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El renacer de “Cat people”

Escrito por el 21.11.07 a las 15:24
Archivado en: Años 40, Años 80, Críticas, Fantástico, Hollywood, Terror

Separadas por cuarenta años de diferencia y bautizadas con el mismo título original, “La mujer pantera” (1942) y “El beso de la pantera” (1982) no parecen tener nada que ver, y son hermanas, dotadas de otro familiar bastardo — “La maldición de la mujer pantera” (1944)–, que no se reconocen entre sí aunque perciban ciertos parecidos físicos. La primera, un hermosísimo cuento de terror ambiguo y sutil, propiedad de ese maestro de injusta segunda fila que fue Jacques Tourneur. Una obra perfecta sobre el tema, tan peligroso para la época, de una mujer condenada al celibato a pesar de sus impulsos instintivos y sentimentales. ¿Hacía falta una nueva mirada, que corría el peligro de transformar lo que en aquélla era suspense en un alarde de efectos especiales que pronto pasarían de moda?

 

En un principio, no; pero ahí surgió el nombre de Paul Schrader, recién salido de “Toro salvaje” (1980), y el olvidado Malcolm McDowell, y la aplaudida Nastassja Kinski de “Tess” (1979)… ¡si hasta David Bowie ponía música! Por muy descabellado que sonase el proyecto, tenía que nacer algo interesante a la fuerza, y consciente de esa presión a Schrader se le fue un tanto la mano en unas secuencias oníricas cargadas de atmósfera en trance ochentero –lo que Tourneur no pudo mostrar, ya que perdimos para siempre una escena fantasmal que se desarrollaba en una sala de antigüedades egipcias–. Sin embargo, eso puso un toque personal a una película que es más reinterpretación que remake, y que propone una hábil respuesta argumental a las obsesiones inexplicables de la versión de Tourneur.

 

En ambas el sexo y la muerte se muestran como conceptos parejos, aunque en el primer caso conlleve a una inmolación poética y en el segundo a una historia de amor y lazos fraternales más obvia y un poco kitsch. La principal diferencia la marca el rostro de la protagonista, Irena, felino y rebosante de culpa carnal en el caso de Simone Simon, agresivo y perverso bajo los rasgos de Kinski. Una y otra se sirvieron de los mismos métodos para preservar sus emociones y hacer frente, cual panteras asesinas, a quienes iban en su contra. La famosa escena de la piscina se repite con más animo de terror sorpresivo, dejando en evidencia que era cierta la máxima de “Cautivos del mal” (1952): si no podemos enseñar a la mujer pantera sin que el público se mee de risa, escondámosla. El día en que tengamos suficientes recursos como para asustarlo sin abusar de oscuridad, la gente verá al monstruo. Con Schrader ese momento había llegado, pero su efectividad de thriller romántico con toques gore no revelaba nada espectacular porque ya conocíamos a la pantera sin haberla visto: siempre la habíamos intuido en los ojos tristes de Irena.

En las imágenes: Fotograma de “La mujer pantera” – Copyright © 1942 RKO Radio Pictures. Todos los derechos reservados. Fotograma de “El beso de la pantera” – Copyright © 1982 RKO Pictures y Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

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