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“La zíngara y los monstruos”: Ponga uno en su vida

Escrito por el 31.03.08 a las 15:42
Archivado en: Años 40, Críticas, Hollywood, Personajes, Terror

El arma más poderosa del cinéfilo, cinéfago o etiqueta que se antoje es precisamente su amor desmesurado. El mismo que conduce a escoger películas que otros enseguida pasarían por alto o cuyo simple título provoca una hilaridad unánime. Como todo sentimiento poderoso, el riesgo de darse un buen batacazo se duplica, y esas cintas inocentes, de limitados recursos y para las cuales el tiempo no ha sido el mejor aliado suponen tanta empatía como tristeza. El terror clásico ofrece algunos de los mejores ejemplos, pues si ya de por sí obras ‘serias’ están hoy perjudicadas de muerte, los subproductos que nacieron de su fantasmagórica estela agonizan de una forma que da pena. “La zíngara y los monstruos” (1944), de Erle C. Kenton –quien ya había dirigido “El hijo de Frankenstein” (1942)–, sirve de compilación de los componentes esenciales del terror made in Universal, así como de todo lo que no debe hacerse tras el triunfo de unos argumentos entre el público –a pesar de que la tendencia hacia el remix y el potaje de monstruos continúa dando de comer a muchos… creadores–. El Hombre Lobo, Frankenstein y Drácula, estrellas de sus respectivas joyas individuales, caen en el mismo guión según la regla no escrita que insta a sumar lo que por separado otorga pingües beneficios.

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El cine no es matemático, y la acumulación redunda en algo insuficiente e incoherente, que transmuta lo reconocible en lugar común. Porque a las tres criaturas se unen el científico loco, el ayudante jorobado, la zíngara, la turba popular con antorchas en ristre y una trama escuálida, falta de ritmo. Es más, en vez de asistir a un curioso combate y/o alianza tripartita, el primer tramo recupera sólo a Drácula, como un pequeño corto de herencia Stoker que se ha unido al resto del metraje. Incluso la conclusión de esa mini-historia se realiza mediante un abrazo de enamorados y un fundido a negro, por lo que continuar las andanzas del doctor chiflado en lugar de colgar el The End requiere un nuevo esfuerzo, como toda narración episódica. Sin embargo, Frankenstein y el Hombre Lobo sí actúan a la par –los dos congelados en una cueva de hielo que se mantiene intacta bajo un prado reseco, enigmas de la naturaleza–, aunque el primero viva la persecución de siempre y el segundo desempeñe la función romántica requerida. El único tópico incumplido es el de los intérpretes: el director ni siquiera contó con los actores de “El hijo de Frankenstein”, lo cual revela la escasa decisión creativa en estos productos, y sustituyó a Bela Lugosi por un soso John Carradine en la piel del vampiro, y Boris Karloff se encargaba del científico mientras un desconocido Glenn Strange se atornillaba a lo Frankenstein.

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Lon Chaney Jr., hijo del maravilloso Lon Chaney, sí repetía el Hombre Lobo que inmortalizó en 1941, aunque apenas tenga unos planos caracterizado como tal en toda la película. Engarzados, todos ellos componen un planteamiento atractivo, una cita mágica para el aficionado al terror clásico, y que por desgracia se derrumba como esos escenarios de cartón piedra que ya han perdido todo rastro expresionista –sólo se salvaría la vampirización mostrada mediante sombras, aunque los torpes efectos especiales no pulan la idea–. ¿Vale más esta mezcolanza de serie B que, por ejemplo, la parafernalia “Van Helsing” (2004)? En caso afirmativo, ¿cuál es el criterio que lo decide? ¿Tan sólo la nostalgia? En términos cualitativos, no hay duda de que en muestras más recientes la puesta en escena e, incluso, algunos enredos e interpretaciones se han reformado para bien, aunque se tomen demasiado en serio a sí mismas. La diferencia, quizá, estribe en la risa: uno se ríe de los nuevos y con los viejos. O eso o el amor cinematográfico tiene una capacidad de perdón infinita.

En las imágenes: Fotogramas de “La zíngara y los monstruos” – Copyright © 1944 Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

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4 - Patricio Guerrero - 5:19 - 13.08.17

Es buena la pelicula



3 - LaButaca.net » Reportajes de cine - 19:23 - 14.03.09

“Underworld: La rebelión de los licántropos” y los enemigos de los vampiros…

Quien acuda a ver “Underworld: La rebelión de los licántropos” o cualquiera de sus precedentes pensando que se va a encontrar una propuesta original por aquello de ver vampiros contra hombres lobos, que se lo quite de la cabeza. Nada más…



2 - Manuel Márquez - 20:03 - 31.03.08

O sea, compa Almudena, que, según cuentas, los del Alien vs. Pedrator, o Jason vs. Freddy, puestos a no inventarse, no se han inventado ni siquiera el planteamiento. Y que la cosa viene de antiguo (y bien antiguo). En fin, supongo que tienes razón en que el paso del tiempo genera una indulgencia quizá inmerecida en base a la calidad intrínseca del producto (será por aquello de que el olor a aquello que todos imaginamos, ya se ha disipado…).

En cualquier caso, sí que te doy la razón en eso de que hay que ser muy cinéfago para digerir según qué cosas. Te lo dice uno que, de vez en cuando, se mete entre pecho y espalda alguna de Jackie Chan (o similar…).

Un abrazo.



1 - Almudena Muñoz Pérez - 15:44 - 31.03.08

Nota para rastreadores: en nuestro país la película se ha reeditado bajo el título “La mansión de Frankenstein”, que traduce el original “House of Frankenstein”, aunque el primer título español fuese mucho más romántico.



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