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“Duplicity” y doblete de reyes: Clive Owen & Julia Roberts

¿Juegan malas pasadas los nombres de Clive Owen y Owen Wilson ? En “Duplicity” (Tony Gilroy, 2009) hay que pronunciar Clive Owen, el británico morenazo de ojos verdes que desde su salto al gran público con 40 años y la serie de spots para BMW es un nombre frecuente en las listas de los hombres más sexis del planeta. Y su compañera en la ficción es Julia Roberts, la eterna novia de América que decidió retirarse a medias de la gran pantalla y dedicarse a su familia justo al mismo tiempo en que Owen empezaba a despuntar. Ahora Tony Gilroy, guionista de la serie Bourne y debutante en la aplaudida “Michael Clayton” (2007), los reúne de nuevo con envidiable química en esta comedia de espionaje con aroma a Hitchcock y Norman Jewison que se estrena en primicia en nuestro país, dos días antes de que lo haga en Estados Unidos.

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El toma y daca entre cómplice y desconfiante que se ofrendan como pareja en “Duplicity” tendría una de sus bazas en cierto trato de cortesía real: si la carrera de Julia Roberts se desdobla en dos trayectorias muy diferentes con su Oscar® a la Mejor Actriz por “Erin Brockovich” (Steven Soderbergh, 2000) a modo de bisagra, Clive Owen no tuvo que esperar a que sus rasgos fuesen identificables por cualquier Vogue-adicta para trabajar con los realizadores más demandados. Qué alumno recién graduado de la escuela de cine no querría imprimir un currículum atiborrado con los apellidos de John Frankenheimer, Ang Lee, Wong Kar-Wai, Alejandro González Iñárritu, Guy Ritchie, John Woo, Tony Scott y Joe Carnahan… y demostrar con un simple telefonazo que tan elevadas referencias son auténticas. Pero antes de esa gloriosa serie de ocho anuncios publicitarios Owen tuvo que soportar dos décadas de espera, las mismas que la actriz de Georgia en su inimaginable ascenso al Oscar®.

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La amante de los animales metida a periodista picó el anzuelo de la fama a través de su hermano Eric —visto recientemente en la serie “Héroes” o en “El caballero oscuro” (Christopher Nolan, 2008)—, después de que él se convirtiese en presencia habitual de cintas protagonizadas por importantes nombres, como Jon Voight o Mickey Rourke. Los hermanos no coincidieron en plató, y sería la última vez, hasta “Blood red” (Peter Masterson, 1989), pues antes Julia se estrenaría en dos películas que marcarían el corte de su filmografía: las románticas y muy adolescentes “Satisfacción” (Joan Freeman, 1988) y “Mystic Pizza” (Donald Petrie, 1988). Aquel mismo año Clive Owen debutaba con “Vroom” (Beeban Kidron), primer atisbo de que su formación en la Royal Academy no iba a encontrar de buenas a primeras un equivalente de igual categoría, pero el dicho impide a uno ser afortunado en el juego si ya lo es en amores —en uno de esos raros casos para la farándula, desde 1988 hasta hoy vive con la también actriz Sarah-Jane Fenton—.

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Julia pisó brevemente la televisión en “Corrupción en Miami” (1984-1989) y “Baja Oklahoma” (1984) antes de consolidarse en el medio cinematográfico, a la inversa de su colega británico, a quien aguardaba el estrellato del formato PAL gracias a la serie “Chancer” (1990-1991). Después de ésta, y convertido ya en una celebridad británica, Owen continuó encadenando proyectos televisivos con esporádicas escapadas a la gran pantalla, películas patrias con algún actor de relumbrón —Alan Rickman en “Con mis ojos cerrados” (Stephen Poliakoff, 1991) o Ian McKellen en “Bent” (Sean Mathias, 1997)— y tonterías USA empleadas como trampolín por él y otras estrellas en alza tipo Halle Berry —“Ambición peligrosa” (Amy Holden Jones, 1996)—. Por el contrario, el lanzamiento de Julia Roberts hacia la galaxia hollywoodiense no pudo ser más brillante —en términos cuantitativos— gracias al nutrido reparto femenino de “Magnolias de acero” (Herbert Ross, 1989) y el papel de Cenicienta prostituta en “Pretty Woman” (Garry Marshall, 1990), film que además ostenta el rango del mayor número de pases televisivos con exitosos niveles de audiencia y de fans que continúan mencionándolo como su título de cabecera.

