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“El árbol de la vida”: Terrence Malick, el poeta de las imágenes

Escrito por el 11.08.11 a las 14:49
Archivado en: Cine americano, Drama

Más allá de leyendas fundadas en el mediatismo, allí donde acaba el aura de cineastas que se encargan de airear su propia condición de mito, hay un director huraño, reservado, poco prolífico y siempre alejado de lo público al que sí pertenece la distinción de maestro y poeta de las imágenes. Su cine va a otra velocidad, contempla el mundo y hasta el universo desde un convencido panteísmo, dejando que el plano respire tanto como sea necesario hasta que la maravilla alcance al espectador como un rayo de sol que se abre paso entre las hojas de un árbol. Si en las últimas décadas hay una filmografía que haya explorado con paciencia y puridad las posibilidades poéticas de la cámara para con todo lo que le rodea, esa es la de Terrence Malick.

No es de extrañar que, cuando “El árbol de la vida” (ver tráiler) fue premiada con la Palma de Oro en el Festival de Cannes por el jurado que presidía Robert De Niro, fuera su productor, Bill Pohlad, quien recogiera el galardón en nombre del director. El rechazo del realizador a aparecer públicamente en festivales y actos de promoción es otro de los factores que han alimentado el misterio en torno a su figura en los últimos 30 años. De hecho, no son muchas las imágenes que se pueden hallar de él a lo largo de todas esas décadas, casi tan receloso como un Chris Marker a la hora de dejar que su autoría se identifique con un rostro. Sin embargo, Malick sí puede ser visto, excepcionalmente, en su propio cine: en una escena de “Malas tierras” (1973), mientras Kit (Martin Sheen) y Holly (Sissy Spacek) asaltan y ocupan la casa de un hombre rico, un visitante llama a la puerta y Kit acaba por disuadirle de que se vaya.

Se dice que ese breve papel, en principio destinado a otro actor, tuvo que acabar desempeñándolo el propio realizador por falta de recursos. La imagen de Terrence Malick mirando con cierta desconfianza a Martin Sheen, enfundado en un traje gris, corbata y un sombrero blanco, sería el raro momento que precedía a años de enclaustramiento público y de su imagen, hasta el punto de que el cineasta prefiere no mostrarse en los making of de sus películas y delegar la voz cantante en su equipo artístico y sus productores.

“Malas tierras” fue, precisamente, su debut en largo tras la cámara en el año 1973. Unos años antes, en 1969, Malick había filmado como estudiante del AFI (American Film Institute) “Lanton Mills”, un cortometraje con Warren Oates y Harry Dean Stanton no distribuido y, por tanto, prácticamente imposible de encontrar. “Malas tierras”, rodada sin apenas presupuesto, contaba la historia de Kit y Holly, pareja de asesinos en serie y fugitivos en los años 50, herederos de Annie Laurie Starr (Peggy Cummins) y Barton Tare (John Dall) en “El demonio de las armas” (Joseph H. Lewis, 1950) y de Bonnie Parker (Faye Dunaway) y Clyde Barrow (Warren Beatty) en “Bonnie y Clyde” (Arthur Penn, 1967).

Precisamente dedicada a Arthur Penn, el enfoque de “Malas tierras” sobre su polémico tándem protagonista distaba de significar cualquier valoración moral o condena hacia este. Malick observaba el viaje hacia un horizonte nunca definido de una adolescente en plena inocencia y un joven que apenas entiende su propia manera de actuar y sus daños colaterales, más allá de remarcar a la menor ocasión su parecido con James Dean. En aquella primera película, la melodía inolvidable de Carl Orff ya subrayaba bellísimas imágenes de la pareja deambulando por una naturaleza salvaje, pero en última instancia también prisión de anhelos y promesas de amor eterno. El final de ese viaje y de ese amor, final espontáneo y por tanto doloroso, es también donde empieza una Norteamérica que despierta idolatrías casi irracionales hacia sus figuras más violentas y les confiere estatus de héroes al margen de la ley.

“Días del cielo” (1978), cinco años después, marcaba la segunda obra maestra de Malick en una década. Una película más ensimismada, menos narrativa que su predecesora, más sensible si cabe y más gobernada por la contemplación de paisajes, aquí fotografiados por Néstor Almendros y bendecidos por una de las mejores partituras de Ennio Morricone. Ambientada en 1916, el filme contaba la historia de Bill (Richard Gere), un trabajador de Chicago que, tras matar a su jefe, huye hacia el sur con su novia Abby (Brooke Adams) y la hermana de esta, Linda (Linda Manz). Allí encuentran trabajo estacional para un rico granjero que padece de una enfermedad terminal (Sam Shepard), y Bill empuja a Linda a establecer una relación con él mientras ellos se hacen pasar por hermanos, dando pie a un triángulo amoroso de dramáticas consecuencias. No obstante, el relato de amor trágico queda, en “Días del cielo”, casi soterrado, abandonado al ensimismamiento de una imagen que a menudo parece identificar en la cámara el punto de vista de una deidad que mira lo minúsculo de ese triángulo fatal entre la inmensidad de los lagos, los campos de trigo y una naturaleza pletórica de belleza triste, melancólica.

