemplar, virtuosa y sobrada de talento que proyecta un inmenso futuro para su director.

Lo destacado. Horor vírico y sonoro, asesinatos en 8 mm. y turismo para serial-killers. Una de las más beneficiadas por el palmarés de Sitges es “Sightseers”,  tercer y logrado largometraje de Ben Wheatley que pone en ruta a una pareja de enamorados que se embarcan en un doble viaje: por un lado, el turismo por la Inglaterra profunda, la de las postales costumbristas y las visitas al museo del lápiz; por el otro, el emocional e instintivo de una pareja sumida en el tira y afloja en el control de la relación, y su peligrosa manera de exteriorizarlo. La película de Wheatley se alzó con los galardones de Mejor Guion y Mejor Interpretación Femenina para Alice Lowe, un merecido reconocimiento a su muy creíble transformación de inofensiva solterona a salvaje desesperada y capaz de cualquier cosa por amor. 

Otra de las agradables sorpresas del certamen fue ver cómo Scott Derrickson se reponía del desastroso remake “Ultimátum a la Tierra” (2008) para firmar un más que solvente ejercicio de terror entre maldiciones milenarias, familias y casas tocadas por el horror y escritores de best-sellers baratos cuya curiosidad les acaba pasando factura. Sin resultar particularmente original, “Sinister” es una propuesta de una feliz madurez y una nada común capacidad para aterrar, especialmente desde esos vídeos caseros que muestran atrocidades en el ámbito doméstico que atenazan al personaje de Ethan Hawke, todo un Stephen King de andar por casa. Derrickson no consigue librarse del todo de algunos efectismos y lugares comunes, pero demuestra pulso firme y un inteligente goteo de esas tremebundas escenas que llevan al escalofrío con tanta efectividad como los vídeos de Sadako. Polémica y divisiones encontradas es lo que suscitó “El hombre de las sombras”. El tercer largometraje de Pascal Laugier (“Martyrs”) juega a modular el género partiendo desde la presentación de un presunto slasher, que luego se transforma progresivamente para transitar por territorios de ambigüedad moral y utópicos —y pantanosos— enunciados sociales. Encabezado por una espléndida Jessica Biel, el filme instrumentaliza dispositivos genéricos sin complejos, y parte de lo conocido hacia lo inexplorado en un trayecto que bien podría establecer paralelismos con el que propusiera M. Night Shyamalan en “El bosque” (2004).

También despertaron interés dos propuestas tan divergentes como son “Berberian Sound Studio” y “Antiviral”. En el primer caso, hablamos del segundo largometraje del británico Peter Strickland tras “Katalin Varga” (2009), en el que tanto cabe el homenaje al giallo y a las reinas del grito como la distorsión psicológica de un técnico de sonido (Toby Jones) que ve cómo su realidad se diluye lentamente en el filme que está sonorizando. El segundo supone la ópera prima de Brandon Cronenberg, hijo de David Cronenberg que ha heredado algunas de sus temáticas y obsesiones. En “Antiviral” se puede adivinar la influencia de su padre en las imágenes que fabulan con la fusión de la carne y la máquina, o en la especulación sobre la identidad más allá de los límites de la anatomía, a través de una sociedad obsesionada con parecerse a sus celebridades hasta el punto de querer experimentar sus enfermedades.

“Frankenweenie” suponía una de las películas más esperadas en el Auditori desde el mismo momento en que marcaba, después de dos décadas, una nueva colaboración entre Tim Burton y la Disney, una relación que ya terminara quebrándose en su día y que hoy ambos retoman como conveniente estrategia para revitalizarse mutuamente. Bajo ese signo de la resurrección, la misma que ocupa la trama principal basada en la de su propio cortometraje, el último trabajo de Burton es una muestra de lo mejor que el realizador puede dar de sí ahora mismo: un cineasta entregado al festival de la referencia, al disfrute de llevar a terrenos conocidos un cúmulo de guiños a sus monstruos y mitos favoritos. “Frankenweenie” es, en fin, un divertido lavado de cara que no aporta nada nuevo a la filmografía del director, inscrito de nuevo en un conformismo que solo parece romper a la hora de contradecir el mensaje final que uno esperaría de una producción Disney. También en el terreno de la animación pero sin tanta expectación en torno a ella, “O apóstolo” es la prueba de que en España es posible trabajar el formato con coherencia y direcciones distintas a las familiares. Entretenida cinta de stop-motion de plastilina que supuso el último trabajo de Paul Naschy, y que se inscribe sin miedo en el fantástico, utilizando como fondo las leyendas gallegas y la niebla que surgen en torno al camino de Santiago. Además, tiene un pasaje en 2D que relata a través de troquelados la llegada de la peste, narración dada por una tenebrosa banda sonora que consigue una pequeña maravilla para el recuerdo.

