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“La Lista”: Último aterrizaje de Ewan McGregor, el Padawan que se hizo Jedi

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“La Lista”: Último aterrizaje de Ewan McGregor, el Padawan que se hizo Jedi

En “La Lista” (2008), que esta semana estrena en nuestro país el suizo Marcel Langenegger, el hálito hitchckoniano emerge en un thriller neoyorquino cargado de insinuaciones y manifestaciones sexuales. Su coprotagonista, Hugh Jackman, podría recuperar el porte distinguido de los héroes del maestro del suspense, como el inquietante Joseph Cotten en “La sombra de una duda” (1943), pero Ewan McGregor, quien le sigue la corriente en este juego de perversiones de clase alta, desarrolla una vez más su faceta de chico cándido y romántico, dispuesto a arriesgar las facilidades que se extienden ante él por una sola mujer, interpretada por Michelle Williams.

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La carrera de McGregor, escocés de treinta y ocho años, se define en las mismas etapas que recorre Obi-Wan Kenobi, el personaje de “La guerra de las galaxias” que heredó de Alec Guinness: un Padawan de nombre más o menos sonoro para el público, que despuntó con un par de papeles, antes de que su intenso aprendizaje en la segunda fila fuese correspondido con su nombramiento de caballero Jedi en “Star Wars. Episodio I: La amenaza fantasma” (1999), primera entrega de la nueva trilogía de Lucas que lo convirtió en un rostro inconfundible y en estrella del firmamento hollywoodiense que, de tanto en cuanto, necesita escaparse con su moto a lugares recónditos del mundo —en la miniserie “Long way round”—. Debutó con un pequeñísimo papel en “Being human” (Bill Forsyth, 1993), la fantasía de un hombre inmortal protagonizada por Robin Williams y en la que compartió cartel con Robert Carlyle, Bill Nighy, John Turturro, Vincent D’Onofrio y la hoy muy querida para los sopranófilos Lorraine Bracco.

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Entre diversos trabajos televisivos para la BBC conoce a otro talento de la misma cantera: Danny Boyle se agencia los rasgos bondadosos de McGregor para su ópera prima, “Tumba abierta” (1995) y para su éxito internacional, “Trainspotting” (1995). El joven torturado y esquizoide a costa de las drogas que encarnó en dicha película facilitó al actor los papeles de “Una vida sin miedo” (Carl Prechezer, 1995), comedia surfera en la que fue un camello de playa, y “Velvet Goldmine” (1998), retrato de los chicos malos del glam rock y película mutilada, según su director Todd Haynes, por las temibles tijeras de los hermanos Weinstein, productores del film. De una cinta a otra no hubo tantos Boyle y Haynes como McGregor hubiese querido y otros se ocuparon de explotar su sonrisa inocente y su encanto de chico formal, especialmente en el cine de época —ya había despuntado en la adaptación televisiva de la novela de Stendhal “Rojo y negro” (1993)—.

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Peter Greenaway le otorgó su primer protagonismo romántico en “The pillow book” (1996), historia de pasiones orientales con relación clandestina entre un hombre occidental y una joven japonesa que recuperó las atmósferas idealizadas de Jean-Jaques Annaud en “El amante” (1992). Y “Emma” (Douglas McGrath, 1996), basada en el popular libro de Jane Austen, lo convirtió en galán de doble cara, si bien los departamentos de vestuario y peluquería le enfundaron un dudoso estilismo para atraer a las damas de cualquier centuria. En “Tocando el viento” (Mark Herman, 1996) asentaba su carisma como tierno enamorado en una comedia de bandas musicales y amores escolares, y su interpretación lo validó como actor británico de reconocimiento gracias al premio del Círculo de Críticos de Londres, y a los paralelos BAFTA escocés y Empire Award por “Trainspotting”.

