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Jean Arthur: Voz de Mamá Ganso

Escrito por el 10.12.07 a las 14:17
Archivado en: Actores y actrices, Años 30, Años 40, Hollywood

La tirria por tal o cual actor o actriz no afecta exclusivamente a nuestro panorama contemporáneo, uno puede aborrecer hasta lo más profundo a un intérprete bien antiguo y ya fallecido, que aún así seguirá deseándole la re-muerte. Es una lacra personalizada según los gustos de cada aficionado, pero algunos actores lo tienen crudo para librarse de ella a causa de algún defecto que los hizo diferentes… para mal. Por ejemplo, un timbre de voz insoportable que puede arruinar la estampa de la más adorable de las rubias –de bote–. Y es que Jean Arthur –bautizada a sí misma en honor de Juana de Arco y el rey Arturo, ahí es nada– fue una mindundi del cine mudo hasta que la pantalla empezó a hablar y, a pesar de sus escasas aptitudes para la expresión oral, cayó en el reparto de imprescindibles películas, adorada por magníficos directores. ¿Acaso no tenían oído?

En su favor digamos que la chica disponía de un encanto único para la comedia y una planta de rubita frágil no tan exagerada como la de Joan Fontaine o Ingrid Bergman ni tan voluptuosa como la de Marilyn o Jean Harlow. Su pequeña estatura y sus andares de torpe orgullo podían pasar desapercibidos, aunque ya estuviesen anunciando su anatomía vocal: la de un pato resabido que pretendía conquistar a Cary Grant —“Sólo los ángeles tienen alas” (1939), “El asunto del día” (1942)–, Melvyn Douglas y Fred MacMurray —“Demasiados maridos” (1940)–, William Holden —“Arizona” (1940)–, John Wayne —“The lady takes a chance” (1943)– o Charles Boyer —“Cena de medianoche” (1937)–.

Una lista tan apasionante como la de sus directores, pues si John Ford —“Pasaporte a la fama” (1935)–, Cecil B. DeMille —“Buffalo Bill” (1936)–, George Stevens —“Raíces profundas” (1953)–, Frank Capra —“El secreto de vivir” (1936), “Vive como quieras” (1938) y “Caballero sin espada” (1939)– y Billy Wilder — “Berlín Occidente” (1948), quizá la película en la que los efectos de su voz son más inocuos, y donde constituye una delicia verla atrapada en la admirable escena de los archivadores–; si todos esos maestros recurrieron a ella, quizá es que algo compensaba el silbato atrapado en su garganta. Tal vez era tan buena cómica que sabía congeniarse con su peor aliado, o encarnaba a personajes tan inaguantables en un principio que aquel tono parecía inherente a su caracterización, o el productor era sordo y no le costaba dar un visto bueno. La razón no importa porque su presencia es insorteable en películas que adoramos y, nos revuelvan un poco o un mucho sus gritos y susurros, también tenemos que adorarla a ella.

En las imágenes: Jean Arthur hablando a James Stewart en “Caballero sin espada” – Copyright – © 1939 Columbia Pictures Corporation. Todos los derechos reservados. Y callada en “El secreto de vivir” – Copyright © 1936 Frank Capra Productions y Columbia Pictures Corporation. Todos los derechos reservados.

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