Menos interesante. Virtuosos al volante, maremotos de dolor y bosques fantásticos. Ladrones profesionales que quieren dar su gran golpe. Un policía veterano y otro joven. Todos ellos maestros con las manos al volante, auténticos virtuosos capaces de hacer lo imposible. “Motorway” es un nuevo trabajo de Soi Cheang, director de la interesante “Accident” (2009). Este thriller con momentos de western sobre ruedas, sin embargo, no consigue una identidad magnética fuera de las asombrosas maniobras que salpican sus cuidadas pero en ningún caso inventivas persecuciones. Bajo esos movimientos inimaginables, sólo queda una trama rutinaria y un bonito puñado de tópicos. Otro es el problema de “Side by side”, documental sobre la transición del celuloide al digital que acusa su excesiva vocación de didactismo. Conducido por las entrevistas de Keanu Reeves, en él se concitan voces en principio tan autorizadas como Martin Scorsese, Richard Linklater o Christopher Nolan, pero cualquier posible debate derivado de la cuestión central queda reducido a la categoría de nota al pie, a rápido comentario que no quiere distraer de una cronología de formatos y cámaras digitales que se suceden a lo largo del tiempo.

Asimismo, en el apartado de decepciones hay que incluir tres de los títulos españoles que se presentaban en Sitges. “Lo imposible” de J.A. Bayona recrea el tsunami de 2004 y el caso de una familia separada por el desastre. Y pese a que técnicamente su factura es irreprochable, como lo es también la labor de sus actores, es más cuestionable la ética de un discurso sobre la interconexión humana y la solidaridad que se aplica exclusivamente desde una óptica occidental de resort. En cuanto a “El bosc”, es el personal “El laberinto del fauno” (Guillermo del Toro, 2006) que Óscar Aibar ejecuta a partir de un cuento de Albert Sánchez Piñol: una ficción situada en una Guerra Civil española conectada con un mundo paralelo y fantástico; y un relato que potencia el maniqueísmo y el arquetipo en la representación de los respectivos bandos, hasta llegar a su desconcertante epílogo. El tercero es “Invasor”, un thriller en el que Daniel Calparsoro trata de imprimir el frenesí Bourne a una trama de intereses políticos relacionados con la Guerra de Irak, y que muere en la escasa credibilidad de aquello que pretende denunciar, pese a los esfuerzos interpretativos de Alberto Ammann y Antonio de la Torre.

Para olvidar. Abecedarios sarnosos, hoteles para monstruos y nazis lunares. Pese a que el balance arroja una positiva mayoría de títulos interesantes entre lo visto en Sitges, casi siempre queda un puñado de propuestas que más vale perder en el olvido. “Hotel Transilvania” es una mediocre cinta familiar que ni siquiera aprovecha su filia por el género, y que trata de enmendar su falta de imaginación y ruptura con los cánones con un ritmo endiablado y hits con voz robotizada tras los que solo queda el vacío. Se trata pues de una considerable decepción, máxime teniendo en cuenta que era el animador Genndy Tartakovsky (“Las supernenas”, “El laboratorio de Dexter”) el que orquestaba el proyecto. En todo caso, no supone una experiencia tan frustrante como “Iron sky”, serie B hecha realidad a través del crowdfunding y que imagina la invasión de la Tierra a manos de unos nazis instalados en la Luna. El delirio de la idea se traduce, lamentablemente, en un mero recital de chistes de nazis y en la parodia más evidente y facilona de la cooperación internacional desde la sala de guerra de Stanley Kubrick