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Un par de concursantes del “Un, dos, tres” ganarían más puntos encadenando películas de Julia Roberts en los noventa que escarbando en la filmografía de Clive Owen, anclada en tv movies y más series del Reino Unido, como “Sharman” (1996). Los maliciosos podrían argumentar en defensa del actor que las primeras elecciones de Julia no se correspondieron con la cobertura expectante y admirativa de la prensa: incómoda con las fáciles satisfacciones de la comedia romántica y sus previsibles taquillazos, incluyó en su cartera laboral, cada vez con mayor frecuencia, roles dramáticos que la ascendiesen un poco por encima de la otra reina del chick flick, Meg Ryan. Julia Roberts podía presumir de soberanía, pero no de la que ella codiciaba. Sus intentonas serias perviven como ajadas cintas de videoclub: “Durmiendo con su enemigo” (Joseph Ruben, 1991), “El informe pelícano” (Alan J. Pakula, 1993), “Conspiración” (Richard Donner, 1997) y “Quédate a mi lado” (Chris Columbus, 1998), aunque muchos prefieran una maratón de las cuatro antes que un festival de tropiezos aderezado con su escandalosa risa.

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Carcajadas las que quiso provocar Clive Owen en “Flower power: como una regadera” (Joel Hershman, 2000), la primera comedia de su historial después de haberse graduado en papeles de detective y tipo duro en la pequeña pantalla y cintas criminales como “Croupier” (Mike Hodges, 1998). Sus rasgos pétreos y su sonrisa helada quizá hayan aprendido a dulcificarse en sus colaboraciones con Julia Roberts, toda una experta en conquistar desde las lágrimas —“Elegir un amor” (Joel Schumacher, 1991), “Algo de que hablar” (Lasse Hallström, 1995)—, a hombres maduros —Nick Nolte en “Me gustan los líos” (Charles Shyer, 1994), a la caza de una comedia similar a las de su adorada Katharine Hepburn; John Malkovich en “Mary Reilly” (Stephen Frears, 1996), Liam Neeson en “Michael Collins” (Neil Jordan, 1996), y Woody Allen en “Todos dicen I love you” (1996)—, y hombres diez veces más grandes que ella —su Campanilla de “Hook” (Steven Spielberg, 1991)—. Tras comprobar que un director intelectual no iba a prestarle mejores comedias —“Prêt-à-Porter” (Robert Altman, 1994)—, Julia rodó su trilogía de oro, formada por la copiadísima “La boda de mi mejor amigo” (P.J. Hogan, 1997), la notable “Notting Hill” (Roger Michell, 1999) y el reencuentro con su Richard Gere en “Novia a la fuga” (Marshall, 1999).

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Poco después Clive Owen probó una estrategia similar: unir lo que mejor se le daba, el crimen —exclusivamente fílmico, por supuesto—, con la comedia en la que afloraba su lado más acartonado, y el producto final fue “Gosford Park” (2001), una cinta decente del mismo Altman que había defraudado a Julia Roberts. Cual bestia verde, Owen explotó dentro de su traje de mayordomo sobre el que planea una sospecha de asesinato para embutirse en sus galas favoritas: si no pudo ser James Bond, por lo menos sí dar buenas zurras a su versión del siglo XXI, Jason Bourne, en la primera entrega de la trilogía, “El caso Bourne” (Doug Liman, 2001). Mientras Owen irrumpía con ruido y furia en Hollywood mediante esa estupenda saga, Julia Roberts paseaba su reciente Oscar® por un decepcionante Gore Verbinski —“The mexican” (2001), que arrancó chispazos junto a Brad Pitt—, romances bostezantes —“La pareja del año” (Joe Roth, 2001), “La sonrisa de Mona Lisa” (Mike Newell, 2003)—, el marciano debut en la dirección de George Clooney —“Confesiones de una mente peligrosa” (2002)— y lo mejor —las dos primeras entregas de la cuadrilla Ocean— y lo peor —“Full Frontal” (2002)— de Soderbergh, su amuleto de la suerte.

