Inicio > Reportajes > “El otro”, el yo y el espejo cinematográfico

“El otro”, el yo y el espejo cinematográfico

El mito del otro ha alimentado la imaginación del público desde los anales de la literatura hasta afianzarse en el cine como un argumento universalmente válido y flexible en cuanto al tipo de tono que puede aplicársele. Entendido casi siempre desde una perspectiva psicologista o sociológica, síntoma de los terrores específicos de cada época, el otro es la relectura del yo, el reflejo contrario, el ideal deseado, manifestación positiva o negativa, pero de consecuencias enajenantes; un juego sencillo de dos factores que, sin embargo, puede y debe convertirse en una fábula helicoidal donde se absorba cualquier racionalización del misterio. Como no existen límites a la expansión del autoengaño humano, tampoco los hay en el tratamiento de un tema antiguo y de actualidad: las suplantaciones de personalidad que han servido a la comedia, al terror y a la tragedia para continuar experimentándose a sí mismas.

el-otro-1.jpg

«El otro se había puesto a silbar», escribió Borges en su cuento “El otro”, de 1975, y que relata el encuentro del autor, ya anciano, con su doble de juventud. Una melodía silbada sirve para tender un puente de auxilio, como le explicaba Lauren Bacall a Humprey Bogart en “Tener y no tener” (1944), y la realidad y el sueño se dan la mano con propiedades lenitivas para quien invoca el conjuro. Ése es el punto de partida de “El otro” (2007), película de Ariel Rotter que, a pesar de los galardones recibidos en el Festival de Berlín, se estrena en nuestro país con dos años de retraso. En ella, el protagonista Juan Desouza (Julio Chávez) reemplaza la personalidad de su compañero de viaje, aparentemente muerto, y arranca el desarrollo de la versión liberadora del mito del otro. Esta vertiente, típica de los dominios de la comedia —habría que retrotraerse a la Antigua Grecia, al estereotipo del Sosias y a la obra teatral “Anfitrión”, de Plauto—, supone para el personaje una liberación del inconsciente, la posibilidad de dejarse llevar por el encantamiento de una melodía silbada y probar otras muchas vidas, ajenas a la vegetada hasta ahora…

el-otro-2.jpg

Para este argumento el punto de vista suele equipararse con el del ocupante, es decir, con el otro, con quien suplanta y huye de los originales, aunque a veces ese encuentro no pueda ser del todo eludido. Recuérdese, sino, el impactante y entrañable final de “Irma la dulce” (1963), cuando entre los asistentes a la boda de Irma y Nestor se levanta Lord X, el millonario que Nestor se había inventado para conquistar a la prostituta de medias verdes. Un desdoblamiento mágico que suele tener a sus clientes principales en el enredo amoroso, tan propicio para que los caballeros asalten camas y las damiselas se dejen asaltar. Son otros reales que se apropian de personalidades inexistentes, pero perfectamente creíbles, como la millonaria Sonia (Jeanette MacDonald) en la deliciosa “La viuda alegre” (1934), haciéndose pasar por Fifí, una corriente buscona, para probar el amor de su casquivano enamorado. La misma estrategia, aun en sentido inverso, empleada por Barbara Stanwyck en “Las tres noches de Eva” (1941), del magnífico Preston Sturges, para dar caza a un joven e ingenuo adinerado, interpretado por Henry Fonda. Otra señorita que también potenció su clase social sin credenciales y con guión de Sturges fue Jean Arthur en “Una chica afortunada” (1937), de Mitchell Leisen, director hoy poco renombrado aunque en su momento emplease las plumas del susodicho Sturges, Charles Brackett y Billy Wilder, todos ellos más dotados para la narración visual. En este simpático cuento post-depresión Arthur es confundida con la amante del tercer banquero más poderoso del país e inmediatamente montada en un tren de vida al que no habría aspirado ni estando dormida.

