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Los pelajes del Hombre Lobo: Cambios estacionales… y genéricos

Escrito por el 28.11.07 a las 15:18
Archivado en: Cine americano, Historia, Personajes, Terror

Si aullásemos bajo la enorme luna del cine, una como aquella tan falsa que iluminaba el plató de “El show de Truman” (1998), reuniríamos un elenco de licántropos irreconocibles entre sí. Ahí está la ventaja de las familias: todos distintos y todos condenados a aguantarse. Primero llegarían los tópicos, los parientes pesados: Jack Nicholson en la comedia “Lobo” (1994) –me dicen que es de terror, allá ellos–, “Un hombre lobo americano en París” (1997), el primo feo feo feo de “Un hombre lobo americano en Londres” (1981),  y Lon Chaney Jr. rodeado del clásico aroma de “El hombre lobo” (1941) icónico, aunque se trajese a toda la panda de Frankenstein, Dr. Jekyll, el Yeti, Drácula y demás compañeros de secuela, resecuela y refrito. Después aparecerían los familiares que quieren dar el cante llegando un poco tarde: los engendros digitales de “Van Helsing” (2004), “La marca del lobo” (2007) o “Romasanta, la caza de la bestia” (2004), y los entrañables efectos especiales de “En compañía de lobos” (1984) .

 

Y al final del todo, cuando la fiesta ya lleva rato y a Paul Naschy se le ha empezado a ir la olla con el olor a sangre y la música de “American Graffiti” (1973), nadie se percata de los parientes menores, siempre olvidados: de “Miedo azul” (1985), made in Stephen King, “El lobo humano” (1935) originario, la bestia peluda del “Drácula, de Bram Stoker” (1992), y, sobre todo, los jovenzuelos. Michael Landon –sin disfraz, ¿no?– fue el primero en repartir sustos con “Yo fui un hombre lobo adolescente” (1957), pero ahí viene el incombustible Michael J. Fox enfundado en un hortera traje blanco y “De pelo en pecho” (1985) –película que, por cierto, fue la primera en decir eso de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad–, y me viene a la memoria la canción de la serie de dibujos que resultó de este estreno y que hacía del aullar un símbolo adolescente. Una reunión de órdago, una celebración del pelo, de Hobbes, de los mordiscos asesinos y los lametazos cariñosos. La desventaja es que los licántropos, y en especial si de fondo hay un DJ ochentero, bailan fatal.

En las imágenes: Michael J. Fox antes y después de su transformación en “De pelo en pecho” – Copyright © 1985 Wolfkill. Todos los derechos reservados.

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