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Su salto al otro lado del charco se produjo en el medio que lo había visto nacer: la televisión. Ya había participado en un episodio de la última temporada de la serie HBO “Historias de la cripta” (1989-1996), seguida de un capítulo de la superviviente pero maltratada “Urgencias” (1994). El triunfo de “Trainspotting” le trajo papeles en la meca del cine que aún parecían de principiante: fue un joven vigilante nocturno de morgue y el centro de la telaraña en el thriller “La sombra de la noche” (Ole Bornedal, 1997), y repitió tono y corte de rol en “El beso de la serpiente” (Philippe Rousselot, 1997), acerca de un arquitecto encargado de construir el jardín laberíntico de un ausente ricachón. Volvió a Danny Boyle para acompañarle en su andadura estadounidense con “Una historia diferente” (1997), aunque el título indicase todo lo contrario a la realidad y a las reiterativas opciones de McGregor.

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Tras la curiosa “Little Voice” (1998), en la que el intérprete repetía con Mark Herman después de “Tocando al viento”, y los prescindibles thrillers “Rogue Trader” (James Dearden, 1999) y “Ojos que te acechan” (Stephan Elliott, 1999), McGregor recibió lo que había anhelado desde que de pequeño recitase con sus amigos los diálogos de “La guerra de las galaxias” (1977) mientras intentaba vislumbrar a su tío en el reparto, en la piel de uno de los pilotos que ayudan a Luke Skywalker. Nada menos que el sable láser del Jedi más querido por los fans, el Obi-Wan Kenobi que evoluciona desde su última fase Padawan hasta maestro de Anakin Skywalker en “Star Wars. Episodio I: La amenaza fantasma” y las siguientes “Star Wars. Episodio II: El ataque de los clones” (2002) y “Star Wars. Episodio III: La venganza de los Sith” (2005). El papel más comercial de toda su carrera beneficiaría no sólo sus sueños de infancia, sino además a su prometedora filmografía.

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Repitió cinta de época en “Nora” (Pat Murphy, 2000), donde era el escritor irlandés James Joyce; como el iluso escritor bohemio Christian en “Moulin Rouge” (Baz Luhrmann, 2001); emulando a Rock Hudson junto a una Renée Zellweger sosias de Doris Day en “Abajo el amor” (Peyton Reed, 2003); y repitiendo con la actriz en “Miss Potter” (Chris Noonan, 2006), sobre la ilustradora infantil de finales del siglo XIX. Pero empezó a recibir llamadas de Ridley Scott “Black Hawk derribado” (2001)—, Tim Burton “Big Fish” (2003), en la que interpretaba a un joven Albert Finney, con quien ya había coincidido años atrás en la miniserie “Karaoke” (1996)—, Michael Bay “La isla” (2005)—, Marc Foster“Tránsito” (2005)—, Woody Allen “Cassandra’s dream” (2007)—, y participó en proyectos destinados al público infantil como “Alex Rider: Operación Stormbreaker” (Geoffrey Sax, 2006) y las cintas animadas “Robots” (Chris Wedge y Carlos Saldanha, 2005) y “Valiant” (Gary Chapman, 2005). Antes de su último estreno, “La Lista”, ya había coincidido con Michelle Williams en la aquí inédita “Incendiary” (Sharon Maguire, 2008), y tiene pendiente de estreno la comedia “I love you Philip Morris” (Glenn Ficarra y John Requa, 2009), género que no pisaba desde “Scenes of a sexual nature” (Ed Blum, 2006). En la cartera del joven Ewan McGregor para este año se encuentran “Ángeles y demonios”, “Amelia”, de Mira Nair, y “Men who stare at goats”, junto a George Clooney, años después de que ambos pasasen por los quirófanos de “Urgencias” y ya no necesiten desfibrilador ninguno para sus muy vívidas carreras.

En las imágenes, fotogramas de: “La Lista” © 2008 TriPictures. Todos los derechos reservados. “Velvet Goldmine” © 1998 Channel Four Films, Goldwyn Films, Killer Films, Miramax Films, Newmarket Capital Group, Single Cell Pictures y Zenith Entertainment. Todos los derechos reservados. “Emma” © 1996 Miramax Films, Matchmaker Films y Haft Entertainment. Todos los derechos reservados. “Tocando el viento” © 1996 Channel Four Films, Miramax Films y Prominent Features. Todos los derechos reservados. “Star wars: Episodio II. El ataque de los clones” © 2002 Lucasfilm Ltd. e Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados. Y “Scenes of a sexual nature” © 2006 Tin Pan Films y The Mob Film Company. Todos los derechos reservados.

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