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La panorámica en David Lean: Tras una sombrilla, la respuesta del paisaje

Escrito por el 24.10.07 a las 13:34
Archivado en: Años 70, Cine europeo, Directores, Drama, Romance

A David Lean se le puede haber acusado de reciclar historias atemporales y estereotipos protagónicos. Un amor por la forma parejo al rechazo de quienes veían en sus películas las historias de siempre, lastradas por referencias literarias y oscuridades gratuitas que parecían conducir a una estética hueca y personalista. Con más detenimiento, inmensa paradoja, se descubre que lo que Lean pretendía analizar era el detalle de la eternidad en la exacerbada apuesta por el Cinemascope. Ese afán enamorado de lo inmenso encontró en la panorámica a su mejor Cupido. El rectángulo adquiere en la filmografía del director inglés límites que pretenden alejarse de las herencias pictóricas. Más fotografías que cuadros, los planos alargados de Lean quieren ensanchar la mirada, hacer que repare en lo infinito del horizonte para que la transición hacia el detalle sea no sólo más apacible, también más poética. Esto explica el sereno deslizarse del tiempo en esos planos fijos, como una mirada omnipotente que siempre dirige del cielo a la tierra. Empequeñece a sus personajes, les roba el aura sagrada de quien es dueño del encuadre, muy al contrario de lo que subrayan las novelas en las que se basaba, fuese “Doctor Zhivago” (1965), de Boris Pasternak, o “Madame Bovary”, de Gustave Flaubert.

 

Tomando como ejemplo “La hija de Ryan” (1970), se descubre el interés de Lean: no debe importarnos tanto el destino de una muchacha. Al final, todo se lo tragará el entorno, el paisaje, la belleza. La evidencia del planteamiento narrativo y los lugares comunes del argumento se ven compensados por la distancia que la cámara recupera en cuanto se le presenta ocasión, aunque ello suponga sacrificar la línea rural de la película por otra paralela, más bucólica. El marido engañado coincide en pantalla con su mujer y el amante de ésta. Los dos últimos pasean felices, transportados a la fantasía que crean paralelamente a las reglas sociales, por ello mismo ataviados como en una época y un lugar que no les corresponde. Y qué mejor manera de conjugar la repugna por la infidelidad y la celebración de la complicidad amorosa que en pleno desierto, cuyo viento arrebola las faldas del vestido de ella como una flor que crece en un suelo árido. Lean coloca figuritas lejanas mientras retoca el telón y las tramoyas, jugando al teatro de lo absoluto, propasándose en sus labores de cinematógrafo, esperando la desaparición del diálogo, el personaje, el conflicto, el atrezo, para mostrárnoslo todo.

En la imagen: Fotograma de “La hija de Ryan” – Copyright © 1970 Faraway Productions. Todos los derechos reservados.

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