Síguenos

“Larga es la noche”: A la hora menos pensada, empezó a nevar

Años 40

“Larga es la noche”: A la hora menos pensada, empezó a nevar

Ayer cayó la primera nieve de diciembre y eso me hizo recordar el solsticio de invierno, la temida Navidad que sólo parece blanca en los anuncios y… a Carol Reed. No me refiero a su archifamosa “El tercer hombre” (1949), poco apropiada para las programaciones de estas fechas, sino a aquélla que serviría de prueba para todos los que acusan al director de inutilidad funcional. ¿Rodó la mayor parte de las escenas Orson Welles? La galería de angulaciones extremas e iluminación expresionista parecen confirmarlo, pero si recuperamos “Larga es la noche” (1947), anterior a dicha película y a la acción de Welles, las señas de identidad de Carol Reed ya se habían perfilado. La inconveniencia de comparar ambas películas subyace en que la confianza narrativa depositada en un montaje y planificación osadas carecería de coherencia cinematográfica. ¿Un capricho de Reed el alardear con la cámara como toque descriptivo de cada historia?

Sin embargo, y a pesar del valor indiscutible de “El tercer hombre”, ésta producción me resulta más cercana a su verdadera identidad, incluso una impremeditada visión complementaria del guión de Graham Greene. “Larga es la noche” narra la huida nocturna de un miembro de un grupo clandestino en Belfast (James Mason), perseguido por la policía. Su recorrido de callejuelas y escondrijos urbanos nos sitúa en el punto de vista de aquel Orson Welles escondido en las alcantarillas de “El tercer hombre”… y quizá también tras el objetivo. Si en ésta la culpa constituía una revelación dolorosa para Joseph Cotten, en el caso del nacionalista irlandés lo acompaña como una herida –física y emocional–, sin vueltas de tuerca, giros argumentales ni dobleces morales. El resguardo en los bajos fondos supone para el protagonista un retroceso al pasado, gracias al cual puede purgar la suciedad de su conciencia hasta encontrar cosas bellas donde sólo había desesperanza: unos niños jugando o una pareja furtiva.

Persiguiendo la libertad descubrió la cárcel en la que se pudrían sus buenas intenciones, enrejadas de remordimientos. Y como en el conflicto pesa más lo humano y lo particular –la venganza, el amor– que lo colectivo, el activista cae porque necesita caer, rendirse ante sus actos viles disfrazados de ideología para no volver a cometerlos nunca. Quizá resulte un poco evidente el paseo noctámbulo de un hombre perseguido por su sombra, proyectada en las paredes como una externalización de sus miedos y arrepentimientos. Esa facilidad visual no reduce la belleza de un camino inverso que todo ser humano acomete en algún momento de su vida, como este thriller tocado por otros palos genéricos, de apariencia fría y contenido trémulo. Ah, sí, y la nieve. “Larga es la noche” no desea felices fiestas, pero regala una de las nevadas más poéticas de la pantalla –¿influida por “Los violentos años veinte” (1939)?–. El fin natural de un recorrido oscuro, el manto espontáneo que cubre la derrota del hombre transformándola en victoria. Porque cuando la nieve lo oculta todo sólo queda el silencio, ese gran lienzo en blanco sobre el que todo es posible.

En las imágenes: Fotogramas de “Larga es la noche” – Copyright © 1947 Two Cities Films. Todos los derechos reservados.

Continue Reading
Publicidad

Estrenos de cine

Guía de películas

Subir