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El rey del rap “Notorious” entre monarcas del biopic musical

Su vinculaci√≥n con Alfred Hitchcock es nula, pero sustrajo de su filmograf√≠a el t√≠tulo de “Notorious” para recalcar una condici√≥n de estrella que finalmente recibe el epitafio de los m√°s grandes: un biopic hecho por y para fans, con invitaci√≥n extensible a no iniciados. The Notorious B.I.G. (Jamal Woolard) recicl√≥ su pasado callejero y su afici√≥n por las drogas en un √°lbum de gangsta rap que vio la luz en 1994, tres a√Īos antes de que fuese acribillado a balazos por un detractor a√ļn hoy desconocido. Su segundo disco p√≥stumo aviv√≥ la leyenda de uno de los m√°s importantes impulsores del rap en la Costa Este y las neuronas olfativas de productores con una imagen en el horizonte: hileras de devotos pasando por caja para deleitarse en pantalla grande con esos conciertos a los que ya nunca podr√°n asistir. Y despu√©s, pasar tambi√©n por la caja del centro comercial con un ejemplar de la banda sonora. As√≠ es la vida ‚ÄĒen ciertos casos,¬†la definitiva muerte comercial‚ÄĒ de los reyes musicales dentro del cine.

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Los reyes del blues: The Blues Brothers en “Granujas a todo ritmo” (John Landis, 1980). Una fake band nacida en la preciada e inagotable cantera del Saturday Night Live con el privilegio de que toda una generaci√≥n la rememore como un imprescindible icono musical de los √ļltimos setenta. Dan Aykroyd y John Belusi hicieron del traje negro y las gafas de sol una segunda piel antes que un arrebato de fashion victim, adelant√°ndose a reservoir dogs varios, para montar los sketches de los hermanos Elwood y Jake. En 1978 llevaron de los plat√≥s a las listas de √©xitos su primer disco, “Briefcase full of blues”, un apetitoso compilatorio que tuvo su consecuencia natural en el film de Landis, mezcla de buena m√ļsica, divertimento y participaciones de altura, como las de Ray Charles, Aretha Franklin y James Brown. Casi veinte a√Īos despu√©s, en amago mosquetero, la banda volvi√≥ a reunirse en “El ritmo contin√ļa” (1998), aunque ni ellos ni el director repitieron inspiraci√≥n.

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El rey del country: Johnny Cash en “En la cuerda floja” (James Mangold, 2005). Los distribuidores espa√Īoles escogieron con poca fortuna un t√≠tulo ya empleado en un thriller de Clint Eastwood de 1984, que nada ten√≠a que ver con la m√ļsica¬†ni con¬†la dificultosa l√≠nea sobre la que deben hacer malabarismos las estrellas con tanto talento para enamorar plateas como para descalabrar sus vidas privadas. La artr√≠tica f√≥rmula del biopic con forma de monta√Īa y pizcas de autocompasi√≥n, aparte de gustar mucho a los acad√©micos de Hollywood ‚ÄĒel a√Īo anterior triunfaba “Ray” (Taylor Hackford, 2004), el sopor√≠fero retrato del pianista¬†Ray Charles‚ÄĒ, parec√≠a carne de cat√°logo de criaturas en v√≠as de extinci√≥n hasta que Mangold le insufl√≥ algo de movilidad en esta biograf√≠a repleta de los tics de siempre, pero tambi√©n de unos brillantes Joaquin Phoenix y Reese Whiterspoon. Ellos defienden con sus propias gargantas los cl√°sicos “Ring of fire”, “Get rythm” o el “Walk the line” que da bautismo a la pel√≠cula, am√©n de espl√©ndidos duetos como “Time’s a-wastin” y “It ain’t me babe”. Para redondear el servicio, topetazos tras las bambalinas con Jerry Lee Lewis ‚ÄĒquien tuvo un regulero biopic, tambi√©n con nombre de canci√≥n, en “Gran bola de fuego” (Jim McBride, 1989), lastrado por la nula qu√≠mica entre Dennis Quaid y Winona Ryder‚ÄĒ; y Elvis Presley ‚ÄĒel emperador con r√©cord de apariciones y nombramientos en el cine, y sin una pel√≠cula a la altura, aunque resalte la tv movie “Elvis”¬†(James Steven Sadwith, 2005), protagonizada por Jonathan Rhys Meyers como¬†relevo de aqu√©lla que dirigiese John Carpenter en 1979 con Kurt Russell‚ÄĒ.

