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“El dulce porvenir”: La imprevista entrada en la edad glacial

Años 90

“El dulce porvenir”: La imprevista entrada en la edad glacial

Es típica la venganza adulta que pretende mofarse de las narraciones infantiles para así no tener que añorar lo que en el fondo echa de menos. Banalizar la inocencia es un modo de despojarla de su valor, hacerla inútil y poco deseable. Restos de esos tontos bajitos que se creen los cuentos de hadas, o cada vez menos por la contaminación de “Shrek” (2001) y demás ‘animación inteligente’ que juega en la línea que separa dos edades. Sin embargo, a veces los cuentos se rompen de forma abrupta, sin que las risas medien la desmitificación; cuando la nieve que no regenera, que sólo empapa, viene a ablandar las ilustraciones de antaño y a arrancarnos la infancia. Los habitantes de un pequeño pueblo canadiense dormitaban en ese mismo estado hasta que un fatal patinazo hundió a los niños en las aguas heladas del río. Se fueron cantando y riendo, se despidieron de sus padres con alegría y éstos no volvieron a verlos. Atom Egoyan emborrona “El dulce porvenir” (1997) de una población que ha quedado sin futuro, como un Hamelín castigado por el azote justiciero del flautista.

 

La tragedia es que en la vida cotidiana sólo existen las penas desproporcionadas, y el salvador de turno –un abogado interpretado por Ian Holm— salpica con más dolor y trapos sucios un suceso que se escapa de las manos de todos, una trascendencia casi divina si no fuera imposible aferrarse a la fe tras su demolición implacable. La pureza de los paisajes nevados del campo de Canadá ofrece un contraste insoportable con esas muertes fortuitas y limpias, sin rastro de sangre. Con el vestigio de una superviviente, una chica que queda inválida (Sarah Polley) –en relación al niño cojo del cuento de los Hermanos Grimm–. Ella es el resto de esa infancia suprimida, de esa inocencia en silla de ruedas propulsada por las esperanzas de los mayores. Los padres que persiguen a sus hijos como un acto egoísta para recibir a cambio reproches y silencio: el refugio de quien vive en un mundo apagado de risas y correteos, que se desliza con la lentitud de las cortinas en un rellano vacío, donde la espera carece de sentido.

En la imagen: Fotograma de “El dulce porvenir” – Copyright © 1997 Alliance Communications Corporation, Canadian Film, Ego Film Arts, Gort of Canada, The Harold Greenberg Fund., The Movie Network (TMN) y Téléfilm Canada. Distribuida en España por Líder Films. Todos los derechos reservados.

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