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«El tesoro de Sierra Madre»: En busca de la suerte perdida

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«El tesoro de Sierra Madre»: En busca de la suerte perdida

Tras los créditos iniciales de «El tesoro de Sierra Madre», el primer plano ya contiene toda la economía visual del maestro John Huston. Tenemos un cartel que nos sitúa en el lugar (México D. F.) y el tiempo (14 de febrero de 1925), y nos indica, tras abrirse ligeramente a unas manos que rompen un boleto, la suerte de su protagonista. Así comienza una de las obras más intemporales del cine, una historia que reincidía en una de las temáticas favoritas de su realizador (los grandes perdedores) y que cumplió en el presente año su 60 aniversario.

Cosa es sabida que en «El tesoro de Sierra Madre» se encuentran algunos de los rasgos claves en la definición de Indiana Jones. Sin embargo Fred C. Dobbs (Humphrey Bogart), nuestro protagonista en esta aventura, dista bastante del aura de héroe que envuelve al Doctor Jones. Más bien es un vagabundo, un tipo que busca su suerte sin mucho atino y que deambula por México mendigando y esperando a que esta cambie. Esto sucederá cuando, por caprichos del destino, Cobbs acabe participando en una expedición con el veterano Howard (Walter Huston, padre del director) y su compañero de fátigas, Bob (Tim Holt) en busca del oro escondido en la Sierra Madre. La aventura depara a estos tres hombres no pocos lances en el camino con bandidos o tribus, pero no sospechan (salvo quizá, Howard) que su peor enemigo será ellos mismos. La codicia pronto se hace presa de los buscadores de oro: cuanto más tienen, más quieren. Y pese a los intentos de Howard por que esta vez sea diferente a todas las anteriores e iguales empresas que le llevaron a la ruina, no podrá evitar la fatal suerte que correrán.

Como en su magistral debut como cineasta, «El halcón maltés», John Huston pone a un puñado de hombres en ambiciosa búsqueda de una quimera tras la cual lo acabarán perdiendo todo. Si allá era el celebérrimo halcón, aquí es el oro, el tesoro mentado en el título que, de nuevo, acaba castigando la avaricia humana y devolviendo la posición de perdedores a sus protagonistas. «El tesoro de Sierra Madre» no sólo ofrece esta y otras lecturas, sino que además es un soberbio entretenimiento que ha soportado increíblemente bien el paso del tiempo. Huston mostró su habilidad para saltar a un género que para él no guardaba misterios, pues al final resultaba un escenario tan válido como el despacho de Sam Spade para contar las historias que más le gustaban. En esta en concreto, Humphrey Bogart ya no era ni un seductor ni un hard-boiled, sino un completo perdedor con muy malas pulgas que se iba a estrellar con su propia avaricia. Boogey estuvo a la altura de las circunstancias con un cambio de registro sorprendente y bien acompañado de un Walter Huston sencillamente estupendo, un secundario de lujo que vio reconocido su trabajo con un Oscar® de la Academia.

John Huston alcanzó con «El tesoro de Sierra Madre» una de las cumbres de una filmografía plagada de imprescindibles del cine. Una aventura inigualable en cuanto a expectativas y resultados, pues supone un entretenimiento endiabladamente eficaz en el que subyacen, además, importantes reflexiones en torno a las miserias del hombre. Una obra maestra que ha influido en posteriores cineastas como Steven Spielberg, y que sigue envejeciendo envidiablemente.

En las imágenes: Fotogramas de «El tesoro de Sierra Madre» © 1948 Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

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