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“Interstellar” y la física newtoniana del amor

Escrito por el 14.11.14 a las 12:17
Archivado en: Ciencia-ficción

“Interstellar” es una magnífica propuesta de ciencia-ficción que le da un empujón al género pese a que sus ambiciones superan ampliamente sus resultados. Con todo, es una película para ver una y otra vez, los amantes de las aventuras espaciales lo pasarán como niños.

«No podemos pensar como individuos, sino como especie»

El reconocimiento hacia un género es proporcional a la calidad de los mejores títulos que produce, y, en este sentido, la ciencia-ficción ha dado hasta ahora un relativamente escaso número de obras maestras, por lo que no debe extrañarnos que esté considerada en una categoría menor si se compara con otros catálogos. No obstante, desde la primigenia “Metrópolis” (Fritz Lang, 1927) a la reciente “Gravity” (Alfonso Cuarón, 2013), pasando por las mayúsculas “2001: Una odisea del espacio” (Stanley Kubrick, 1968), “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982), “Star Wars” (George Lucas, 1977), “Matrix” (Andy y Larry Wachowski, 1999), “Inteligencia Artificial” (Steven Spielberg, 2001), “Solaris” (Andrei Tarkovsky, 1972), “Encuentros en la tercera fase” (Steven Spielberg, 1977) y más títulos que podéis consultar en este otro reportaje sobre las mejores películas de ciencia-ficción, los amantes del cine hemos podido disfrutar de un género que sin duda tiene aún mucho más que decir. Afortunadamente.

interstellar mirando a las estrellas

En este contexto, “Interstellar” (Christopher Nolan, 2014) viene a sumar una importante aportación por cuanto retoma el camino de la ciencia-ficción filosófica, porque nos hace mirar a las estrellas y pensar en los eternos interrogantes acerca de la naturaleza humana y nuestro lugar en el Universo. Y esa es precisamente la mejor versión de este género que, para muchos, y a pesar de lo apuntado en el anterior párrafo, lo convierte en el más relevante y trascendental de todos, recordándonos que, en muchos sentidos, aún nos encontramos en el oscuro interior de la caverna de Platón, que seguimos siendo como un polluelo que todavía no ha salido de su cascarón, que antes o después deberemos abandonar la cuna de nuestra civilización aunque sólo sea para evitar nuestra propia extinción, que el Universo nos espera y que la aventura más grande de la Humanidad está aún por llegar, pues ha de venir una nueva era de viajes y descubrimientos en la que los seres humanos recobraremos otra vez nuestro espíritu de pioneros y exploradores, y conseguiremos atravesar las galaxias igual que en su día fuimos capaces de cruzar los océanos.

«Encontraremos la manera, siempre lo hemos hecho»

Ojo, “Interstellar” está muy lejos de ser perfecta, su más que bienvenida ola de conceptos no oculta que aun siendo enorme su calidad de producción, a lo largo de sus casi tres horas de duración le cuesta ofrecer imágenes y escenas realmente memorables para el imaginario colectivo más allá de la puntual contemplación de fabulosos fenómenos astrofísicos como son un agujero de gusano y un agujero negro —la representación visual que se hace de ellos en la película resulta tan convincente como impresionante—, y de algún que otro guiño a clásicos de la ciencia-ficción como por ejemplo el “Mundo Anillo” de Larry Niven. Y es que Nolan, a pesar de ser un gran realizador, no posee el virtuosismo de Ridley Scott para crear atmósferas increíbles, ni la obsesión milimétrica de Stanley Kubrick para crear escenas imborrables (de hecho, “Interstellar” es del todo inferior a la magistral “2001: Una odisea del espacio”, por mucho que quiera parecérsele, aunque es superior a otro referente como “Elegidos para la gloria” [Philip Kaufman, 1983], película que ha aguantado peor el paso del tiempo). Tampoco ayuda la sobreactuación de un Matthew McConaughey cuyo marcado protagonismo merma en parte el desarrollo de una trama que en otras manos podría incluso haberse convertido en la típica historieta del héroe americano que un día está reparando tractores en una granja de maíz y al siguiente salvando al mundo como un valiente astronauta a bordo de una nave espacial.

