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«Duro de pelar»: Get that monkey off my back

Acción

«Duro de pelar»: Get that monkey off my back

Por dios, no es una canción de una tal Rebeca, es Clint Dirty Eastwood antes de rodar –por otra parte, magníficos– dramas. Adelantándose a las modas, como corresponde a una bien cultivada chulería, el actor dio la mano a un orangután que se bamboleaba con más salero que toda la tropa de perros policía y mascotas detectivescas que vendrían en los años noventa. Una película simplona, modesta y de burdo corte, no por ello menos divertida, eficaz y entrañable. Eastwood era el tipo del título, Philo Beddoe, quizá un referente iluso del desencanto de «Bronco Billy» (1980), otro personaje curtido en el optimismo de quien no se doblega ante ningún puñetazo ni insulto de asfalto recalentado. Philo se gana la vida repartiendo mamporros en peleas organizadas en las que sabe juega con ventaja. Su altura, su férreo gancho, su mirada callaviejas y su autoconfianza bastan para que su mejor amigo (Geoffrey Lewis) abra y finalice peleas con un rápido giro de visera. La desgracia es que tenga que fijarse en una escuálida y gesticulante cantante de country (Sondra Locke), y hasta el final no podamos adivinar cuál es el motivo de tan insulsa y equívoca fijación. A Philo no había quien le tumbase, pero dentro latía un espíritu noble que podía desactivar las alambradas ante las tortas rabiosas de una mujer o el orgullo del camorrista que tras sus cacareos esconde la defensa del clan.

¿Y qué pinta el mono en todo esto? Aparte de asegurar la simpatía continua por su dueño y revolucionar el negocio de las tiendas de animales, diferencia a unos personajes humanos de otros con su actitud simiesca e infantil. Clyde, tal es su nombre, es un amo de la furgoneta, que bebe cerveza cuando quiere y detiene el trayecto en el zoo más cercano para un escarceo con su Bonnie particular. La mascota perfecta, que hace sus necesidades en casa de mamá, se limpia solo, se autoabastece, te saca de algún apuro, y si no, lo compensa derrochando abrazos y besos. Además te detona la trama cuando una panda de motoristas, las Viudas Negras, persigue a Philo hasta donde haga falta para vengar una inocente trifulca de cafetería de carretera. Si después la policía se suma a la persecución y en el punto de destino se descubre que el tío al que pretendía partir la cara no es competencia –las pintas de sarasa setentero nunca mienten–, normal que el mono sea el último resquicio de compostura en esas tierras áridas y salvajes del oeste de Estados Unidos. Philo Beddoe pervive como la última alma inocente, armada de puños porque es la única forma de comunicación posible con semejantes vecinos, herederos del feo y el malo mientras el bueno ha olvidado el silbido de guerra, pero no la señal de la civilización.

En la imagen: Fotograma de «Duro de pelar» – Copyright ©  1978 The Malpaso Company. Todos los derechos reservados.

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