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“La sombra del poder”: Cuando el periodista es la clave

Acción

“La sombra del poder”: Cuando el periodista es la clave

Ben Affleck es el político salpicado, de un día para otro, por una misteriosa sospecha. Russell Crowe es el periodista que por ayudar entiende esclarecer cualquier negro asunto del gobierno estadounidense. Rachel McAdams es la novata dispuesta a vender su inocencia por una buena historia. Y Helen Mirren es la editora en la sombra que espolea y machaca las relaciones del cuadrilátero. Un rápido reparto de roles bastaría para condensar la prolija acción de “La sombra del poder”, el segundo largo de Kevin Macdonald tras su aclamada “El último rey de Escocia” (2006). Pero no es así: cintas comprometidas que preservan para generaciones futuras las inquietudes de una época, estas historias de investigación política resultan tan imprescindibles como difíciles de abordar por su carga de sobreinformación. Aún así, las viñetas cinematográficas de esas noticias que el diario presenta en blanco y negro, de vez en cuando logran la ilustración imperecedera de sus mayores hazañas.

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El caso Watergate: “Todos los hombres del presidente” (Alan J. Pakula, 1976). Macdonald refiere este clásico título como una de sus películas de cabecera en la gestación de “La sombra del poder”, a pesar de que ésta tenga su origen real en la estupenda miniserie británica “State of play” (2003), protagonizada por Bill Nighy, David Morrissey, Kelly Macdonald y James McAvoy. El ahínco del redactor McAffrey (Crowe) resulta equiparable al de Bernstein y Woodward, la pareja de reporteros del Washington Post que destapó las culpas del presidente Nixon gracias al soplo del anónimo Garganta Profunda. La química entre Dustin Hoffman y Robert Redford impera en esta función de sugestivas escenas mudas y aridez fotográfica, cercana al más puro ejercicio de cine documentalista.

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Proceso contra las tabacaleras: “El dilema” (Michael Mann, 1999). Russell Crowe también hacía acto de presencia en el más arduo y complejo film de su director, esta vez desde la perspectiva contraria a su papel en “La sombra del poder”. Como una versión beta de su orondo y lenguaraz jefazo en “Red de mentiras” (Ridley Scott, 2008), Crowe se armaba de kilos y timidez a punto de estallar bajo las camisas de este químico que sabe más de lo que parece sobre la oscura trastienda de las tabacaleras. Un productor de la CBS (Al Pacino) intenta sonsacarle los datos en el riguroso directo del programa “60 segundos” mientras los mundos de ambos se tambalean en un sobresaliente forcejeo moral y social.

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Las manipulaciones de la era McCarthy: “Buenas noches y buena suerte” (George Clooney, 2005). A pesar de los monólogos largos, intensos y ensayados al milímetro de David Strathairn frente a los monitores de la CBS, Clooney introdujo chispas de humor, engarzadas por números de jazz, para contar la cruzada del presentador Edward R. Murrow contra el senador McCarthy. Aunque Hollywood posee un nutrido historial de casos vinculados al famoso político de los cincuenta —ver “Hollywood on trial” (David Helpern, 1968)—, y pocas películas se han resistido a colocar su imagen en televisores de pega, no fue hasta el segundo y notable largo del actor cuando McCarthy recibió su breve, pero contundente, bofetón audiovisual. Y sin opción de chupar cámara.

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Fabulador al descubierto: “El precio de la verdad” (Billy Ray, 2003). El escándalo no es sólo una cabeza más en la pared de trofeos disecados del reportero, pues la moraleja del cazador cazado se vuelve increíblemente cierta dentro de las más prestigiosas redacciones. Basada en una historia real, esta cinta descubría a Stephen Glass (Hayden Christensen) como el mayor cuentista de la publicación “The New Republic”. La fiebre por una fama instantánea conducía al joven reportero a citar fuentes falsas y construir castillos en el aire de confabulaciones inexistentes. Perfil de un brillante manipulador o denuncia código ético en mano, el resultado fue tan soso como su protagonista y ni siquiera pudo superarlo “La gran estafa” (Lasse Hallström, 2006), a años luz de convencernos de que el encanto de Richard Gere no fuese capaz de vender una biografía de Howard Hughes más falsa que un billete de quince euros.

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Bondades de la revolución bolchevique: “Rojos” (Warren Beatty, 1980). McCarthy ya no estaba allí para asistir al triunfo arrollador de Beatty con esta epopeya de héroe pro-comunista, pero habría escavado su tumba de inmediato. Con una duración que sobrepasa de largo las tres horas, el segundo film en la dirección del actor de “Bonnie y Clyde” quiso recuperar el hálito de “Doctor Zhivago” con una historia real que aportase mayor carga política y documental —pretensión demostrada por las entrevistas a personas reales que salpican la acción, una práctica tan cargante como extendida desde entonces—. El viaje de un inquieto gacetillero (Beatty) a Rusia en plena revolución de 1917 y su ilícito romance con una mujer casada (Diane Keaton) se saldó tres Oscar®, entre ellos a Mejor Director, como premio al canto desmedido que cada escena dedica al valeroso reportero.

