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“Camino a la libertad”: La increíble caminata (cinematográfica) de Peter Weir

Escrito por el 04.01.11 a las 20:56
Archivado en: Cine americano, Drama

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De “La increíble caminata” —título español con el que se renombra la novela “The long walk: The true story of a trek to freedom”, de Slavomir Rawicz— se inspira y nace “Camino a la libertad” (estreno 5 de enero), relato de superación humana y travesía increíble que lleva a varios personajes a escapar de la Siberia de Stalin hasta la India. La película es una gran noticia en sí porque supone la vuelta tras la cámara de un director que se había sumido en silencioso retiro desde que dirigiera su último trabajo, hace siete años ya. Recuperar a Peter Weir significa recuperar a uno de esos autores que nunca tuvieron la vitola de autor, a un realizador al que a menudo le ha sido negada una mirada personal una vez ha pasado a formar parte de los engranajes de la industria norteamericana. Nada más lejos de la verdad, este cineasta australiano es un interesantísimo punto equidistante entre el cine con sello personal y el que apela al público, recordando lo a menudo fútil de ese dualismo a través de una filmografía difícil de acotar, fascinante en su heterogeneidad.

El largo camino de Weir empieza en la televisión australiana de finales de los 60 y principios de los 70. Dos mediometrajes en clave de comedia, “Man on a green bike” (1969) y “Homesdale” (1971) suponen sus primeros pasos antes de co-dirigir “Three to go” (Brian Hannant, Oliver Howes y Peter Weir, 1971). Otros trabajos pequeños supusieron su preparación como realizador antes de enfrentarse a su primer proyecto importante, “Los coches que devoraron París” (1974), en la que la población australiana de París subsistía provocando accidentes de tráfico de turistas y forasteros para quedarse después con sus pertenencias. A tan desconcertante propuesta la siguió la que es, probablemente, la obra más influyente de la etapa australiana  de Weir: “Picnic en Hanging Rock” (1975) era una adaptación de la novela de Joan Lindsay y una película deliberadamente impregnada de surrealismo y extrañeza sobre una excursión de unas estudiantes a la zona montañosa de Hanging Rock durante el día de San Valentín de 1900.

Tras la mini-serie “Luke’s Kingdom” (1976), de la que fue co-director, y la TV-movie “El visitante” (1979), Weir siguió consolidando su estatus como valor al alza de la nueva ola australiana, en la que surgía junto a directores como George Miller, Bruce Beresford o Phillip Noyce. Dos películas más permitirían al australiano dar el salto al cine norteamericano tras conquistar el de su país: “Gallipoli” (1981), muy solvente drama bélico sobre la matanza de australianos en la batalla librada en tierras turcas durante la I Guerra Mundial y ejemplo oportuno de la capacidad de Weir para filmar y adentrarse en las emociones de sus personajes; y “El año que vivimos peligrosamente” (1981), ambientada en el conflicto indonesio de los 60 y, al igual que la anterior, protagonizada por un emergente Mel Gibson.

Su debut en Estados Unidos llega con “Único testigo” (1985), thriller ambientado en contextos Amish que contaba con Harrison Ford como estrella y obtuvo ocho nominaciones a los Oscars® —Mejor Director y Mejor Película inclusive— de los que materializó dos —la estatuilla que galardona a la mejor dirección le ha sido denegada a Weir hasta cuatro veces en su carrera—. Al año siguiente, Weir repitió tándem con Ford en “La costa de los mosquitos” (1986), con un guión de Paul Schrader que adaptaba una novela de Paul Theroux, sobre un inventor y su familia que construyen una fábrica de hielo en medio de la jungla de Centroamérica.

Inclinado a profundizar en la psicología de personajes en situaciones extremas, tanto “El club de los poetas muertos” (1989) como “Matrimonio de conveniencia” (1990) ofrecieron registro distintos del autor. La primera, de éxito mayúsculo, se convertiría en cabeza visible o estandarte de todo un subgénero: el del profesor más o menos excéntrico que proporciona enseñanzas vitales a un grupo de alumnos en principio reticentes. La segunda era una comedia romántica con enredos legales de por medio que suponía el debut en Estados Unidos de Gérard Depardieu, quien aquí hacía pareja con Andie MacDowell.

“Sin miedo a la vida” (1993) fue, quizá, su película más desapercibida en Estados Unidos, un drama sobre las secuelas psicológicas en un superviviente a un accidente de avión. Cinco años después, sin embargo, Weir firmaría una de sus obras más logradas: vía el inspirado guión de Andrew Niccol, “El show de Truman” (1998) significó una reflexión de muchos estratos sobre la vigilancia y papel de la televisión en la sociedad contemporánea; y, de paso, abrió una vertiente desconocida en la carrera de Jim Carrey que probaba sus sobradas aptitudes dramáticas más allá de su preferencia por la comedia histriónica.

Otros cinco años separaron a “El show de Truman” de su penúltima película hasta la fecha: “Master and commander: Al otro lado del mundo” (2003) se basaba en las novelas de Patrick O’Brian y narraba la obsesiva persecución por los mares del mundo de un capitán que recibe órdenes de capturar el buque insignia de la Armada Francesa, un barco superior al suyo. Un tour de force naval quizá comparable, en parámetros de intensidad y épica, a su último trabajo. “Camino a la libertad” se inscribe sin problema en la obra de Peter Weir: cine comercial con firma propia, interesado en un relato que prima lo humano y lo emocional, y de nuevo con grandes, inacabables espacios abiertos que explorar.

En las imágenes: Peter Weir en el rodaje de “Camino a la libertad” © 2010 Aurum. Todos los derechos reservados. Mel Gibson en “Gallipoli” © 1981 The Australian Film Commission y R & R Films. Todos los derechos reservados. Harrison Ford en “Único testigo” © 1985 Paramount Pictures y Edward S. Feldman Production. Todos los derechos reservados. “El club de los poetas muertos” © 1989 Touchstone Pictures y Silver Screen Partners IV. Todos los derechos reservados. Jim Carrey en “El show de Truman” © 1998 Paramount Pictures y Scott Rudin Productions. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Camino a la libertad” © 2010 Aurum. Todos los derechos reservados.

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1 - Pedro - 1:57 - 12.01.11

Sin pretender ser una obra maestra, sí nos presenta una historia de superación, más o menos creíble. Entretenida y recomendable. La Naturaleza salvaje, otra gran protagonista.



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