el-otro-3.jpg

Más adelante Leisen y Stanwyck se cruzaron en “Mentira latente” (1950), viraje negro en la hasta ahora ligera odisea de imposturas. En esta película, Stanwyck es una soltera embarazada que, para resolver los evidentes problemas económicos y sociales derivados de su situación, aprovecha la muerte de una chica embarazada de buena familia para hacerse pasar por ella. De su mano empiezan a surgir los remordimientos, la inquietud y las moralejas por aprovecharse de lo ajeno, de modo que el suplantador, aunque continúa protagonizando de manera absoluta la acción, transforma las fantasías del público soñador en algo desvaído que poco a poco se adentra en problemas. Empezando por la justicia —DiCaprio huye de Tom Hanks en “Atrápame si puedes” (2002) a resultas de unas carencias emocionales que lo impulsan a seguir jugando, como los niños, a ser quien no es—, hasta caer en las más implacables garras de vecinos o familiares con ínfulas de juez —Richard Gere podía ser o no el difunto marido de Jodie Foster en “Sommersby” (1993), que adapta la leyenda de Martin Guerre vuelto de la guerra con tanta pompa y circunstancia como la versión previa de 1982, protagonizada por Gérard Depardieu—.

el-otro-4.jpg

No todos desean ser quienes no son, bien porque fingieron un personaje como una momentánea travesía iniciática —el cineasta en crisis de “Los viajes de Sullivan” (1941) que adopta la vida vagabunda, o el humilde Westley de “La princesa prometida” (1987) reconvertido en pirata sanguinario—, o bien porque el otro les obliga a una posesión constante y descontrolada. La psicosis es una variante aún más compleja del mito de la suplantación, pero que no implica la apropiación ajena, salvo en contados casos —la saga de Ripley en manos de René Clément, Minghella o Liliana Cavani, o el enésimo y espantoso thriller con Angelina Jolie “Vidas ajenas” (2004)—. Se abre una débil franja entre la inconsciencia y la consciencia, entre el deseo de ser otro y la siguiente faceta del mito del otro: horrorizarse por las revelaciones que se suceden al adoptar una piel extraña y al contemplarse a uno mismo desde ojos críticos. Así lo sufrían las parejas de “La mujer del teniente francés” (1981) y “Posesión” (2002), abducidas por unos personajes ficticios que tanto podían avivar como asesinar sus sentimientos reales; o las sufridas heroínas de “Vértigo” (1958), “Rebeca” (1940) o “Las manos del Orlac” (1935), víctimas de la invocación de un espíritu que, de manera más o menos violenta, desea cobrarse sus carnes.

el-otro-5.jpg

Tal vez haya sido este segundo argumento, en origen, el más explotado de ambos. Los macabros cuentos de Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant o Théophile Gautier alertan al temerario acerca de los peligros de vender el alma o la razón a visiones imposibles. De un cierto egocentrismo nace el temor a que en el mundo exista un doble exacto a nosotros, capaz de perseguir al inocente y ocupar sus actos. El incauto está valorando su vida en términos muy superiores si cree que alguien querría sustraérsela, aunque esta clase de robos suelen afectar a quienes menos se lo esperan. Por este motivo las narraciones adoptan el punto de vista opuesto: el del ocupado, el yo auténtico, una consciencia que sólo desea regresar a la rutina y desprenderse de nombres impropios. En un recorrido opuesto al anterior, continuar encerrado en la vida cotidiana antes que liberar impulsos ocultos es el objetivo del protagonista, ya sea un Thornhill huyendo de un tal George Kaplan en “Con la muerte en los talones” (1959) o un Manny confundido con un criminal en “Falso culpable” (1956), aunque éste, irónicamente, nunca pueda recuperar su yo real cuando la confusión se resuelve y descubre que durante su estancia en la cárcel su esposa se ha vuelto loca.