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Denuncia de tiranías extranjeras: “El año que vivimos peligrosamente” (Peter Weir, 1982). Mel Gibson viajaba a Indonesia para caer en los brazos de Sigourney Weaver, pero entre medias era un corresponsal novato enviado a su primera misión en el extranjero. Las llamas que asolan por sorpresa su destino periodístico se confunden con la apasionada ayuda de una diplomática (Weaver), pero entre tanto fuego Weir sabía hilvanar los acontecimientos hacia una denuncia de las dictaduras militares y la robaescenas Linda Hunt, quien se llevó Oscar® a casa por interpretar a un hombre. La alternativa a esta aventura periodística podría haber sido “Los gritos del silencio” (Roland Joffé, 1984), que ofrece rigor y compromiso a cambio del sacrificio del más mínimo ritmo.

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Investigación de mafias: “Ausencia de malicia” (Sydney Pollack, 1981). Ni disfraces, ni dobles indentidades, ni integridad física en peligro constante. La reportera que interpreta Sally Field informa desde la seguridad de su firma mientras Paul Newman se juega el pescuezo por decidir si revela o no los nombres de sus familiares mafiosos para probar su inocencia. Al contrario de Stephen Glass, las mentiras que la periodista publica pretenden ayudar al inculpado, de quien se enamora perdidamente, e impartir justicia en un mundo de etiquetas y prejuicios dispuesto a tragarse cualquier tópico. La precisión cronométrica de este estimable thriller es sustituida en los últimos años por retratos heroicistas en los que prima la persona sobre los hechos, caso de “Veronica Guerin” (Joel Schumacher, 2003).

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Defensa del ¿falso? culpable: “La vida de David Gale” (Alan Parker, 2003). Tarea que puede recaer sobre los hombros de cualquier oficio, si bien el periodista de campo aspira su aroma como un casi seguro camino a la medalla de oro. El problema para el investigador, y en particular para Kate Winslet en esta cinta, es que los principios deontológicos empiecen a roer espacio a las ventajas de una jugosa exclusiva. Esclarecer la culpabilidad del condenado a muerte David Gale (Kevin Spacey) adquiere tintes personales en esta historia demasiado simpatizante con los golpes emotivos típicos del telethriller. Y si unos nacen para identificar el olor a chamusquina de un caso, como sabuesos truferos del periodismo, caso de James Stewart en  “Yo creo en ti” (Henry Hathaway, 1948), otros llegan a las ligas mayores de rebote, como no podría ser de otro modo según las reglas de la screwball comedy“Luna nueva” (Howard Hawks, 1940) y su remake “Primera plana” (Billy Wilder, 1974)—.

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Superestrella al desnudo: “Interview” (Steve Buscemi, 2007). Entrevistar a un asteroide del deporte, la moda o el cine carece de los alicientes que imagina el lector si el encuentro conlleva un paquete de preguntas pactadas y un tiempo límite. La perspectiva mejora si la cita es con una preciosa actriz en un acogedor restaurante frente a una copa de vino. Y empieza a empeorar si el interrogatorio se muda a un moderno apartamento que al reportero le viene tan grande como a la joven mezclar declaraciones sinceras y ficticias. Traslación fiel de la película de Theo van Gogh de 2003, este curioso dueto de tintes teatrales desvela que el periodismo —y la actuación— nunca terminan si hay una cámara en casa. Aunque entre estrellas de cine mejor se lo pasaba Danny DeVito al frente de la revista “Secretitos” de “L.A. Confidential” (Curtis Hanson, 1997).

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La instantánea del superhéroe: “Superman” (Richard Donner, 1978) / “Spider-Man” (Sam Raimi, 2002). ¿Por qué escogería un superhéroe como profesión los inestables horarios del periodista cuando pudiera ser jugador de rugby de primera línea? Porque, en tal caso, Superman perdería las fuerzas necesarias para la lucha contra el crimen y los accidentes automovilísticos o aéreos, al compaginar su doble faceta de ídolo nacional del heroicismo filantrópico y del deporte. El desabrido traje de oficinista le sirve de eficaz escondite para reponer energías y jugar a las cocinitas con Lois Lane, mientras Peter Parker se dedica a fotografiarse a sí mismo con la indumentaria de Hombre Araña para sacarse una perras legales. Si el “Daily Planet” y el “Daily Bugle” supieran qué clase de joyas tienen en su plantilla, por lo menos percibirían una semana extra de vacaciones.

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En las imágenes, fotogramas: de “La sombra del poder” © 2009 Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados. “Todos los hombres del presidente” © 1976 Warner Bros. Pictures y Wildwood. Todos los derechos reservados. “El dilema” © 1999 Barclays Mercantile, Industrial Finance, JRS Productions y Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. “Buenas noches y buena suerte” © 2005 Manga Films. Todos los derechos reservados. “El precio de la verdad” © 2003 DeAPlaneta. Todos los derechos reservados. “Rojos” © 1981 Barclays Mercantile Industrial Finance, JRS Productions y Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. “El año que vivimos peligrosamente” © 1982 McElroy & McElroy y Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados. “Ausencia de malicia” © 1981 Columbia Pictures Corporation y Mirage Enterprises. Todos los derechos reservados. “La vida de David Gale” © 2003 UIP. Todos los derechos reservados. “Interview” © 2007 Golem. Todos los derechos reservados. “Superman returns” © 2006 Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados. “Spider-Man” © 2002 Columbia TriStar. Todos los derechos reservados.

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