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M. Night Shyamalan y las contrautopías

Cine americano

M. Night Shyamalan y las contrautopías

Y el sueño desapareció. Los muertos no reviven, los superhéroes se rompen y los extraterrestres escupen sobre la bandera blanca. M. Night Shyamalan se vuelve aún más pesimista, en sentido proporcional a los duros varapalos que recibe, tanto por parte de crítica y público, a costa de sus dos últimas producciones, “El bosque” (2004) y “La joven del agua” (2006). Relatos de estructura folclórica e infantil, rellenos de un contenido agrio que choca de lleno con el espíritu naturalmente romántico del director. Los misterios pierden cada vez más importancia y se antepone el plano de sensaciones anímicas y audiovisuales que no satisface del todo a quienes siguen buscando el final de “El sexto sentido” (1999) o la intensidad dramática de “Señales” (2002). Comprendo su aburrimiento tanto como la fascinación de quienes encuentran en ellos hermosas metáforas, nada rimbombantes, de la contrautopía que poco a poco ha escalado en el imaginario del director.

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“El bosque” se puso a sí misma las cosas difíciles con una ambientación de época, en el campo de Pennsylvania, muy poco atractiva para el público joven, además de un subtexto político obvio, pero al que muchos críticos dieron excesiva importancia. El miedo se hace más explícito –el diseño de los monstruos, como sucedía en “Señales”, tampoco resulta muy acertado– y la atmósfera se carga de amenazas eléctricas y neblinosas, al estilo de “Cumbres borrascosas” (1939), que invocaba el propio director, pero también de películas con poblados inquietantes como “El hombre de mimbre” (1973), “Un cuento de Canterbury” (1944), “El doctor Frankenstein” (1931), “El cuervo” (1943) o, incluso, “El espíritu de la colmena” (1973), si Shyamalan conoce el clásico español. El reflejo oscuro y perverso de la ídilica paz en la que viven los habitantes de “Brigadoon” (1954) o “¡Qué verde era mi valle!” (1941), un tradicional cuento de convivencia apacible rota por un elemento perturbador que representa muchos temores del subconsciente. El problema es que dicha atmósfera de época sabe a añejo para la renovación de una monster story al uso, aunque después se revele como un rasgo necesario para el alma de la historia.

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Al igual que las cintas previas del director, la causa de los miedos tiene más peso interno que externo, en especial por la defensa de una inocencia temporal, emocional y cinematográfica prácticamente extinta. La contrautopía, la pérdida de la esperanza, adquiere forma en esos individuos escindidos de la naturaleza y de la sociedad, dos focos de amenaza que se repiten en “La joven del agua”. Sin embargo, esta última película sortea la imposibilidad de la lucha, y acepta la contrautopía como un enemigo común que puede ser enfrentado. No en vano Shyamalan parte de una fábula original que contaba a sus hijos antes de dormir, lo cual confiere a la cinta un aire más ingenuo y vulnerable a las críticas. Las ninfas no resultan prolijas en la Historia del Cine, menos aún con el talante realista de una Bryce Dallas Howard pálida y larguirucha. El toque fantástico de la película y el propósito épico de los personajes la aproximaría a películas del calado de “Legend” (1985) o, dios mío, hasta una versión seria de “Un, dos, tres… splash” (1984).

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El asombro con que la vecindad de un suburbio de Philadephia asiste a los acontecimientos fantasiosos, que creen a pies juntillas, es la causa de la hilaridad de gran parte del público, un mal cínico inevitable al que Shyamalan quería vencer con una historia de historias –no es casual que la ninfa se llame Story–, su particular defensa de la imaginación dentro del pasado de la literatura y el séptimo arte. Las demás características ya comentadas siguen haciendo acto de presencia en ambos films: la narración sonora, los accidentes fatales, las parejas separadas, la verdad en manos de quien todos desoyen –en “El bosque”, en vez de un niño es Noah (Adrien Brody), el tonto del pueblo–; marcas visuales como los reflejos, el agua, los colores simbólicos, la cámara que se desliza hacia donde no hay nada, dejando lo importante en off, y los maravillosos scores de James Newton Howard. Este díptico de la vida en comunidad antecede a la desestructuración social definitiva en “El incidente” (2008) –frente al núcleo familiar de “Señales”, la más próxima temáticamente–, la renovada oportunidad de Shyamalan de ganarse a críticos y espectadores escépticos que puede verse a partir de hoy en los cines, antes de que se agote el tiempo para un final feliz…

En las imágenes: Fotogramas de “El incidente” – Copyright © 2008 20th Century Fox, UTV Motion Pictures, Spyglass Entertainment y Blinding Edge Pictures. Fotos por Zade Rosenthal. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados. “El bosque” – Copyright © 2004 Touchstone Pictures, Blinding Edge Pictures y Scott Rudin Productions. Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos reservados. “La joven del agua” – Copyright © 2006 Warner Bros. Pictures, Legendary Pictures y Blinding Edge Pictures. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados.

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