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“Cómo robar un millón y…” ser feliz en el intento

Escrito por el 25.01.08 a las 13:42
Archivado en: Años 60, Comedia, Críticas, Hollywood

Suele decirse que hay películas y películas. Pues razón lleva la frase: hay comedias que sacuden la sonrisa y comedias que roban la adhesión. Esa peculiar actitud carece de una universalidad estricta –o casi, quien no se ría viendo “Con faldas y a lo loco” (1959), aunque sea la vigésima vez, que se lo haga mirar–, de modo que cada cual tiene su propia lista de cintas criminales que un día le asaltaron por sorpresa para no devolverle aquello que se llevaron. “Cómo robar un millón y…” (1966) me sustrajo en su momento una tarde escéptica que concluyó en una sensación de indescriptible bienestar. Los sospechosos: un director de excelentes melodramas y dramones como William Wyler dando el salto al humor, terreno que no frecuentaba desde los años 30 –no considero a “Vacaciones en Roma” (1953) una comedia en sentido estricto, y me hace mucha más gracia ver a “Jezabel” (1938) haciéndoselas pasar canutas con su vestido rojo a Henry Fonda–; una circunstancia así suele traducirse en esa ligereza sabia de quien ha contemplado todo lo perverso en el ser humano.

 

Los actores: la fetiche Audrey Hepburn, capaz como pocas de lanzar cuchillos estratégicos tras la fachada ingenua de sus ojos de cierva, y un ¿galán? Peter O’Toole, que venía de rodar “¿Qué tal, Pussycat?” (1965) donde su tocayo Sellers lo eclipsaba de tanto en cuanto. A la pobre Hepburn casi siempre le colgaban partenaires sin química visual –¿Humphrey Bogart, Burt Lancaster, achacosos Cary Grant y Gary Cooper…?–, pero su aspecto juvenil parecía complementarse con la edad de sus compañeros, como si verla demasiado tiempo en pantalla junto a William Holden requiriese de gafas protectoras ante la brillante radiación de la pareja. Algo parecido sucede en esta historia, cuyo ritmo se beneficia de la dialéctica entre una niña rica, Nicole (Hepburn), y un dandy de intenciones poco honestas y guante blanco, Simon Dermott (O’Toole). El caos debido a la superposición de engaños y fraudulencias, en el más puro estilo screwball, se reviste de unas galas elegantes, conversaciones sutiles y escenarios de lujo, que debían lucir unos actores de tanto caché –sus aires ingleses imprimían en el protagonista de “Lawrence de Arabia” (1962) una etiqueta aristocrática imposible de disimular con andrajos–.

 

Nicole, haciendo justicia a la idiosincrasia general de los personajes de la Hepburn, sacrifica todo decoro por entremezclarse en asuntos que no le conciernen, por defender a la familia –siempre ella y el padre– aunque eso suponga aprender el oficio de ladrona. En realidad no hay millón en sí que robar ni suspense de complejas cajas fuertes: el objeto del delito es una simple estatua, para más inri, falsa. El encanto de esta película absurda –que si peca de algo es de un exagerado metraje sobrevenido por los tropiezos, silencios y escondites del asalto al museo– nace, precisamente, de lo vacuo de la acción en sí, un robo sin sentido económico, más torpe que la manera en que ambos protagonistas terminan percibiendo que algo les falta. Sólo una comedia sobre robos sentimentales podía hablar de algo tan serio como el sacrificio que supone reconocer, maldita sea, que uno se olvidó de activar el sistema de seguridad y se ha enamorado.

En las imágenes: Imágenes promocionales de “Cómo robar un millón y…” – Copyright © 1966 World Wide Productions. Todos los derechos reservados.

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4 - Joaquín R. Fernández - 14:59 - 29.01.08

Sí, sí, Almudena, cuando tengas tiempo no te olvides de las colaboraciones de Bette Davis y William Wyler.



3 - Almudena Muñoz Pérez - 14:42 - 29.01.08

Vivan los fans de Wyler!! Sería que los franceses carecían del sentido del humor suficiente para ver más allá de las tramas novelescas (aunque me parece recordar que André Bazin no despotricaba tanto de él, pero no lo digo con mucha seguridad). Hay que dedicar algún artículo a su trilogía de la bruja Bette ya!!



2 - Miguel Laviña Guallart - 22:03 - 28.01.08

Me uno a la admiración por William Wyler! En aquel momento en Francia al tiempo que se reivindicaba a Howard Hawks o Hitchcock (que no nada mal), se denostaron directores del prestigio de Wyler o George Stevens… el tiempo ha demostrado que todos tienen su sitio.
Hoy día es impresionante revisar la cantidad de clásicos que firmó Wyler.

Y la elegancia de la pareja Hepburn-O´Toole, inigualable.
Saludos!



1 - Joaquín R. Fernández - 2:16 - 27.01.08

¡Magnífico artículo! (eso sí, he de reconocer que soy un auténtico entusiasta de William Wyler, un cineasta que fue maltratado por la crítica francesa de décadas pasadas y ahora muchos lo consideran un mero artesano).



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