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El rey del folk: Bob Dylan en “I’m not there” (Todd Haynes, 2007). Con el nuevo lanzamiento de Bob Dylan, “Together through life”,¬†y tras el tr√°gico fallecimiento de Heath Ledger, quiz√° el oportunismo y el morbo consigan estrenar en nuestro pa√≠s el magn√≠fico¬†collage que Haynes dedica al cantautor de la voz marchita. El protagonista de “Brokeback Mountain” otorga uno de los muchos rostros de Dylan ‚ÄĒy uno de los episodios m√°s bellos de la pel√≠cula, junto a la ahora premiada Charlotte Gainsbourg‚ÄĒ,¬†m√°s Christian Bale, Richard Gere, Ben Whishaw, el ni√Īo Marcus Carl Franklin¬†y Cate Blanchett en otro de sus pasmosos ejercicios de m√≠mesis ‚ÄĒ¬Ņimita a Dylan o clona al Dylan de las entrevistas que Scorsese recuper√≥ para el documental¬†“No direction home” (2005)?‚ÄĒ. Poema confeso para el trovador de la arm√≥nica cuyo nombre, sin embargo, no se pronuncia en todo el metraje, pues Dylan se ha ganado el puesto de los genios reconocibles a pesar de la m√°scara, el parapeto de las gafas, el humo del cigarro constante y las m√ļltiples identidades que adquiere en sus versos. Otros miembros del folk con reflejo de celuloide han sido Woody Guthrie en “Esta tierra es mi tierra” (Hal Ashby, 1976), con David Carradine de √°lter ego, y Leonard Cohen en el documental “I’m your man” (Lian Lunson, 2005).

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El rey del grunge: Kurt Cobain, de Nirvana, en “Last days” (Gus Van Sant, 2005). La cr√≠tica sesuda la am√≥ en Cannes y el p√ļblico la recibi√≥ con un ardor previo al mayor de los fr√≠os. Las disensiones entre una esfera y otra suelen ser habituales en el cine de Van Sant, pero este acompa√Īamiento c√°mara en mano a los √ļltimos d√≠as de Blake, un sosias del famoso vocalista de Nirvana, desesper√≥ a m√°s de un impaciente con ganas de que en los altavoces reverberase el himno “Smells like teen spirit”. En lugar de eso, Michael Pitt aprovecha al m√°ximo su mejor registro, la impasible¬†sosez, y firma un par de canciones propias que se unen a The Velvet Underground en una escueta banda sonora, andamiaje de los eternos silencios que rodean al protagonista mientras pasea por los bosques o prepara macarrones con queso y cuencos de cereales que terminan abandonados sobre alg√ļn suelo o encimera. Todav√≠a no se ha resuelto la ecuaci√≥n que permita diferenciar la genialidad de las bolas de humo, y quiz√° en esa disyuntiva se halle el aliciente de este cierre a la denominada “trilog√≠a de la muerte” de Van Sant.

