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Podemos vivir sin Dumas: Nefastas (y no tanto) adaptaciones (Parte II)

Escrito por el 17.01.08 a las 22:59
Archivado en: Aventuras, Cine americano, Cine europeo, Historia, Personajes

Tras la incontestable supremacía de “Los tres mosqueteros” en las adaptaciones de Alexandre Dumas –por número y popularidad–, el segundo pilar en los cineastas que creen –pobrecitos– probar suerte con el escritor galo sería sin lugar a dudas “El conde de Monte Cristo”. Novela compilatoria de todas las tramas de venganza posibles, cuando las ideas del estudio no han dado para más siempre aguardaba un Edmundo Dantés al que mejor hubiese sido dejar otros siete años en el calabozo de las bibliotecas. Y es que, como comentábamos en las características generales de su obra, la densidad del Monte-Cristo ofrecería buen material para seis películas distintas, pero que indudablemente perderían la riqueza del original al escindirlas de aquéllas que le otorgan sentido. Por ese motivo, las penurias de Dantés, su enamorada Mercedes y el malévolo Morcef no se han amoldado con soltura al medio cine, obligado por causas de metraje y teorías narrativas a acortar un holgado vestido que muchas veces se transforma en simplón biquini –y no, no hay escenas picantes en sus traslaciones–.

Aquí también existen versiones datadas en la época silente: 1908 es la fecha de nacimiento de una breve mirada al mítico relato. Después de otro par de intentonas superfluas, el galán John Gilbert introdujo la figura de Edmundo con toda la presencia elegante y sofisticada que requerían los gustos norteamericanos en “Monte Cristo” (1922) –recordemos que el protagonista es italiano y Gilbert lucía esa silueta alargada y morena, poco anglosajona–. Sin embargo, el actor debería haber leído en aquella invisibilidad el anuncio de su futuro declive: una versión francesa de 1929 –y resulta curioso que el país originario de Dumas haya sido menos prolífico al fijarse en él– precede a la versión más ‘lujosa’ de Hollywood en 1934, con Robert Donat y dirigida por Rowland V. Lee –quien también se atrevería con “El hijo de Monte-Cristo” (1940), los mosqueteros y un biopic sobre Richelieu (ambos en 1935)–. A partir de este momento la fiebre Dumas se extiende hacia Europa y Sudamérica, especialmente en formato seriado para televisión, que consigue recuperar sus detalles a la par que acentúa la progesión de telenovela interminable. La variedad cubre todos los gustos y colores, incluida la animación, no tan exitosa como en el caso de “Los mosqueperros”, y todavía podemos encontrar nombres célebres vinculados a estos proyectos, como Tony Curtis en la piel del villano en el caso de Estados Unidos (1975) o Gérard Depardieu en el francés (1998).

Poco más consigue escarbarse en el escueto y mediocre historial de una obra tan importante, pero poco adecuada a los riesgos confiados de cualquier superproducción y aún menos acorde con la fobia contemporánea hacia el folletón tradicional. Se ha dado por sentado en muchas ocasiones que la leyenda de Monte Cristo alcanza la memoria de cualquier persona y que un recordatorio no haría sino redundar en la herida: los argumentos universales no cesan de repetirse. Para refutar esta creencia, en 2002 se rodó una insulsa y presuntamente vistosa adaptación en manos del director con historial más indicado –lo cual suele ser síntoma de una catástrofe segura–, Kevin Reynolds, en su haber moderneces de copieteos clásicos como “Robin Hood, príncipe de los ladrones” (1991), “Rapa Nui” (1994) o “Waterworld” (1995). Menos mal que no coló a Kevin Costner al frente de un reparto de bajo nivel, aunque James “Jesucristo” Caviezel tampoco salva la función con su inexpresividad excusada por el carácter cínico del personaje. Piratas, fiestorros y duelos a muerte en una película que no es ni el pálido reflejo de la complejidad narrativa de Dumas, segunda confirmación –aún más rotunda que la primera– de que algunos libros sufrirían menos atados con grilletes y sometidos al castigo gratuito del latigazo.

En las imágenes: Fotograma de “Monte Cristo” – Copyright © 1929 Les Films Louis Nalpas. Todos los derechos reservados. John Gilbert en “La reina Cristina de Suecia” – Copyright © 1933 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados. Fotograma de “El conde de Monte Cristo” – Copyright © 1934 Edward Small Productions. Todos los derechos reservados. Fotograma de “El conde de Monte Cristo” – Copyright © 2002 Touchstone Pictures, Spyglass Entertainment, World 2000 Entertainment, Birnbaum/Barber, Epsilon Emotion Pictures y Count of Monte Cristo Ltd. Todos los derechos reservados.

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2 - Almudena Muñoz Pérez - 14:38 - 29.01.08

Hola, Elizabeth! Pues, efectivamente, el conde de Monte-Cristo es una invención de Dumas, no tiene ningún fundamento real. Normal que te enganche porque el escritor era experto en dilatar la acción al estilo fascicular del XIX. Gracias por leernos!



1 - elizabeth - 19:43 - 28.01.08

SOLO ME LLAMO LA ATENCION SABER SI EL CONDE DE MONTE CRISTO ERA UNA LEYENDA O UN MITO , POR UNA NOVELA QUE VEO CON MUCHA FASCINACION LOS DIAS DOMINGOS A LAS 12 DEL MEDIO DIA Y NO ME PIERDO UN SOLO CAPITULO PORQUE ME GUSTA EL DRAMA DE LA DICHA NOVELA, GRACIAS



 
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