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Anécdotas y curiosidades

«Mongol» y otras grandes gestas del cine

Hay personas que mueven el mundo, nombres que pasan a la historia de la humanidad porque son ellos quienes la forjan y cambian sus rumbos por siempre. Son figuras excepcionales capaces de mover ejércitos bajo su mando, de embarcarlos en empresas imposibles que significan sacrificio, entrega y muerte. La enormidad de estos tipos es tal que ni siquiera se pueden replantear en los términos analíticos de su ego, porque trascienden todos ellos y se configuran como los hombres que más cerca estuvieron de ser dioses en la Tierra, hombres que ostentaban poderes e imperios inimaginables y cuyos actos, que en ocasiones podían incluir masacres infundadas, se creían por encima del bien y del mal.

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El cine encontró en ellos una magnífica fuente de inspiración y algunos de los mayores desafíos a los que jamás se iba a enfrentar. «Mongol» es el último ejemplo de esa estirpe centrada en figuras únicas por las increíbles historias que las envuelven, relatos en los que uno acude a sabiendas que va a contemplar toda la magnificencia del cinematógrafo desplegada ante nosotros. El biopic de Genghis Khan era una cuenta pendiente que saldar con uno de los más grandes conquistadores de la historia. A caballo entre el siglo XII y el XIII, Genghis Khan dominó uno de los imperios más vastos que ha contemplado el mundo, lo cual le iba a convertir en objetivo potencial de un arte que aún tardaría siglos por venir, pero que habría de tratarle con la majestuosidad y el despliegue de medios que la película de Sergei Bodrov ha dispuesto. Esta superproducción realizada con los esfuerzos de Rusia, Alemania, Suiza, Kazajistán y Mongolia llega a nuestras carteleras para contarnos la historia del emperador mongol, desde su niñez hasta su alzamiento e iniciación del imperio. Es cine épico con mayúsculas, un cine cuyo campo de batalla con la crítica suele encontrarse en sus más y sus menos con la fidelidad histórica, cuyas fronteras con esta se diluyen en pos de la épica y la leyenda. Pero un cine que, en cualquier caso, ofrece un espectáculo inigualable ante nuestros ojos.

Genghis Khan es el último de la lista, pero no olvidemos los ilustres nombres que pasaron por las pantallas con la excusa de la historia y la gloria del celuloide. Napoléon, por ejemplo, fue retratado en 1927 por Abel Gance en su épica inconmensurable en méritos y metraje (378 minutos), interpretando Albert Dieudonné a un emperador francés que volveríamos a ver 29  años después en otra monstruosidad cinematográfica llamada «Guerra y paz» (206 minutos). La adaptación que King Vidor realizó sobre la novela de Leo Tolstoy sería una de las películas más caras jamás filmadas que, sin embargo, quedaría empequeñecida cuando la Unión Soviética decidió realizar su propia adaptación, convirtiendo a la «Guerra y paz» de 1968 en la que aún hoy muchos señalan como la producción más cara de la historia (teniendo en cuenta la inflación, se estima que el filme hoy hubiera costado unos 700 millones de dólares).

Dejando cifras aparte, es de recibo señalar que otras figuras históricas fueron llevadas al cine en forma de películas enormes que nunca escatimaron medios para trasladar el valioso material que se traían entre manos. Es el caso de Juana de Arco, llevada a cabo, entre otros, por Carl Theodor Dreyer en 1928 o Luc Besson en 1999. Julio César también saltaría a la gran pantalla en repetidas ocasiones, siendo Marlon Brando el más famoso de todos ellos en la revisión que Joseph L. Mankiewicz hizo sobre la obra de William Shakespeare. Pero sería su amante Cleopatra la protagonista de otra de las grandes épicas biográficas que ha dado el cine: la «Cleopatra» de 1963, protagonizada por Elizabeth Taylor y también dirigida por Mankiewicz, significó un derroche de medios que a punto estuvo de llevar a la bancarrota a la 20th Century Fox. Pese a los desastres económicos de la empresa, nunca el antiguo Egipto fue tan majestuoso como entonces, ni siquiera con un Cecil B. DeMille tras la cámara que ya lo había intentado en 1934. Otras reinas que han pasado por tronos cinematográficos son la reina Cristina de Suecia, encarnada por la entonces reina en la pantalla, Greta Garbo, o Isabel I, incorporada por dos veces por una brillante Cate Blanchett.

Caso especial es el del Teniente Coronel T.E. Lawrence, una de esas figuras que el cine no sólo ha representado, sino agigantado con uno de sus mayores logros. «Lawrence de Arabia» nos mostró al héroe y al aventurero, al sanguinario y al ingobernable en una película que el británico David Lean hizo más grande que la vida misma. Libertador y conquistador, desde entonces pocas veces el cine se ha entregado de tal manera a ningún nombre de la historia. Quizá lo intentaran Bernardo Bertolucci con la figura de Puyi en «El último emperador» o, en menor medida, Martin Scorsese con la del Dalai Lama en «Kundun». Pero ni siquiera Oliver Stone, pese a la buena disposición que había demostrado para el biopic en «Nixon», supo desarrollar en «Alejandro Magno» una épica a la altura del personaje biografiado. Y es que desafiar a la historia con el cine es una apuesta muy alta en la que rara vez el séptimo arte acaba ganando. Esperemos que esta vez, Sergei Bodrov y su Genghis Khan corran mejor suerte.

En las imágenes: Arriba, fotograma de «Mongol» © 2007 Karma Films. Todos los derechos reservados. En el medio, fotograma de «Napoleón» © 1927 Société Générale Des Films, Westi y UFA. Todos los derechos reservados. Abajo, fotograma de «Lawrence de Arabia» © 1962 Columbia Pictures Industries, Inc. Todos los derechos reservados.

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