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El rey del jazz: Charlie Parker en “Bird” (Clint Eastwood, 1988). Aplaudido homenaje del actor/director al prodigioso saxofonista de Kansas City, y a pesar de ello un peque√Īo resumen del err√≥neo uso del biopic como ficci√≥n que alivie y engrandezca la realidad, pr√°ctica tan lejana en el tiempo como lozana en la actualidad. Eastwood subraya¬†la faceta¬†heroin√≥mana y alcoh√≥lica de Parker (Forest Whitaker), que lo conducir√° prematuramente a la tumba, frente a sus primeros aprendizajes y el don de la improvisaci√≥n que lo har√≠a √ļnico en los clubes de jazz de los cuarenta y los cincuenta. La imperiosidad de dramatizar la narraci√≥n no impide que se filtren aut√©nticos suspiros de amor del cineasta¬†hacia Parker, al que apodaban Bird, como manifiesta la cuidada selecci√≥n de piezas que se tomaron de grabaciones reales del saxofonista, caso de las afamadas “Ornithology”, “Lover man” o¬†“Cool blues”. ¬ŅSer√° que los instrumentos de viento hacen llorar? Para completar el cuajo, el trompetista Glenn Miller asegura “M√ļsica y l√°grimas” (Anthony Mann, 1952).

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El rey de los musicales: Cole Porter en “Noche y d√≠a” (Michael Curtiz, 1946). Fue precipitado y terrible, pero el compositor estaba en la cima de su carrera y lo que menos le conven√≠a era un biopic honesto que revelase aristas indeseables para los ac√©rrimos de sus pegadizas canciones. Hollywood, adem√°s, le ofrec√≠a trabajo regularmente y jugosos r√©ditos por el empleo de su repertorio en las pel√≠culas de moda, por lo que “Noche y d√≠a” apareci√≥ como un tributo pendiente, una fiesta sorpresa que incomoda al homenajeado, codo con codo de gente interesada e ignorantes que silban mal las notas de sus √©xitos. La Warner interpret√≥ que tras “Casablanca” (1942) Curtiz estaba listo para afrontar todos los dramas y romances azucarados que se le echaran por delante, y ante √©l dispusieron al apuesto¬†Cary Grant para idealizar al cantante y a la hermosa Alexis Smith para que encarnase a una esposa abnegada a la que es imposible no amar… aunque uno tenga inclinaciones homosexuales. “De-Lovely” (Irwin Winkler, 2004) afront√≥ el tab√ļ, si bien Kevin Kline resultaba una eleci√≥n a√ļn m√°s extra√Īa y para modernizar su repertorio se invit√≥ a estrellas con cameo. La insatisfacci√≥n tiene origen y soluci√≥n en el mismo foco: siempre quedar√° claquear con “Let’s do it (Let’s fall in love)”, “You do something to me”, “I’m in love again”, “Anything goes” o “My heart belongs to daddy” antes de que Marilyn se apropiase para siempre de ella en “El multimillonario” (George Cukor, 1960). M√°s imprescindibles del “Great american songbook”: “El gran Ziegfield”¬†(Robert Z. Leonard, 1936), Bobby Darin en “Beyond the sea” (Kevin Spacey, 2004), Bert Kalmar y Harry Ruby en “Three little words” (Richard Thorpe, 1950), Richard Rodgers y Lorenz Hart en “Words and Music” (Norman Taurog, 1948), Jerome Kern en “Hasta que las nubes pasen” (Richard Whorf, 1946) y… el futurible biopic de Frank Sinatra.

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La reina de la √≥pera: Maria Callas en “Callas Forever” (Franco Zeffirelli, 2002). Algunos mitos brillaron con tanta intensidad real que ninguna ficci√≥n puede aportar m√°s destellos, aunque sobre el rostro falso se superponga un milimetrado playback. Fanny Ardant, quien fuera musa de Truffaut, intentaba defender el papel√≥n de interpretar a la soprano de ascendencia griega m√°s importante del siglo XX, una tarea que la deja exhausta, y a Zeffirelli, a las puertas del melodrama de opereta. Una estructura de tragedia en la que caen como ante una tentaci√≥n los perfiles de grandes damas torturadas ‚ÄĒy porque nadie se ha atrevido a√ļn con Greta Garbo‚ÄĒ, coda o√≠da de nuevo en “La vida en rosa: Edith Piaf” (Olivier Dahan, 2007), pero tambi√©n en los divos como el tenor “El gran Caruso” (Thorpe, 1951). El paliativo de ambos semi-fracasos, y suficiente motivaci√≥n para una numerosa cu√Īa del p√ļblico, es una selecci√≥n de arias que eriza hasta los pelajes m√°s √°speros, porque la Ardant quiz√° no sea la Callas, pero √©sta siempre ser√° Tosca, Norma, Carmen¬†y Violetta. Libiamo!