el-otro-6.jpg

Alfred Hitchcock, cineasta traumatizado por numerosos miedos, contaba entre ellos el tema del otro, y una de sus más fuertes manifestaciones se halla en “The case of Mr. Pelham” (1955), episodio de su show televisivo, en el que un hombre se convence de que su doble le está robando el trabajo, la casa y hasta el mayordomo. Esta idea del novelista Anthony Armstrong fue recuperada por Basil Dearden en la más gótica “Tinieblas” (1970), y similares terrores de naturaleza ambigua aparecen en las tramas de “A bullet for Baldwin” (1956), otro episodio de “Alfred Hitchcock presenta”, “La doble vida de Verónica” (1991) y las españolas “Yo” (2007) y “Los cronocrímenes” (2007), en las que el yo se convierte en un estorbo que, simplemente, hay que dinamitar para que todo siga igual. Hasta los Simpsons tienen su notorio impostor Seymour Skinner —nombre real: Armin Tamzarian—, quien regresó de Vietnam para llevar la vida de un compañero muerto, gris director de escuela.

el-otro-7.jpg

El tema del otro no deja de remozarse —de “El prisionero de Zenda” o “El príncipe y el mendigo” a “Dave, presidente por un día” (1993)— y de basarse en rumores históricos —los irresueltos casos de “El hombre de la máscara de hierro” o “Anastasia”—, porque enfrentarse “Cara a cara” (1997) con todo lo no disponible, las virtudes y los vicios, despierta un sano y suculento debate que puede nacer de la acción más pura hasta diluirse en hipótesis metafísicas. Como resume Haruki Murakami en su cuento “El espejo”, resulta imposible sustraerse a la imaginación de otras vidas, aunque el otro sea «un yo que jamás debería haber tomado forma».

En las imágenes: Fotogramas de “El otro” © 2007 Pirámide Films. Todos los derechos reservados. “Irma la dulce” © 1963 The Mirisch Corporation y Phalanx Productions. Todos los derechos reservados. “Una chica afortunada” © 1937 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. “Sommersby” © 1993 Alcor Films, Canal+ y Regency Enterprises. Todos los derechos reservados. “La mujer del teniente francés” © 1981 Juniper Films. Todos los derechos reservados. “Falso culpable” © 1956 Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados. Y “El príncipe y el mendigo” © 1937 First National Pictures y Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

Escribe tu comentario

AVISO: Su publicación no es inmediata, los comentarios están sujetos a moderación. La opinión de cada comentarista es personal y no representa la de LaButaca.net.

(obligatorio)

(obligatorio; no se mostrará)



2 - LaButaca.net » Reportajes del cine - 3:50 - 28.02.09

“The broken”: Y el espejo se rajó de parte a parte…

Un puñado de familiares acaba de reunirse en la casa del patriarca para celebrar en torno a la mesa que, a pesar de un motivo tan rutinario como el típico cumpleaños, ellos continúan demostrando ganas de verse e interesantes temas de conversación&…



1 - LaButaca.net » Opinión de cine - 20:36 - 24.01.09

“El otro”: Ansiedades de la identidad…

En términos similares a la reciente “La mujer rubia”, de Lucrecia Martel, “El otro” viene a inscribirse en una cierta tendencia del cine argentino. Una tendencia que ofrece relatos caracterizados por su minimalismo visual y nar…



1
Cincuenta sombras más oscurasRingsBatman: La Lego películaLa gran muralla

● Cincuenta sombras más oscuras
● Rings
● Batman: La Lego película
● Jackie
● La gran muralla
● El fundador
● T2: Trainspotting
● Logan
● El guardián invisible
● Kong: La Isla Calavera
● El bar
● La bella y la bestia
● Los Pitufos: La aldea escondida
● Ghost in the shell
● Fast & furious 8
● Alien: Covenant

 
Web de cine Más secciones Archivo de películas Facebook          Twitter                          
Actualidad:  Resident Evil: El capítulo final | Manchester frente al mar | Múltiple | La La Land | Lion | Figuras ocultas | Vivir de noche

© LABUTACA.NET - Orba, 12, 8 - 46910 Benetússer, Valencia, España - E-mail: redaccion@labutaca.net
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Prohibida la reproducción de los contenidos de este sitio sin consentimiento expreso de sus propietarios. Todos los derechos reservados.