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M. Night Shyamalan y sus orígenes incidentales

Escrito por el 09.06.08 a las 21:27
Archivado en: Años 90, Cine americano, Directores, Guionistas

El director de origen hindú, para muchos de nombre impronunciable –no se quejarían tanto si conociesen su nombre de nacimiento: Manoj Nelliyattu Shyamalan— tiene un problema. Sus detractores estarán ya asintiendo, pero la traba no tiene que ver con él o su cine, sino con su público. Pocos cineastas horneados en Hollywood en la última década son capaces de despertar tanta expectación y tan encendidos debates antes y después de que los estrenos lleguen a las salas. Debería valorarse como algo positivo que unas películas, al margen de que convenzan más o menos a unos u otros, remuevan tanta reflexión y sano apasionamiento. El problema, decía, es que gran parte de los espectadores de M. Night Shyamalan se dividen en bandos enfrentados, aunque cada cual tenga su propia jerarquía de cintas preferidas. Hace tiempo que se abrió una lucha de trincheras donde se intercambian bombazos, opiniones cargadas de ira o amor sin apenas argumentos y mucha ansia por tener la razón. Algunas convenciones no escritas han terminado asumiéndose globalmente a causa de ese enfretamiento: películas que son indiscutibles obras maestras —“El protegido” (2000)– y otras que huelen a timo, por no decir cosas más fuertes — “La joven del agua” (2006)–.

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¿De dónde procede tanta decepción acumulada? A Shyamalan se le exige demasiado, y entiéndame, es necesario exigir, pero no de una manera que aniquila la libre creatividad del autor y la disparidad de juicios. Parte del problema provendría, pues, del propio director, ¿culpable? de sembrar la cultura del giro final con “El sexto sentido” (1999). Pero no debe olvidarse que ni fue el primero en recurrir a tan discutible estrategia narrativa ni por su eficacia todas sus historias deben, forzosamente, acudir a ella. Los estudios o su propio ego han marcado una tendencia continuista que tarde o temprano acabaría cansando a quienes antes aplaudían el truco. A quienes se hartan de la atracción con cinco loopings y piden que la siguiente tenga diez, o quince. Salvando las distancias, Alfred Hitchcock también sufrió de ataques similares, algunos de los cuales hoy consideramos injustificados y verborreicos. Como dice un personaje de la serie “Mad Men”, ambientada en 1960, «¿Has visto “Psicosis”? Menuda tontería». No importa que sus películas se califiquen de forma obtusa como buenas o malas, lo que interesa es que Shyamalan es un buen alumno.

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Pupilo del mismo maestro del suspense, de quien ha estudiado en profundidad los juegos de planificación, los simbolismos y los MacGuffin. Sin embargo, al contrario del famoso y orondo cineasta inglés, Shyamalan tiende a tomarse demasiado en serio a sí mismo y a sus relatos, defecto que hace tan previsibles las parodias basadas en sus más antológicas escenas –¿quien puede olvidar la versión que presentó “El Informal” del «en ocasiones veo muertos» de “El sexto sentido”? Eso sin contar que su presencia ya es de honor en la “Scary Movie” que toque cada año–. En ese sentido, el director se aproxima más a Spielberg, colega por quien profesa reconocida admiración –dice que su película favorita es “En busca del arca perdida” (1981)– y de quien ha imitado la factura técnica perfecta y de amplia cobertura promocional –las últimas de tono equivocado, de ahí las expectativas defraudadas y los desastres de taquilla–. A caballo entre semejantes reyes Midas, Shyamalan cultiva su universo de obsesiones visuales y temáticas, coherente con el entorno comercial en el que se mueve y, por eso mismo, menos autor de lo que los más exquisitos necesitan para regalarle algún elogio.