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En 1997 Clive Owen ya había declamado en escena las líneas de “Closer”, de Patrick Marber, y para su adaptación en 2004 a cargo de Mike Nichols cambió de rol y fue el rudo y desconcertante Larry que conoce a Anna en un acuario. Anna era Julia Roberts y la química entre ambos freía con patatas las rabietas de Jude Law y Natalie Portman. Owen se había entrenado para el drama en las escenas más calmadas de las adrenalínicas “Fuera de control” (Hodges, 2003), “Amar peligrosamente” (Martin Campbell, 2003) y “El rey Arturo” (Antoine Fuqua, 200). Desde entonces lo hemos visto filtrear o avasallar sin prolegómenos a las mujeres de “Sin control (Derailed)” (Mikael HÃ¥fström, 2005) —en la que coincidió con Jennifer Aniston, que estrena película esta semana, quien a su vez se cruzó con Julia en un memorable capítulo de “Friends”—, “Sin City” (Robert Rodriguez, 200), “Plan oculto” (Spike Lee, 200), “Hijos de los hombres” (Alfonso Cuarón, 2006), “Shoot ‘em up” (Michael Davis, 2007) y “Elizabeth: La Edad de Oro” (Shekhar Kapur, 2007), donde lució como pirata Raleigh y más apuesto que nunca.

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El encontronazo falseado con Catherine Zeta-Jones en “Ocean’s Twelve” (2004) afianzó el divismo de una Julia Roberts poco asidua a los estrenos y más pendiente de elecciones de corte infantil —los doblajes de “Ant Bully, bienvenido al hormiguero” (John A. Davis, 2006) y “La telaraña de Carlota” (Gary Winick, 2006)— y en apoyar la carrera de su joven sobrina Emma Roberts —actuaron juntas en “El gran campeón” (Barry Tubb, 2002) y ahora puede comprobarse si posee el talento de su tía en “Hotel para perros” (2008)—. El regreso a lo grande en “La guerra de Charlie Wilson” (Nichols, 2007) no precedió a un relanzamiento de su carrera, reducida a la aquí inédita “Luciérnagas en el jardín” (Dennis Lee, 2008) y la preparación de “The friday night knitting club”. De lujo puede calificarse, pues, la cita entre ella y un Clive Owen que vuelve a perder las armas antes de que lo volvamos a ver serio y malote en “The international: Dinero en la sombra” (Tom Tykwer, 2009) y las anunciadas secuelas de “Sin City” y “Plan oculto”, o llorar en el drama de Scott Hicks “The boys are back in town” (2009).

En las imágenes, fotogramas de: “Duplicity” © 2009 Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados. “Vroom” © 1988 British Screen Finance Ltd. y Film Four International. Todos los derechos reservados. “Pretty woman” © 1990 Silver Screen Partners IV y Touchstone Pictures. Todos los derechos reservados. “Hook” © 1991 Amblin Entertainment y TriStar Pictures. Todos los derechos reservados. “Con mis ojos cerrados” © 1991 Beambright y Channel Four Films. Todos los derechos reservados. “Bent” © 1997 Arts Council of England, Ask Kodansha Company Ltd., Channel Four Films y NDF Inc.. Todos los derechos reservados. “Michael Collins” © 1996 Warner Bros. Pictures y Geffen Pictures. Todos los derechos reservados. “Erin Brockovich” © 2000 Jersey Films. Todos los derechos reservados. “El caso Bourne” © 2002 Universal Pictures. Todos los derechos reservados. “Gosford Park” © 2002 USA Films, Capitol Films, Film Council, Sandcastle 5, Chicagofilms y Medusa Films. Todos los derechos reservados. “Ocean’s eleven” © 2001 Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados. “Closer” © 2004 Columbia TriStar Films. Todos los derechos reservados. “The boys are back in town”  © 2009 Australian Film Finance Corporation (AFFC), Southern Light Films y Tiger Aspect Productions.  Todos los derechos reservados. Y “Luciérnagas en el jardín” © 2008 Wide Pictures y Filmax. Todos los derechos reservados.

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3 - NELSON RICARDO BENAVIDES E - 18:42 - 26.03.09

julia roberts es una estrella fugaz su proxima pelicula va ahacer un exito en taquilla mucha suerte ala actriz estapelicula seve muy interesante buen tema tratado el espionje nunca pasa de moda



2 - LaButaca.net » Opinión de cine - 17:06 - 24.03.09

“Duplicity”: Un cóctel de ingredientes que no termina de cuajar…

Alicientes no le faltan, pero la vertiente del espionaje choca con el peaje de tener que dar a la pareja protagonista —Julia Roberts y Clive Owen— la importancia requerida en el metraje, lo cual acaba teniendo efectos contraproducentes. 
Acudir al…



1 - Miguel A. Delgado - 11:00 - 21.03.09

La verdad es que es curioso el caso de Julia Roberts: es una verdadera estrella, pero lo cierto es que abundan más en su filmografía las películas olvidables que las dignas de recuerdo.

Un saludo!



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