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“Plácido” (que no tranquilo…)

Años 60

“Plácido” (que no tranquilo…)

Producto berlanguiano químicamente puro: bajo una superficie engañosa, compuesta de un tráfago un tanto caótico de personajes —que entran y salen de escena de manera que, en ocasiones, puede parecer desordenada— y una sucesión ininterrumpida de gags en los que un poso de amargura no permite arrancar algo más allá de una sonrisilla nerviosa, corre por el celuloide de un filme como Plácido” la dosis de veneno suficiente como para inmovilizar a una manada de elefantes.

La denuncia de una moral nacional-catolicista que divide al país entre pobres y ricos (sin que por ello podamos apreciar que los unos son mejores que los otros, o viceversa: la miseria ética lo invade todo) y el retrato descarnado de una España que, fielmente representada por ese pueblo imaginario que bien puede ser cualquiera de los de nuestra geografía, aún dista mucho de haberse elevado a un mínimo nivel de dignidad material, desde las ruinas dejadas por la conflagración incívica de finales de los años 30, son los ejes vertebradores de este vitriólico producto en el que la ternura que tiñe a algunos de sus personajes no sirve más que para desazonarnos aún algo más de lo que estamos habituados a soportar. Y desde tales ejes vertebradores, al igual que al despliegue de una historia trenzada con precisión de orfebre, minucioso y detallista —aun en apariencia tan abigarrada y tendente al disparate—, también asistimos a un ejercicio actoral de primerísimo orden, a cargo de una batería de intérpretes que, sabiamente dirigidos por el maestro Berlanga, nos hacen entender, de manera clara, por qué en nuestro país, la cantera cómica siempre ha sido feraz, inagotable.

Desde su protagonista, Cassen, un genial Casto Sendra, que, proveniente del mundo del humor vodevilesco, demostraba su capacidad para enhebrar un personaje de engañosa sencillez con un aplomo magistral, hasta una interminable nómina de secundarios, encabezados por el sin par José Luis López Vázquez, que hacen de “Plácido” una experiencia de auténtico gourmet para todo aquel que entienda que el cine, más allá de cuestiones técnicas y narrativas, es, fundamentalmente y además de éstas, un asunto de artistas, especialistas del noble oficio de la encarnación impostada. Los que hacen de este filme berlanguiano, junto a sus creadores, una obra que, aún a día de hoy, casi cuarenta años después de su estreno, sigue siendo una auténtica lección de cine. Y un ejercicio de diversión asegurada. También. ¿Hay quién dé más…?

En las imágenes: Fotogramas de “Plácido” – Copyright © 1961 Jet Films, S.A. Todos los derechos reservados.

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