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“La teta asustada”: Última representante de una histórica presencia latinoamericana en la Berlinale

Escrito por el 12.02.09 a las 1:41
Archivado en: Cine latinoamericano, Historia

En la 59 edición del Festival de Berlín, que arrancó el pasado 5 de febrero y concluirá el domingo 15 tras la entrega de premios, se presentan a concurso dos películas de procedencia latinoamericana: “Gigante” (Adrián Biniez, 2008), coproducción entre Alemania, Holanda, Uruguay y Argentina, y “La teta asustada” (Claudia Llosa, 2008), representante al alimón de España y Perú, y que esta semana se estrena en nuestro país. Una cohorte mínima que, en términos históricos, supone casi un logro dentro de un certamen con una usual y escasa selección de películas de América Latina. La directora peruana Claudia Llosa, a pesar de que su filmografía se limita a dos películas y un corto (“Seeing Martina”, 2004), está entrenada en estas carreras internacionales: con su debut en el largometraje, “Madeinusa” (2006), se alzó con el premio FIPRESCI en el Festival de Rotterdam y consiguió ser seleccionada entre la maraña indie USA de Sundance. Su llegada a la Berlinale puede otorgarle el reconocimiento que ha buscado el cine latino desde el año fundacional del certamen.

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Únicamente en dos ocasiones el Oso de Oro ha emprendido su viaje a un país sudamericano: en la pasada edición de 2008, con “Tropa de élite” (José Padilha, 2007), coproducción entre Brasil y Argentina, y en el año 1997 gracias a “Estación Central de Brasil” (Walter Salles, 1997), también de origen brasileño, con colaboración francesa. En los carteles de ambas programaciones había escaso apoyo de cinematografías cercanas: 2008 también fue el año de la mexicana “Lake Tahoe”, de Fernando Eimbcke, y de “Dreznica”, de Anna Azevedo por Brasil, y “Nadie”, de la argentina Belén Blanco, que acudían fuera de concurso. En 1997 sólo concurrió junto a Walter Salles la nicaragüense “Cinema Alcázar”, de Florence Jaugey, y el mexicano Alfonso Cuarón presentaba su muy hollywoodiense versión de “Grandes esperanzas”, de Charles Dickens.

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La Berlinale se gestó un 9 de octubre de 1950 por parte de un comité de expertos políticos, representantes cinematográficos y un periodista, con vocación de internacionalizar una Alemania todavía afectada por los coletazos de la posguerra, en términos físicos y psicológicos. A semejanza del recién inaugurado Festival de Cannes de su vecino galo, Berlín pretendió desde su nacimiento abrir los brazos a industrias extranjeras, principalmente la estadounidense, aunque con ello fuera perdiendo oportunidades la cultura patria en cuanto al número de cintas foráneas y el crecimiento exponencial de las alfombras rojas, que han hecho de cualquier certamen una cita para modistos, joyeros y estrellas de relumbrón. La primera edición del festival se celebró, contra la costumbre, en junio, inaugurada por una película que ni siquiera se había estrenado aquel año, “Rebeca” (Alfred Hitchcock, 1939) —de nuevo imitando los procedimientos franceses, pues recordemos que la apertura de Cannes le correspondió a “Encadenados” (1946), del cineasta británico—.

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Las necesidades del pueblo alemán quedaron patentes en esta llamada de socorro al entretenimiento yanqui y en las votaciones del público a su película favorita del certamen, que fue “La Cenicienta” (1950) —cinta, por cierto, muy hitchcockiana—, de la factoría Disney. En la programación de aquel primer año y de los siguientes no hubo ninguna representación latinoamericana, todavía un cine residual en los difíciles años cincuenta, dominados por el esplendor estertóreo de las majors estadounidenses. A pesar de la lujosa apariencia que la Berlinale quiso otorgarse a sí misma con tan rimbombantes invitados, la puesta de largo debió de parecer más una versión magnificada de “¡Bienvenido, Míster Marshall!” (1953) que una auténtica propuesta con intenciones serias. Hasta 1955, los premios serían otorgados por voto popular, prescindiendo así de la exquisitez que los jurados imprimían en los festivales de primera fila o categoría A, etiquetas impuestas por la FIAPF (Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Cine), que a día de hoy aún elabora anualmente sus listas de los certámenes más prestigiosos del mundo.

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En 1956 la FIAPF sella a la Berlinale con la tan acariciada A, letra que mantiene en la actualidad a pesar de los altibajos cualitativos que la han hecho palidecer, en ocasiones, frente a Cannes, aunque haya conseguido mantenerse siempre por encima de los fulgores de Venecia. Sin embargo, no es el cambio de liga lo que multiplica los tentáculos berlineses en todo el mundo: ya en la edición de 1954 se había incluido en la programación una cinta brasileña, “Sinhá moça”, de Tom Payne, aunque se fue de vacío en el palmarés. Para el primer jurado oficial en la historia de la Berlinale se contó también con un representante latino: Gualberto Fernández, de origen uruguayo, quien formaba parte del tribunal para cortometrajes y filmes documentales. La presencia latina en los jurados, también dentro de sección oficial de largometrajes, ha sido continua a lo largo de los años siguientes.

