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Animación

Salir del armario: Esto no es Kansas, Totó

La cotidianidad es esa esfera rotatoria que ya no puede depararnos ninguna sorpresa, de ahí que las historias dadas al escapismo empleen objetos corrientes y molientes como portal a esos fantabulosos universos paralelos. Una chimenea en «Harry Potter», un pomo en «La bruja novata» (1971), una fuente en «Encantada: La historia de Giselle» (2007), una cuerda en «Un puente hacia Terabithia» (2007) o un armario en «Monstruos S.A.» (2001) y la primera entrega de «Las crónicas de Narnia» (2005), que ahora se complementa en «El príncipe Caspian» (2008) con una estación ferroviaria. Pero eso de alcanzar enormes velocidades para dar el salto a otra dimensión espaciotemporal ya lo habíamos visto en «Regreso al futuro III» (1990) y su tren volador a punto de desmaterializarse o morir en el precipicio más cercano. Y los niños equipados de visiones imaginativas quedaron, de algún modo, atrapados para siempre en su utopía anti-adulta, gracias a películas que pretendían la metáfora de la madurez o la celebración de la inocencia —o, para qué engañarnos, también la ñoñería más insulsa—.

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Fue James M. Barrie quien asentó el mito con su trilogía de novelas y obras teatrales sobre Peter Pan, Wendy y los Niños Perdidos, y el cine la ha reconvertido en animación y carne y hueso —la fallida «Hook» (1991), de Spielberg, una nada desdeñable versión de P.J. Hogan, pese a lo que pueda indicar su director, y el manierista biopic «Descubriendo Nunca Jamás» (2004), que lanzaba encadenados visuales entre la realidad londinense y la imaginería del escritor—. Tras ellos, un cortejo de imberbes suicidas se ha sumado a lanzarse por el ventanal, hacia estrellas que sólo ellos alcanzan: Sebastian en «La historia interminable» (1984) —esa adaptación que todo el mundo parece haber borrado de su memoria juvenil—, Dorothy en «El Mago de Oz» (1939) —y su inquietante secuela oficial, «Oz, un mundo fantástico» (1985), producto que a pocas luces podemos creer que permitiese la Disney—.

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Anna en «La casa de papel» (1988), «Alicia en el país de las maravillas» —aún encumbrada por el colorido del tío Walt, tanto en sus primitivos cortometrajes como en la película de 1951, aunque a pesar de todo sea una de sus cintas más crueles, descontando la psicodelia alcohólica de «Dumbo» (1941)—; Ofelia en «El laberinto del fauno» (2006), Sarah «Dentro del laberinto» (1986), «El viaje de Chihiro» (2003), Mary en «El jardín secreto» (1949), Lily en «Black moon» (1975), «Donnie Darko» (2001) y su fisonómicamente sospechoso amigo-conejo gigante, alucinación que también aquejaba a James Stewart en «El invisible Harvey» (1950). O mayores con ganas de vivir del cuento, como los científicos de «Stargate» (1994), el Robin Williams atrapado en «Jumanji» (1995) o los famosos compiladores de «El maravilloso mundo de los hermanos Grimm» (1962). Mundos escindidos, para desgracia de los pequeños que deben abandonar uno de ellos, o mundos que conviven en cuestionable armonía, para desgracia de los mayores sin ganas de compartir su rutina con fantasías.

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Los números musicales de «Los tres caballeros» (1944), «Mary Poppins» (1964), «Invitación a la danza» (1956) o Gene Kelly y Frank Sinatra con el ratón Jerry en «Levando anclas» (1945), y la paz armada entre dibus y humanos de «¿Quién engañó a Roger Rabbit?» (1988), «Las aventuras de Rocky y Bullwinkle» (2000), «Monkeybone» (2001) y «Cool world: Una rubia entre dos mundos» (19), después de la cual a Kim Basinger encima le extrañaría la escasez de papeles serios para ella… Pero de haber una habitante perfecta de esa frontera inasible entre la ficción y la realidad, ese «Pleasantville» (1998) quebradizo, sería Cecilia (Mia Farrow) en «La rosa púrpura del Cairo» (1985). No es extraño que exprese en nombre de todos y con inocente sabiduría wylderiana: «He conocido a un hombre maravilloso. Es ficticio, pero no se puede tener todo…»

En las imágenes: Fotograma de «Descubriendo Nunca Jamás» – Copyright © 2004 Miramax International y Film Colony Production. Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos reservados. Fotograma de «Oz, un mundo fantástico – Copyright © 1985 BMI (No. 9) Ltd., Oz Productions Ltd., Silver Screen Partners II y Walt Disney Pictures. Todos los derechos reservados. Fotograma de «La historia interminable» – Copyright © 1984 Neue Constantin Film, Bavaria Studios,
Westdeutscher Rundfunk (WDR), Warner Bros. Pictures y Producers Sales Organization. Todos los derechos reservados.

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