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“La conversación”: This conversation is over

Años 70

“La conversación”: This conversation is over

A Coppola, si ya sólo pudiese enclaustrarse en categorías de manual académico, le correspondería ser maestro de la lucha interna. Pocas veces se ha admitido en una trayectoria tan poco abundante la conciencia de una ambigüedad incómoda para el espectador. Del lado del recluido tras unos ojos diferentes, tal vez a causa de una magia que irradian sus famosas gafas de pasta, Coppola nunca nos ha hablado del héroe, sino de quien lo envidia. Harry Caul (Gene Hackman) espía y no sabe el qué. Ni de quién, o para quién. O lo que es peor: para qué. Esa insoportable ausencia de sentido le conduce a pensar que resolver el misterio de una misteriosa grabación podría redimirle de un oficio tan miserable, en el que tal vez haya sido responsable de alguna muerte. Pero ya no más: la pareja que pasea amigablemente por el parque merece ser salvada… hasta que Harry se dé cuenta de que sólo pretendía salvarse a sí mismo, tarea imposible en un sistema que castiga sin remisión al que espera escapar de él.

 

Todo este pesimismo existencial se nos ratifica en un estilo de fotografía realista, impregnada de ese dilema del punto de vista que se mueve entre la identificación con los personajes en pantalla –la pareja del parque– y la perspectiva del mirón. ¿Cómo acercarse a ellos y comprenderlos desde tan larga distancia? Coppola no pretende que lo consigamos, si no que, como Harry, dudemos de todo y todos. También de nosotros mismos, ordenadores de un enigma con cuyas piezas podemos construir figuras distintas. Aunque algunos podrían castigarla por su sobriedad expresiva, lindante a la impavidez argumental, en esa línea del ‘no sucede nada’ radica el virtuosismo de “La conversación” (1974), capaz de suscitar tantas reacciones sin golpes de efecto. Incluso las escenas más tensas se desarrollan tras una mampara de ensoñación, de technicolor irreal, que impide dejarnos arrastrar por nuestras primeras impresiones.

 

No hay redención posible, no se nos regala ni una sola imagen bonita, o una frase para el anecdotario, o una escena divertida Y, sin embargo, ¿de quién es la culpa? No es de Harry, obligado por su educación social a desconfiar de cualquier lector de periódico en una sala de espera. Destroza su apartamento, hueco, gris y con tímidos y patéticos toques que pretenden convertirlo en un hogar, como el papel pintado que arranca para encontrar un micrófono. Pero no es eso lo que busca, es una respuesta, es un atisbo de libertad que, finalmente, confía a lo espiritual. La estatuilla de una Virgen permanece intacta en la estantería hasta que se estampa contra el suelo. Tampoco estaba allí el micrófono. No queda fe ni esperanza. ¿Quién lo vigila y lo llama? Tal vez fuera el mismísimo Coppola.

En las imágenes: Fotogramas de “La conversación” – Copyright © 1974 American Zoetrope, The Directors Company, Paramount Pictures y The Coppola Company. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos reservados.

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