Tras “Días del cielo”, Malick se embarcó en el proyecto “Q”, su proyecto más ambicioso. “Q” estaba destinada a explorar los orígenes de la vida y la Tierra, a llevar a nuevos límites la abstracción en la observación de ese mundo tan pequeño, lleno de historias tan pequeñas. Sin embargo, cuando ya se había empezado a rodar material de diversos paisajes naturales, Malick abandonó el proyecto y también la dirección durante los siguientes 20 años, un hecho que, por supuesto, ayudaría a consolidar su fama de genio huidizo, huraño. En 1998, su vuelta a la dirección la marcaba una adaptación sobre James Jones que se traduciría en “La delgada línea roja” (1998), pura elegía en medio del campo de batalla que narraba la Campaña de Guadalcanal, en el frente Pacífico de la Segunda Guerra Mundial. El regreso de Malick tras las cámaras adquirió la talla de acontecimiento en la industria del cine, uno del que no pocos actores querían participar. El reparto final de “La delgada línea roja” incluyó a Jim Caviezel, Sean Penn, Elias Koteas, Ben Chaplin, John Cusack, Adrien Brody, Nick Nolte, John C. Reilly, George Clooney y Woody Harrelson, entre otros.

La película, de casi tres horas de duración, llevaba hasta un extremo experimental el cruce de las voces en off y la alternancia de la guerra “colectiva” con las historias individuales, soldados que deambulaban abstraídos y pensantes en una selva polinésica plagada de belleza y muerte. La metáfora más sutil, quizá también la más poderosa del cine de Malick, se encuentra en el último plano de una película de nuevo redonda, tristemente despreciada en unos Premios Oscars® —siete candidaturas, ningún galardón— que prefirieron premiar la de largo más intrascendente  “Shakespeare in love (Shakespeare enamorado)” (John Madden, 1998).

“El nuevo mundo” (2005), al igual que “La delgada línea roja”, también hablaba de la intromisión y el impacto humano en una naturaleza armónica. En esta ocasión, la excusa argumental era la llegada en 1607 de la Virginia Company a tierras norteamericanas con el objetivo de conquistar el Nuevo Mundo, una crónica que a su vez contenía el famoso romance entre el capitán John Smith (Colin Farrell) y la indígena Pocahontas (Q’Orianka Kilcher). Pero esto, decíamos, era la excusa argumental para un ejercicio de depuración de estilo, en el que Malick afinaba su narración elíptica y en el que Emmanuel Lubezki fotografiaba con inalcanzable esmero cada hoja, cada partícula de luz. “El nuevo mundo” es una película desbordada de sensibilidad en cada uno de sus fotogramas, regida por una eventual banda sonora capaz de puntuar con discreción los sentimientos de sus protagonistas, y, para no variar, poco apreciada en su estreno y revalorizada con el tiempo como uno de los títulos imprescindibles de la pasada década.

Tomando como base el metraje que ya disponía de la inacabada “Q”, en los últimos años Malick ha preparado la que es, hasta la fecha, su película más esperada. Tras postergarse su estreno hasta dos años, las expectativas creadas por el tráiler de “El árbol de la vida” iban más allá de lo soportable, imágenes en el que cada segundo contiene una auténtica pequeña obra maestra que apunta a lo memorable, a la maravilla. Las primeras reacciones en Cannes confirmaban que, en cualquier caso, se trata de un título que dará que hablar durante mucho tiempo: la historia de la vida y del universo, la narrativa totalmente dispersa y guiada vagamente por una suerte de plegaria religiosa, imágenes del espacio exterior, dinosaurios en la superficie de un planeta prematuro, y una familia cualquiera de los años 50 —conformada por Brad Pitt como padre autoritario, Jessica Chastain como la madre dulce y el niño Hunter McCracken, que más tarde será Sean Penn en su versión adulta— que protagoniza esa única parte de la película con cierta narración, algún orden más digerible al espectador reacio a experimentos. Pero precisamente, es su carácter revolucionario, el mismo que tantas alabanzas como abucheos y desconciertos despertó en su primer pase, lo que le hace una de las películas más importantes que pasarán este año por cartelera, independientemente de su mayor o menor éxito tras su estreno el 16 de septiembre.


En las imágenes: Terrence Malick © Fox Searchlight. Todos los derechos reservados. Terrence Malick en “Malas tierras” © 1973 Badlands Company, Jill Jakes Production y Pressman-Williams. Todos los derechos reservados. “Días del cielo” © 1976 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. “La delgada línea roja” © 1998 Fox 2000 Pictures, Geisler-Roberdeau y Phoenix Pictures. Todos los derechos reservados. “El nuevo mundo” © 2005 New Line Cinema, Sunflower Productions, First Foot Films, Sarah Green Film y The Virginia Company. Todos los derechos reservados. “El árbol de la vida” © 2011 River Road Entertainment. Todos los derechos reservados.

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5 - AURA MARTINEZ - 17:31 - 13.01.12

EL AROL DE LA VIDA una pelicula que entiende el sentido del lenguaje cinematografico. WXCEPCIONAL¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡



4 - Rodolfo - 3:38 - 17.10.11

Una obra de arte. Visionarla me emocionó y me dejó sin palabras.



3 - lord therion - 11:25 - 22.09.11

La miel no esta hecha para la boca del asno, dani, :). Ojala la insutria del cine se contagiara mas de estos artistas del celuloide que nos obsequian con algo mas que adrenalina, tetas, algun seudo lloro etc etc. Me encanta ver una pelicula y estar una semana pensando en ella y eso malick lo consigue.



2 - Dani - 9:14 - 19.09.11

Gran película. Puede que el ritmo, el estilo narrativo e incluso el tema no guste al gran público (véase el comentario anterior), pero es inevitable reconocer la belleza auténtica de la película, el lenguaje cinematográfico innovador y las sensaciones que continuamente deja la película, desde las interpretaciones hasta la forma de expresar muchos de los temas (el asomarse a la oscuridad del mal de los muchachos), que hace que esta película se tenga que calificar con algo más que el “me gusta” (o no me gusta) de un penoso comentario de facebook.



1 - Indignado - 23:26 - 17.09.11

No me gusta Terrence Malick, y su cine me parece una puta mierda.



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