Había expectación por ver lo nuevo de Jennifer Lynch, hija de David Lynch y ganadora del festival en 2008 por “Surveillance”. No obstante, y aunque “Chained” logra atmósferas realmente perturbadoras —un espacio, una habitación cerrada, una música que evoca los pesadillescos interiores de “Terciopelo azul” (1986)— para narrar el encierro de su protagonista a manos de un serial-killer, la cinta se desinfla en una conclusión rocambolesca, increíble en el mal sentido de la palabra. Un final que la directora, aseguró en rueda de prensa, le venía impuesto por exigencias del contrato, pero que en cualquier caso acaba por dar al traste con una propuesta en lo que mejor es su actor principal, un gran Vincent D’Onofrio que se llevó el premio a la Mejor Interpretación Masculina. Peor es “The ABC’s of death”, filme colectivo en el que 26 cortometrajes dirigidos por otros tantos directores proponen el mismo número de formas de morir, acordes a las letras del abecedario. Pese al atractivo del enunciado, el resultado es poco menos que desastroso, un conjunto en el que la mediocridad predomina y en el que en ocasiones se puede hasta detectar cierta desgana. Bien Nacho Vigalondo, Ben Wheatley y Adam Wingard, pero poco más que rescatar.

Una fascinante incógnita. Es difícil calibrar la impresión que deja “Seven psychopaths” tras un primer visionado. Cine negro bajo la luz del sol, tarantiniano en su construcción pero existencialista en su tono, agridulce en el poso que deja. El segundo largometraje de Martin McDonagh, director de “Escondidos en Brujas” (2008) no tiene la atmósfera de mágica pesadilla que condicionaba mediante la ciudad belga el ánimo de sus protagonistas, pero a cambio ofrece a un conjunto de personajes desquiciados y dando vueltas por el desierto, añorando ser parte de una construcción típica de un género que en realidad está siendo sometiendo a deconstrucción. “Seven psychopaths” puede pecar de autocomplaciente o exhibicionista, en especial cuando se trata de resaltar lo meta, la obra que se construye mientras el escritor interpretado por Colin Farrell la escribe sobre el papel. Pero su humanista y apenas esperanzada reflexión final, o escenas como el sombrío epílogo en el que participa Tom Waits, hablan de la naturaleza extraña de una película a la que cabe dedicarle un estudio más atento.

Sitges en corto. Si hace unos días hablábamos de la presencia en Sitges de los cortos de terror valencianos “La cruz” y “Alexis”, ambos obra de la productora Beniwood y dirigidos por Alberto Evangelio, hoy tenemos que congratularnos de que el primero de ellos haya encontrado su sitio entre el palmarés. “La cruz” se va del certamen con una mención especial en el fallo para la sección Brigadoon, en la que acabó por imponerse el licantrópico cortometraje “Zona de caza”, de J.O. Romero.

En las imágenes: detalle del cartel de la 45ª edición del Festival de Sitges © 2012 Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya. Todos los derechos reservados. Fotogramas de “Cosmopolis”, película distribuida en España por Vértigo Films © 2012 Alfama Films y Prospero Pictures. Todos los derechos reservados. De “La cabaña en el bosque (The cabin in the woods)” © 2012 AFX Studios, Metro-Goldwyn-Mayer, Mutant Enemy y United Artists. Distribuida en España por Vértice Cine. Todos los derechos reservados. De “Sightseers” © 2012 Big Talk Productions, StudioCanal, Film4 y Rook Films. Todos los derechos reservados. De “Sinister”, película distribuida en España por Aurum © 2012 Automatik Entertainment, Blumhouse Productions, y Possessed Pictures. Todos los derechos reservados. De “Antiviral” © 2012 Rhombus Media. Todos los derechos reservados. De “Frankenweenie”, película distribuida en España por The Walt Disney Company Spain © 2012 Walt Disney Pictures y Tim Burton Productions. Todos los derechos reservados. De “Motorway” © 2012 Media Asia Films, Milky Way Image Company y Sil-Metropole Organisation. Todos los derechos reservados. De “Lo imposible”, película distribuida por Warner Bros. Pictures International España © 2012 Telecinco Cinema, Apaches Entertainment y La Trini. Todos los derechos reservados. De “Hotel Transilvania”, película distribuida por Sony Pictures Releasing de España © 2012 Sony Pictures Animation. Todos los derechos reservados. De “Chained” © 2012 Envision Media Arts, Myriad Pictures y RGB Productions. Todos los derechos reservados. De “Seven psychopaths” © 2012 Annapurna Pictures, Blueprint Pictures, Film4 y HanWay Films. Todos los derechos reservados. De “La cruz” © 2012 Beniwood Producciones. Todos los derechos reservados.

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