anne hathaway interstellar

En el haber de esta megaproducción encontramos el trabajo de habituales colaboradores de Nolan como su propio hermano Jonathan Nolan en el guion, Emma Thomas en la producción, Hans Zimmer en la banda sonora, Lee Smith en el montaje, Nathan Crowley en el diseño de producción y, por supuesto, el siempre inconmensurable Michael Caine en el reparto. Y sobre todo, dos aciertos fundamentales en el tratamiento de la historia: en primer lugar, la seriedad con la que se han manejado los aspectos científicos; y en segundo lugar pero no menos importante, el ejemplar balance de personajes. Tradicionalmente y salvo honrosas excepciones, en las grandes superproducciones el macho alfa —o el torpe estándar que para la ocasión saca el macho alfa que lleva dentro— salvaba el día con la bella mujer florero como embelesada testigo de sus hazañas, y con ancianos y niños en los roles de lastres o contrapuntos cómicos; sin embargo, en “Interstellar”, desde el principal protagonista interpretado por Matthew McConaughey a los personajes femeninos caracterizados por unas estupendas Anne Hathaway (la astronauta Amelia Brand) y Jessica Chastain (la científica Murph Cooper), pasando por el veterano Michael Caine (como el eminente profesor Brand) y la pequeña Mackenzie Foy, todos tienen papeles cruciales en el desarrollo de la trama. Y esto es así tanto por la importancia vital que para Nolan tiene el vínculo familiar en esta historia, como por ser plenamente consciente de que una Humanidad que pretende salvarse de su extinción no puede permitirse el lujo de prescindir del trabajo, la inteligencia, la sensibilidad, la intuición, el talento, la creatividad, la sabiduría y, en definitiva, de cuantos aportes es capaz esa amplia e imprescindible parte de la población que forman las mujeres, los niños y ancianos, una vez se van superando ya los irreales, discriminatorios y trasnochados clichés del pasado en esta materia.

matthew mcconaughey anne hathaway interstellar

Pero si por algo pasará “Interstellar” a la Historia es por su mensaje, por esa sorprendente idea que impregna la película de principio a fin, por esa maravillosa teoría que defiende y que muchos se han apresurado a tachar de cursilada o de licencia sentimentaloide de Christopher Nolan sin haberse parado a pensar que de lo que aquí se está hablando es de ciencia.

«El amor es lo único que trasciende el tiempo y el espacio»

En 1997, el genial escritor Dan Simmons publicaba “El ascenso de Endymion”, el último libro de la prodigiosa saga iniciada en 1989 con “Hyperion”, un hito en la literatura de ciencia-ficción. En él ya hablaba de «la física newtoniana del amor», del amor como una emoción pero también una forma de energía. En “Interstellar” se insiste continuamente en la importancia de la fuerza de la gravedad, y el amor, que no es algo que hayamos inventado, que es una compleja reacción neurofisiológica, viene a ser la gravedad que atrae a las personas unas a otras, ese sentimiento, esa necesidad de estar con otros de nuestra misma especie, ese vínculo que nos hace seres humanos, ese faro que nos guía a través del vacío de la existencia, esa fuerza que nos motiva a superar todo tipo de fronteras y esa pasión que nos hace abrazar y propagar la vida aun sabiendo que estamos destinados a morir en ella. Una atracción, en definitiva, tan real como la que existe entre los planetas, entendiendo siempre aquí el concepto del amor en su sentido más amplio, es decir, no limitado únicamente a su acepción sentimental o de pareja sexual, sino a cualquier forma de conexión afectiva entre miembros de la misma especie (relación paterno-filial, amistad, empatía, etc.), lo cual funciona como un complejo y potente sistema de protección. Tan sumamente potente que los seres humanos somos capaces de sacrificarnos por amor hacia nuestros congéneres, y esto es crucial, porque no es otra cosa el sacrificio que un mecanismo de defensa para la supervivencia de la especie por encima del individuo.