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Los reyes del pop: The Beatles en “Dewey Cox: Una vida larga y dura” (Jake Kasdan, 2007). El mejor relato de la banda s√≥lo es una hip√≥tesis, una escena cachonda y colorista que se arriesga a decir algo nuevo cuando los mism√≠simos Beatles lo dejaron todo dicho en “¬°Qu√© noche la de aquel d√≠a!”, “Help! (¬°Socorro!)”¬†(Richard Lester, 1964 y 1965),¬†“El submarino amarillo” (George Dunning, 1968), “Let it be” (Michael Lindsay-Hogg, 1970)¬†y hasta un show televisivo. Que en su momento la maquinaria exprimiese todas las posibilidades cinematogr√°ficas del grupo explica que d√©cadas m√°s tarde a nadie se le ocurra el (transitorio) biopic definitivo, laguna por la que chapotean sin profundizar demasiado los suced√°neos (“The Wonders”, Tom Hanks 1996) o neo-musicales que se pretenden postmodernos por adaptar la est√©tica del “Magical Mystery Tour”¬†y por bautizar a sus protagonistas Jude y Lucy(“Across the universe”, Julie Taymor 2007). Razones de sobra para celebrar el loco di√°logo en el que se enzarzan los cuatro beatles mientras Dewey Cox (John C. Reilly) intenta meditar en esta parodia de todas las biograf√≠as musicales, y en especial de “En la cuerda floja”. Un inspirado gui√≥n con media alma de Judd Apatow y unas canciones originales de muy grata calidad cobijan los cameos estelares de Paul McCartney (Jack Black), John Lennon (Paul Rudd), Ringo Starr (Jason Schwartzman) y George Harrison (Justin Long), cuarteto que clama a gritos un spin off inmediato despu√©s de que lo tuviese el quinto beatle en “Backbeat” (Iain Softley, 1994) y de que Scorsese vaya a dedicarle uno de sus documentales a Harrison. Veremos si de los buenos o de los malos.

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El rey del punk: Sid Vicious en “Sid y Nancy” (Alex Cox, 1986). Les falt√≥ la ternura de Johnny Cash y June Carter, pero no as√≠ la pasi√≥n: Sid Vicious, bater√≠a de los Sex Pistols, y Nancy Spungen se amaban de manera tan enfermiza como una de las letras de la banda, sensaci√≥n que tambi√©n aportan los extremos retratos de Gary Oldman y Chloe Webb. El romance entre la estrella y la groupie ya forma parte de las leyendas urbanas del rock y de los iconos culturales vestidos de cuero y sangre, mucho antes de que Baz Luhrmann les colgase las pistolas a “Romeo + Julieta” (1996). Canciones de Pray for rain, Black Sabbath, The Pogues, The Clash y Oldman gorgojeando a Eddie Cochran e Iggy Pop ‚ÄĒde quienes tiempo atr√°s se viene rumoreando un biopic con la dudosa elecci√≥n de¬†Elijah Wood‚ÄĒ. El delirio punk de tendencias suicidas se prolonga hasta el presente a√Īo, cuando hemos asistido al estreno de “Control” (Anton Corbijn, 2007), basada en el grupo Joy Division y su desgraciado vocalista Ian Curtis.¬†

