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Desmitificando “Casablanca”: 65 años de lumbago

Años 40

Desmitificando “Casablanca”: 65 años de lumbago

Lumbago, sí, el de décadas y décadas de reverencias que ahora nos tiran directamente al suelo con motivo del 65 aniversario de la película. Para añadir más leña al asunto, va el Instituto Americano del Cine y la sitúa a la cabeza de las mayores pasiones jamás rodadas. Habría que fijarse en cuáles vienen por detrás, a saber: “Love Story” (1970) –ejem–, “Tú y yo” (1957) –ejem, ejem–, “Tal como éramos” (1973) –¡detengan la lista!–. Por supuesto, también se le reconocen honrosas compañeras como “Luces de la ciudad” (1931), “Vacaciones en Roma” (1953) o “Lo que el viento se llevó” (1939); pero, ¿cuál es el motivo que derrota a los campos de algodón, la Bocca della Veritá, los paseos en trineo, el Empire State y los cambios de peinado de Barbra Streisand?

¿Por qué sigue hechizando un romance de folletín en un contexto ya de cartón piedra? ¿Por qué le perdonamos el «¿Son las bombas o los latidos de mi corazón?» que a cualquier otra película le bastaría para lincharla? Una obra maestra de chiripa, un panfleto propagandístico cubierto con unas capas amatorias bien lustrosas, unos pinchazos continuos y traicioneros a los puntos débiles de todo espectador: las oportunidades perdidas, la autocompasión, el miedo, la renuncia, los recuerdos. Y, encima, mal engarzados, con rupturas cantosas de puntos de vista. Rick Blaine (Humphrey Bogart) sentado en su cueva mientras fuma, en aquella época donde no parecía inmoral –el Rick’s Café Américain trazaba un descenso, un enclave de huida del exterior que sólo se conocía por rumores de guerra y las sombras de los coches en la ventana–.

 

Una bruma falsísima lo rodea y allá que estamos en París, bandera y Marsellesa de fondo, y entonces… entonces… Entonces nos enamoramos, porque todo es una ñoñería, pero en el cine uno se puede permitir esos tropiezos que en la vida real se escaquean entre las junturas de las baldosas; y un piano se convierte en el guardián del pasado y el futuro, de las canciones y los visados, e Ingrid Bergman se pasea lánguida bajo los ventiladores, y Bogie pone de moda la gabardina cruzada, y Peter Lorre corretea añadiendo suspense a la trama, y el licor es amargo, y las noches aún más, y suenan unos motores que en realidad se han escuchado siempre, desde el comienzo de un romance abstraído, y las sombras van a las sombras, y al final… al final… Al final no me ha salido desmitificar “Casablanca”. Por algo será. Felices bodas de platino.

En las imágenes: Fotogramas de “Casablanca” – Copyright © 1942 Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

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