La ciencia está para explicar lo que desconocemos y el ser humano debe aprender a adaptarse para sobrevivir. Estas son ideas que se repiten en “Interstellar”. Ante todo, dos de las claves que debemos asimilar sin complejos para comprender la realidad que nos rodea: 1) la Naturaleza se replica a sí misma continuamente; y 2) lo más grande comienza desde lo más pequeño. Que la estructura de nuestro pequeño cerebro es tan increíblemente compleja como lo pueda ser la del vasto Universo, es una apreciación que no debería escapársele a nadie. Y tampoco que las emociones, los sentimientos y los pensamientos no son ideas etéreas sin cuerpo ni materia, sino resultado de procesos físicos que ocurren precisamente dentro de ese mismo cerebro y no en otro lugar. Todo está interconectado y en la Naturaleza todo tiene un propósito, de modo que a mayor comprensión de cómo funciona nuestra mente, más entenderemos sobre el Universo, y viceversa.

interstellar pelicula nave nodriza endurance

La teoría de la física newtoniana del amor nos permite avanzar conclusiones absolutamente asombrosas al no subestimar el increíble potencial del ser humano en la superación de cualquier frontera para evitar su extinción y asegurar su existencia, incluyendo la conquista del espacio como una medida no solo recomendable sino incluso necesaria. La vida engendra vida, y una de las condiciones indispensables para ello es buscar la diversidad, de modo que cuanto antes se expanda el ser humano por el Universo, antes aumentará las probabilidades de supervivencia de la especie frente a posibles conflictos o desastres naturales en la Tierra. En esta línea apunta una propuesta como “Interstellar”, que no trata este tema como un simple entretenimiento como suele hacer habitualmente el cine apocalíptico de palomitas, sino que lo aborda de una manera lógica y seria.

Ahora todo esto nos puede sonar a fantasía, a ciencia-ficción ciertamente, incluso a risa, pues contemplamos asombrados y acomplejados la imponente magnitud del espacio exterior, igual que nuestros antepasados miraban los fenómenos naturales de nuestro entorno cercano (propongo un viajecito a la Edad Media, acercarse a cualquier pueblo, hablarles a sus gentes de aviones, satélites e Internet, y salir corriendo en dirección contraria a la hoguera), pero llegará un día en el que la Humanidad no solo alcance sino que domine las increíbles fuerzas que rigen a los fenómenos más extraordinarios del Universo (como hoy aprovechamos la fuerza de los ríos, del viento y del sol para beneficio propio), y entonces el amor, ese formidable y poderoso vínculo que mueve los destinos de las personas, acabará moviendo también los hilos del Universo con más determinación que la gravedad que une a los planetas. Esta última, al fin y al cabo, viene dada por la simple acumulación de materia, mientras que lo otro es mucho más pequeño pero mucho más complejo.

«La Humanidad nació en la Tierra, pero su destino no es morir aquí»

Quizá algún día, en definitiva, encenderemos y apagaremos estrellas a nuestra voluntad, para iluminar espacios del Universo todavía por descubrir y donde poder seguir propagando la vida, la conciencia y el arte, en ese triunfal y maravilloso orden cuya meta es repetirse a sí mismo persiguiendo la supervivencia, la belleza y la perfección. Siempre habrá esperanza mientras quede alguien que mire hacia las estrellas y sueñe con ir allí. Entonces viviremos a la luz de un nuevo sol en un nuevo hogar y con todas nuestras fuerzas nos resistiremos a morir.

«No entres dócilmente en esa noche quieta.
   Rabia, rabia contra la agonía de la luz.»
                                          (Dylan Thomas)

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7 - Ángel Castillo - 3:07 - 15.03.17

Muchas gracias a todos, me alegra que os haya gustado el reportaje.

Filezboy, gracias por tu comentario y por tu apunte. Aclaro que “física newtoniana” es una referencia a la gran novela del escritor Dan Simmons que cito en el texto ;-)

¡Saludos!



6 - Dani - 19:08 - 12.01.16

excelente crítica, no todo el mundo está preparado para entender el mensaje…



5 - Andrés - 21:12 - 07.08.15

Excelente crítica



4 - Filezboy - 14:49 - 17.11.14

Excelente crítica y película. sólo un apunte, física newtoniana no, será física einsteniana.
saludos



3 - Rita María Rojas - 2:49 - 17.11.14

Recoge todos los pormenores que la narración fílmica ofrece en “Interstellar”.
¡Excelente! Gracias Ángel, ¡está en los cielos!
Saludos cordiales



2 - Roy - 18:56 - 14.11.14

Gran reportaje si señor.
No se porque tenéis tan agachada la sección de reportajes.



1 - Diego Alcocer - 18:42 - 14.11.14

Excelente artículo
Me interpreta a cabalidad
Saludos



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