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Los reyes del rock: The Doors en “The Doors: la leyenda” (Oliver Stone, 1991). Ha sido documentado ‚ÄĒThe Band en “El √ļltimo vals” (Scorsese, 1978)‚ÄĒ, se han rastreado sus primeros bombazos en las listas semanales (“The Buddy Holly Story”, Steve Rash 1978), sus estrellas han esquinado las guitarras en favor del pseudo-porno ‚ÄĒMick Jagger en “Performance” (Donald Cammell y Nicolas Roeg, 1968)‚ÄĒ y, c√≥mo no, se han vendido al mainstream sin ellas saberlo. Para contrarrestar las pocas migas que habr√≠an hecho Jim Morrison y Hollywood, el realizador Oliver Stone hinchaba el biopic de los Doors con escenas on√≠ricas, que se pretend√≠an s√≠mil de las composiciones del cantante, y exacerbadas idas de olla de Val Kilmer y Meg Ryan, en el papel de su esposa Pamela. Incluir “The End” entre “Break on through”, “Riders on the storm” y “Light my fire”¬†era tan ineludible y t√≥pico como reiterativo: Morrison ya tuvo un involuntario biopic al nivel¬†de su acuosa demencia en “Apocalypse now” (Francis Ford Coppola, 1979). Y en vez de m√°s rockeros locos reclamamos m√°s rockeras desatadas, como esa estupenda Janis Joplin que ha visto estancarse el proyecto “Gospel according to Janis”, y que deb√≠a protagonizar Zooey Deschanel,¬†quien ha paseado sus dulces dotes para la m√ļsica¬†en el recomendable grupo¬†She & Him y en el ficticio Munchausen by Proxy de “Di que s√≠” (Peyton Reed, 2008), con¬†aquel hilarante¬†estribillo de “Sweet balad”: ¬ęDon’t call me past 11 p.m… You could call me at 10.59.¬Ľ

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En las im√°genes: “Notorious” ¬© 2009 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados. “Granujas a todo ritmo”¬†¬© 1980 Universal Pictures. Todos los derechos reservados. “En la cuerda floja” ¬© 2005 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados. “I’m not there” ¬© 2007 V√©rtigo Films. Todos los derechos reservados. “Last days” ¬© 2005¬†V√©rtigo Films. Todos los derechos reservados. “Bird”¬†¬© 1988 The Malpaso Company y Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados. “Noche y d√≠a”¬†¬© 1946 Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados. “Callas forever” ¬© 2002 Alquimia Cinema, Medusa Produzione y France 2 Cin√©ma. Todos los derechos reservados. “Dewey Cox: Una vida larga y dura”¬†¬© 2007¬†Apatow Productions, Columbia Pictures, GH Three, Nominated Films y Relativity Media. Todos los derechos reservados. “Sid y Nancy”¬†¬© 1986 Initial Pictures, U.K. Productions Entity y Zenith Entertainment. Todos los derechos reservados. “Di que s√≠” ¬© 2008 Warner Bros. Pictures International Espa√Īa. Todos los derechos reservados.

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2 - Almudena Mu√Īoz P√©rez - 13:43 - 30.05.09

Estoy de acuerdo, a ver si ahora que Deschanel se ha subido al candelero, que ha podido cantar en pantalla, que “Woodstock” est√° sembrando encendidos elogios y la actriz no menos con “(500) Days of summer” se recupera el biopic de Joplin. Aunque me gustar√≠a saber si la dejar√≠an versionar las canciones o le impondr√≠an un playback…

Zooey, try (just a little bit harder)!



1 - Jordi Revert - 16:42 - 29.05.09

Yo lo de Elijah Wood tampoco lo veo, pero lo de Zooey Deschanel como Joplin, de veras que apetece. “The end” pertenece y siempre pertenecer√° m√°s de “Apocalypse Now” que de la misma “The Doors”. Me ha encantado lo de “acuosa demencia” (m√°s que “cellar door” y todo), hac√≠a tiempo que no encontraba palabras tan acertadas para Morrison.



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