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Entre los miembros de los jurados se ha visto a Miguel Alemán (México), en 1957, Novais Teixeira (Brasil), en 1958, Roberto Alejandro Tálice (Argentina), en 1960, la famosa actriz mexicana Dolores del Río en 1962, Fernando Ayala (Argentina), en 1963, Alex Byani (Brasil), en 1968, Rodolfo Kuhn (Argentina), en 1974, Humberto Solas (Cuba), en 1977 y 1997, Mario Vargas Llosa (Perú), en 1984, Héctor Olivera (Argentina), en 1998, Lucrecia Martel (Argentina), en 2002, o Gael García Bernal (México), en 2007, entre otros muchos. Listado del que se deduce la preferencia de la Berlinale por Brasil, Argentina y México, los países latinos con mayor volumen industrial, aunque su presencia se haya visto reducida desde los años ochenta por la acogida de cinematografías exóticas con una ascendente presencia en cada certamen, especialmente las asiáticas y africanas.

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Mayores obstáculos han tenido las películas latinoamericanas para adentrarse en la programación, sobre todo la correspondiente a la sección oficial, con la misma comodidad que sus representantes en el jurado. La concesión de la categoría A dispara de manera vertiginosa las pretensiones del festival, que hasta hacia pocos meses atrás se limitaba a incluir un puñado de cintas en su repertorio. El aumento del número de largometrajes propicia las posibilidades de que cada país se vea representado en la misma medida en que se multiplican las amenazas de que una industria pise a otra. De repente todos quieren formar parte de la Berlinale, y el primer latino en conseguirlo fue el mexicano Alfonso Corona Blake con “El camino de la vida” (1956), que se llevó una mención de honor. Repitió México con “Tizoc” (Ismael Rodríguez, 1957), “Canoa” (Felipe Cazals, 1976), “Los albañiles” (Jorge Fons, 1977) y “Cabeza de vaca” (Nicolás Echevarría, 1991).

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Se sumaron Argentina con “Diario” (Juan Berend, 1960), “No exit” (Tad Danielewski, 1962), “Los siete locos” (Leopoldo Torre Nilsson, 1973), “La Patagonia rebelde” y “No habrá más penas ni olvido” (Héctor Olivera, 1974 y 1983) o “En ausencia” (Lucía Cedrón, 2002); Brasil con “Os Fuzis” y “A queda” (Ruy Guerra, 1964 y 1976), “Brasil año 2000″ (Walter Lima Jr., 1969), “Toda nudez será castigada” (Arnaldo Jabor, 1973), “Animando” (Marcos Magalhaes, 1983), “A hora da estrela” (Suzana Amaral, 1986) o “Plano secuencia” (Patricia Moran, 2002); Venezuela con “Chimichimito” (José Martin, 1960); Cuba con “El brigadista” (Octavio Cortázar, 1977) y “Fresa y chocolate” (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1994); y Chile con “La frontera” (Ricardo Larraín, 1991) y “Lo que trae la lluvia” (Alejandro Fernández Almendras, 2007).

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Después de la fiebre de 1956, no volvió a verse una selección tan rebosante hasta 1982, con treinta y nueve largometrajes, pues el certamen quiso aplicar una política de criba más exhaustiva con las películas a concurso que permitiese la entrada de, si no todos los continentes, al menos la mayor parte de ellos. Esto explica la ausencia de aglomeraciones de un país determinado, el aumento de las coproducciones y el monopolio entre los representantes latinoamericanos de las industrias más desarrolladas —en 1990 llegó a haber tres cintas brasileñas en el programa—, aunque Europa Occidental continúe copando las candidaturas y el palmarés. Sin embargo, una parte destacada las películas latinoamericanas presentadas enarbolaron alguna estatuilla al término del certamen, sobre todo Osos de Plata para actores, Premios del Jurado y menciones de honor, algunos de los laureles que esperará oler Claudia Llosa el próximo Día de San Valentín, si es que el jurado se enamora de “La teta asustada”.

En las imágenes: En primer y último lugar, fotogramas de “La teta asustada” © 2008 Wanda Visión. Todos los derechos reservados. “Tropa de élite” © 2007 Alta Classics. Todos los derechos reservados. “La Cenicienta” © 1950 Walt Disney Productions. Todos los derechos reservados. El Oso de Plata, el Oso de Oro y el Oso de Cristal otorgados por la organización © 2009 Internationale Filmfestspiele Berlin. Todos los derechos reservados. Imagen promocional de Gael García Bernal en “La ciencia del sueño” © 2006 Vértigo Films. Todos los derechos reservados. Fotogramas de “La Patagonia rebelde” Copyright © 1974 Aries Cinematográfica Argentina. Todos los derechos reservados. Y “Fresa y chocolate” © 1994 Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC), Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), Miramax Films, SGAE, Tabasco Films y TeleMadrid. Todos los derechos reservados.

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4 - Tarea 1 « Nuevos Medios - 17:01 - 01.09.09

[…] Reportajes relacionados con la película: http://www.cinelatinoamericano.org/cineasta.aspx?cod=543 http://reportajes.labutaca.net/2009/02/12/la-teta-asustada-ultima-representante-de-una-historica-pre…   2. Resumen: En relación a la película “La Teta Asustada” cabe resaltar que no se ha […]



3 - LaButaca.net » Opinión de cine - 20:37 - 22.02.09

“La teta asustada”: Respirar para vivir sin miedo…

El Oso de Oro viajó de Berlín hasta Perú porque una cinta modesta y de pequeño presupuesto logró meter el miedo en el cuerpo al jurado y al espectador de la Berlinale. El título “La teta asustada” alude a ese miedo provocado por Sende…



2 - Almudena Muñoz Pérez - 14:24 - 19.02.09

No, fue premiada en Cannes dentro de la sección “Un certain regard”.



1 - JP - 14:09 - 13.02.09

Pregunta, whisky no estuvo premiada en berlin? Gran pelicula por cierto. Gracias



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