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“Conspiración de silencio”: El peso de la atmósfera

Años 50

“Conspiración de silencio”: El peso de la atmósfera

En un film convencional, es decir, una narración en imágenes de una historia ficticia, el elemento más importante, desde un punto de vista objetivo, es la historia, el argumento. Todo lo demás cuenta, y mucho, pero no deja de ser un conjunto variable de elementos accesorios si los situamos bajo el prisma de su relación con la historia —o, al menos, así debería ser desde la ortodoxia narrativa—. Afortunadamente, no todos los films son convencionales ni se atienen a la ortodoxia narrativa. “Conspiración de silencio” (“Bad day at Black Rock”, 1955) sí lo es, y sí se atiene, pero, aún así, se trata de una película en la que si hay algo que pesa más que la propia acción que en ella se despliega —una acción vibrante, tensa, angustiosa y desarrollada a un ritmo que conjuga magistralmente vivacidad de fondo con quietud de superficie—, o que los actores que encarnan sus roles principales —un elenco de auténtico lujo; apunten, apunten: Spencer Tracy, Robert Ryan, Ernest Borgnine, Lee Marvin, Walter Brennan…— es la atmósfera.

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Una atmósfera que se logra a base de combinar la desolación y claridad de los espacios exteriores —ominosos en su inmensidad desértica, bajo un cielo de un azul al que el Cinemascope da un realce tremendo— con la oscuridad y estrechez de unos interiores (el hall del hotel, el bar, el despacho del sheriff) en los que las situaciones se hacen opresivas por la mera falta de espacio para respirar. Y el tempo, cómo no. Un tempo moroso, en el que cada movimiento, medido y sopesado, contribuye a ahondar en la incertidumbre, más que a desvelarla, en una progresión que no se romperá hasta el clímax final, y que nos remite, de forma casi automática, a un referente mil veces nombrado, como es la legendaria “Solo ante el peligro” (“High noon”, 1952). Aquí no hay cuenta atrás, pero tampoco es necesaria: el tiempo se hace presente sin necesidad de relojes. Ni de Gary Cooper. Spencer Tracy, en su versión añejada (y magistral), da la talla sobradamente. ¿Conclusión? Una obra maestra. No la dejen escapar.

En la imagen: Fotograma de “Conspiración de silencio” – Copyright © 1955 Metro-Goldwyn-Mayer. Todos los derechos reservados.

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