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“Ravenous”: Morder la mano que te alimenta…

Escrito por el 09.12.07 a las 17:11
Archivado en: Años 90, Cine europeo, Críticas, Hollywood, Terror

…y devorar todo lo demás. Una de las propuestas más interesantes de 1999 vino de mano de una mujer. Antonia Bird sorprendió con una fábula de antropofagia en plena guerra entre Estados Unidos y Méjico, un relato tan inquietante como divertido convertido hoy en una pequeña joya de culto para los aficionados, dentro y fuera del fantástico, protagonizada por un puñado de cobardes y antihéroes que se las tenían que ver con un caníbal de primera al que seguimos echando de menos: Robert Carlyle. El capitán John Boyd (Guy Pearce) ve premiada su espantada en pleno conflicto con un destino mucho más tranquilo, una estación de paso de los pioneros que caminan hacia el oeste americano en busca de oro. Allí se integra en un destacamento que no tiene desperdicio, capitaneado por el coronel Hart (Jeffrey Jones) y compuesto por un alcohólico, un retraído religioso, un soldado enloquecido, un adicto y un par de indígenas. Conforman una familia peculiar, divertida y entrañable, sabedora de las circunstancias que les han llevado allí y, en el fondo, encantados con semejante destino.

Hasta que un día aparece en escena un vagabundo, Colqhoun (Carlyle), que les narra una historia terrible: su caravana se vio aislada y los integrantes acabaron devorándose unos a otros. Confiesa que huyó, aterrado, ante la brutalidad de sus compañeros. Pero en realidad, él es el devorador. A partir del momento en el que este personaje aparece en escena, cada fotograma de “Ravenous” se convierte en un hipnótico poliedro que atrapa indefectiblemente al espectador. El elenco, maravillosamente dirigido por Bird, se muestra soberbio a lo largo de todo el metraje, que a pesar de incomodar frecuentemente al observador transcurre en un suspiro, envuelto en una chirriante y en ocasiones exasperante banda sonora de Michael Nyman. Humor negro y terror se conjugan de forma espontánea y perfectamente hilada, con secuencias en las que resulta imposible reprimir la carcajada, unidas a otras —a veces en cuestión de segundos— que sobrecogen u obligan a comprimir el gesto ante la visceralidad de lo que acontece.

Carlyle borda su doble papel, disfrutando enormemente como es posible que no lo haya hecho con otro director, con la salvedad de Danny Boyle; a su lado, la otra pata del proyecto es el poco prolifico y siempre turbado Guy Pearce, en un trabajo que se gana nuestras simpatías al conseguir reflejar con honestidad una cobardía que es fruto de una situación tan absurda como insostenible. Jeffrey Jones está esplendoroso como el líder de la destartalada manada, portador de la vara de mando en un reino en el que no hay órdenes que dar; David Arquette, Jeremy Davies y Neal McDonough conforman un batallón que no aportaría en exceso en un combate real, mientras que, a pesar de lo pequeño de su papel, el veterano John Spencer se lleva, literalmente, un buen sabor de boca. Nadie juzga a nadie, ni se pone en tela de juicio la actitud de cada cuál. Y Bird logra que una historia triste, desasosegante y puntiaguda quede en el recuerdo como una experiencia divertida, grata y, sorprendentemente, apetitosa.

En las imágenes: Fotogramas y cartel de “Ravenous” – Copyright © 1999 Twentieth Century Fox Film Corporation. Todos los derechos reservados.

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