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Ejemplo de director fabricado a sí mismo, pues sus primeras producciones poco o nada tenían que ver con la carrera emprendida tras “El sexto sentido”, su alumbramiento mediático. Tras graduarse en la Universidad de Nueva York, firma “Praying with anger” (1992), el retorno de un joven a su India natal, premisa con un fuerte componente autobiográfico, algo usual en un debut. Shyamalan, nacido en el distrito de Mahé en la región de Pondicherry, al sureste de la India, se crió en Penn Valley, Philadelphia –ciudad en la que ubica todas sus historias, si no en el estado de Pennsylvania–, cuando sus padres, dedicados a la medicina, prefirieron ejercer en los Estados Unidos. Este primer largometraje es además el modelo de su sistema de trabajo posterior: él dirigía, escribía, producía y actuaba, el punto flaco de su afán por personalizar sus películas –ha aportado cameos en todas, algo más consistentes que los típicos de Hitchcock, salvo “La joven del agua”, donde se reservó un papel clave del reparto–. Tardó varios años en repetir: “Los primeros amigos” (1998) se ambienta en un colegio católico similar a aquél en el que Shyamalan fue educado –la Academia Episcopal de Lower Merion, también en Pennsylvania–.

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Un guión sentimental y un cast de segunda fila anuncian una cinta familiar típica para la sobremesa de los sábados, pero se trata de una cinta menos insultante de lo que parece, un sencillo ejercicio romántico de aquel otro niño, el que grababa con su Súper-8 en el jardín de la urbanización en Penn Valley. Además, aunque ya no sean protagonistas absolutos de sus películas, los niños siempre representan un rol destacado y vital para los adultos de sus últimas producciones –a excepción de “El bosque” (2004)–. Y las creencias, religiosas o sobrenaturales, ocupan otra parcela destacada de su filmografía, a veces de declarado tono católico — “Señales” (2002)–, pero nunca de manera dogmática, sino entre la viablidad del agnosticismo y la urgencia de aferrarse a algo sólido. La lista de lugares comunes y particulares de Shyamalan se completa con elementos tan distintivos y distintos entre sí como los colores, el agua, los accidentes de tráfico, los reflejos, la frontalidad de los personajes o la panorámica horizontal como punto y aparte de escenas que acumulan tensión, positiva o negativa. Elementos muy plásticos que se complementan con su confianza absoluta en la fuerza, narrativa y empática, del sonido y la música, siempre en manos del fiel James Newton Howard, uno de los mejores compositores norteamericanos vivos.

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“Los primeros amigos” fue un batacazo de taquilla que hace difícil imaginar de qué manera Shyamalan consiguió la confianza suficiente para un proyecto del calado de “El sexto sentido”. Quizá la eficiencia de su guión para… ¡“Stuart Little” (1999)! O alguna clase de protección desconocida que lo convirtió, de la noche a la mañana –nunca mejor dicho– en imán para el dinero, los actores prestigiosos y los fanáticos que han contribuido a su reciente y natural caída de popularidad. Una hilera de piezas de arte indiscutibles me habría dado más miedo que todos sus fantasmas y criaturas fantásticas juntos. Porque entre todos ellos se encuentra un director humano que profundiza en su estilo, a riesgo de bofetadas ajenas, antes de reintentar como un científico chiflado la fórmula del primer día –algo que parodiaba el episodio “Imaginationland” de “South Park”, con el gobierno pidiéndole ayuda antes de a Michael Bay o Mel Gibson–. “El incidente” (2008), de la que afortunadamente tenemos pocos datos, podría ser tanto una concesión a los estudios tras su última boutade como una espiral de rencores con que vengarse de los quejicosos. Sea uno u otro caso, la etiquetarán de buena y de mala, se lanzarán bombazos y el humo no dejará ver la película en sí ni escuchar a los otros en calma, sin insultos de por medio. Todo lo contrario de lo que reivindica Shyamalan, defensor a ultranza de una utopía personal, familiar y comunitaria que ya no es posible.

En las imágenes: M. Night Shyamalan, a la derecha, durante el rodaje de “El incidente” – Copyright © 2008 20th Century Fox, UTV Motion Pictures, Spyglass Entertainment y Blinding Edge Pictures. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Fotos por Zade Rosenthal. Todos los derechos reservados. Fotografía de rodaje de “La joven del agua” – Copyright © 2006 Warner Bros. Pictures, Legendary Pictures y Blinding Edge Pictures. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Señales” – Copyright © 2002 Touchstone Pictures. Distribuidora en España: Buena Vista International. Todos los derechos reservados. Fotograma de “El protegido” – Copyright © 2000 Touchstone Pictures. Todos los derechos reservados. Fotografía de rodaje de “El bosque” – Copyright © 2004 Touchstone Pictures, Blinding Edge Pictures y Scott Rudin Productions. Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Imaginationland” – Copyright  © Comedy Central y Comedy Partners. Todos los derechos reservados.

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