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Claves culinarias y cinematográficas para una “Dieta mediterránea”

Los dietistas y revistas especializadas la promulgan desde hace décadas como panacea contra el colesterol y la cultura sedentaria del siglo XXI, pero lo cierto es que la cocina mediterránea se ha convertido, como un plato de nouvelle cuisine, en una deconstrucción de sí misma. Algunos de los ingredientes clásicos de la costa sur europea aparecen en las comidas diarias de los países occidentales, mezclados con intrusiones exóticas, comodidades del baúl de los congelados y caprichos baratos que rompen la primera de sus reglas: no abusar de ninguno de los alimentos. Después del triunfo en las taquillas el pasado verano de “Fuera de carta” (2008), de Nacho G. Velilla, y la siempre rentable fórmula de comedia culinaria, Joaquín Oristrell emula escenario en “Dieta mediterránea” (2009), en la que su título recupera la defensa de una alimentación doble, la que suponen los platos tradicionales sujetos a reformulaciones estéticas y la trama de triángulo amoroso que ha abastecido como el pan al cine del viejo continente.

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Arroz: “Arroz amargo” (1949, Giuseppe De Santis): Piedra angular de los restaurantes costeros, anzuelo de tapa, comida y cena para los turistas nórdicos, el arroz asienta la dieta mediterránea a la par que celebra, generalmente en forma de paella, un centro de reunión entre familiares y conocidos. Sin embargo, antes de llegar a la mesa el arroz debe ser recogido, como aquél que brotaba de las manos de Silvana Mangano en la plantación de esta película italiana que empezaba a dejarse aderezar por los secretos del cine noir de uno y otro lado del charco. Walter (Vittorio Gassman) y Francesca (Doris Dowling), pareja huida de la ley, explotaría de empacho carnal tras conocer a Silvana y el soldado Marco (Raf Vallone), verdadera lección de que una actitud moderada resulta imposible en países tan pasionales, extremos y curtidos en catar sabores a bocados y arrancar el alimento de la tierra.

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Legumbres: “American cuisine” (1998, Jean-Yves Pitoun): Poco antes de que el sleeper europeo “Deliciosa Martha” (2001) y su remake estadounidense “Sin reservas” (2007) reavivasen el interés de la industria por las tragicomedias de fogones, ambos extremos se encontraron en este título francés que narra el empeño de un americano (Jason Lee) con orígenes pizzeros —y en su acepción menos italiana— por aprender los secretos del mayor chef galo (Eddy Mitchell) y su mujer, interpretada por Irène Jacob. El tópico de la cocina francesa como Shangri-La de cualquier aspirante a cocinero se repetía en esta comedia blanda que persigue sus mejores momentos en los típicas costumbres que colisionan entre sí y dan lecciones de exquisitez al incrédulo norteamericano, como ese foie de lentejas que por amoldarse a París ha perdido toda la consistencia del tradicional guiso de abuela.

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Pescado azul: “Stromboli, tierra de dios” (1950, Roberto Rossellini): Ingrid Bergman, al seguir a su amado Rossellini hasta los dominios patrios de su cinematografía, se empapó de los hábitos italianos con la misma aplicación que Karin, su personaje en el primer film que rodaron juntos. Sustituta de la inicialmente prevista Anna Magnani, que se fue a rodar “Vulcano” (1950, William Dieterle), Bergman dotó a la joven esposa del pescador Antonio (Mario Vitale) de una fragilidad muy conveniente en contraste con la rudeza del paisaje volcánico. La secuencia que recrea la pesca de los atunes, cuyo ritmo marcan los arpones contra la carne y la espuma bajo las colas en uve, fue, aparte de la más recordada, la que mejor representa ese lazo cultural y el equilibrio entre el argumento pedregoso de “Europa 1951″ (1952) y la ternura taciturna de “Te querré siempre” (1954).

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Verduras: “Ratatouille” (2007, Brad Bird): Se burla el refranero español de que de un cólico de acelgas, nunca murió rey ni reina, y de un cólico de vino y espinacas no se muere ningún Papa. Las hojas verdes son en el fondo de alacena lo que una camiseta blanca al fondo de armario: sencillas e impersonales, las verduras y hortalizas se convierten bajo las patas de Remy, protagonista del penúltimo clásico Pixar, en la base de una sinfonía de improvisación que conquista, vía proustiana, al más exigente de los sibaritas. Algunos podrían achacar en contra de la cinta su facilona recurrencia al tópico en la misma medida que lo hizo “American cuisine”, pero Bird experimenta con esos lugares comunes para emplatar con poderoso atractivo y festín de ritmo cartoon lo que Hitchcock definía como uso dramático de los elementos locales: el chocolate suizo, los molinos holandeses, los precipicios alpinos y… la cocina francesa. Nuestro cine, en cambio, ha tardado en imitar el truco y corregir la práctica de las verduras como feo MacGuffin: “Cara de acelga” (1987, José Sacristán), o “Mi hijo no es lo que parece (Acelgas con champán y mucha música)” (1974, Angelino Fons).

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Fruta: “Naranjas silvestres” (1924, King Vidor): Sabemos que las naranjas valencianas tienen muchísimo más valor, pero es en este frutal de Florida donde los beneficios de una dieta moderada se pisotearon por completo. En clara tendencia a practicar la tragedia teatral como superación de los vaudevilles y comedietas de época, Vidor imitó las violentas historias pobladas de personajes enajenados de Erich von Stroheim y Victor Sjöström en esta película menor dentro de su filmografía. Exacerbada al exponer el conflicto de una joven (Virginia Valli) enamorada del forastero, un hombre oprimido por la culpa (Frank Mayo), que puede salvarla del acoso de un criminal que ronda las inmediaciones, “Naranjas silvestres” garantiza el regusto amargo, por activa y pasiva, de un cineasta acostumbrado a sacar el jugo más dulce de cada escena, incluso de la tristona vida sepia que asolaba a Dorothy en Kansas.

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Aceite de oliva: “El aceite de la vida” (1992, George Miller): No existiría dieta mediterránea si ninguna sartén y ensalada pudiesen aliñarse con el llamado oro líquido. Símbolo indiscutible de las gastronomías europeas del sur y de los secos paisajes sembrados de olivos, el aceite de oliva es la grasa milagrosa, como bien descubrió el matrimonio Odone en este lacrimógeno largometraje que recreaba el caso real de Lorenzo, un niño afectado de una rara enfermedad cerebral, el ALD o adrenoleucodistrofia. Nick Nolte y Susan Sarandon, en la piel de los sufridos padres, buscaban una cura ante la resignación de los médicos, y la encontraban, parcialmente, en un compuesto con base de este aceite. Los innegables beneficios del ingrediente también los defendió a capa y espada, sin rozar las cotas melodramáticas del film de Miller, el cocinero marsellés de “La cuisine au beurre” (1963, Gilles Grangier), quien para recuperar a su esposa, enamorada de un cocinero nórdico especialista en platillos con mantequilla, debía intentar destacarse gracias a la excelencias del aceite de oliva.

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Dulce esporádico: “El hijo de la novia” (2001, Juan José Campanella): En lo más alto de la pirámide nutricional, emulando los dulces prohibidos a los niños en las repisas superiores, se encuentra el plato favorito de la mayor parte de la humanidad: cualquiera acompañado de azúcar, chocolate, café o sustancias recomendadas en dosis pequeñas de las que uno nunca llega a disfrutar lo suficiente. Campanella consiguió ese propósito en su primer éxito fuera de fronteras argentinas, un tiramisú con varias capas de dulzores que podían combinar lo emotivo y lo empalagoso. Nino Belvedere (Héctor Alterio) intentaba consolar a su hijo Rafael (Ricardo Darín) con su vieja receta de este postre italiano apto sólo para ocasiones especiales. “El hijo de la novia” fue el bocado apetitoso con que se dio un homenaje el público español antes de cansarse de comedias argentinas y de que continuase creciendo el imperio de los multicines con diversas tácticas para incentivar el consumo de palomitas. Como el restaurante de los Belvedere, la dieta mediterránea, también en los cines, está a punto de claudicar.

En las imágenes: Fotograma de “Dieta mediterránea” © 2009 Alta Classics. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Arroz amargo” © 1949 Lux Films. Todos los derechos reservados. Fotograma de “American cuisine” © 1998 Les Films Balenciaga, M6 Films y PolyGram Audiovisuel. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Stromboli, tierra de dios” © 1950 Berit Films y RKO Radio Pictures. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Ratatouille” © 2007 Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados. Fragmento del póster de “Naranjas silvestres” © 1924 Goldwyn Pictures Corporation. Todos los derechos reservados. Y fotograma de “La cuisine au beurre” © 1963 Agnes Delahaie Productions, Dear Film Produzione y Les Films Corona. Todos los derechos reservados.

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1 - LaButaca.net » Opinión de cine - 17:46 - 10.02.09

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