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Se necesitan colores vivos para m√ļsica negra

Escrito por el 17.05.08 a las 21:03
Archivado en: Cine americano, Historia, Musical

Hubo un tiempo en que la m√ļsica negra flu√≠a entre los campos estadounidenses con el mismo ritmo pausado e imparable que el Mississippi. El estreno de “Honeydripper blues bar” (2007) –ya volvemos a las coletillas espa√Īolas en los t√≠tulos originales…–¬†nos recuerda que no todas las estrellas de la gran pantalla han liderado peque√Īos grupos de pop brit√°nico, o se han convertido en superbandas dinos√°uricas entregadas al merchandising, o presumen de un estilo √ļnico que nunca habr√≠a nacido sin esos ritmos del viejo Sur. Porque la √ļnica cosecha provechosa nacida de los campos de algod√≥n –aparte de dramones tan divertidos como “Lo que el viento se llev√≥” (1939)– se fue cultivando en las gargantas de esclavos que, tras la guerra de secesi√≥n, adquirieron un rol igual de dif√≠cil. Defender una m√ļsica propia para que otros se aprovechen de ella, incluido el cine. Y relumbrones como Bob Dylan. No en balde Todd Haynes decide en “I’m not there” (2007)¬†emplear a un ni√Īo afroamericano como representaci√≥n del Dylan infantil, criado en las notas negras que entrenan su o√≠do y llenan su voz de melancol√≠a. La misma que flu√≠a por aquel Mississippi, el de Tom Sawyer –ya fuese el querid√≠simo en su √©poca Jackie Coogan¬†en 1930 o¬†Tommy Kelly¬†en 1938— y el de su compinche Huckleberry Finn –desde¬†Mickey Rooney en 1939¬†hasta un min√ļsculo Elijah Wood en 1993–.

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Chicos acostumbrados al trato de la comunidad negra en un momento reticente al mestizaje, aunque musicalmente la mixtura ya pareciese inevitable. Personajes estancados y destacados a prop√≥sito sobre campos blancos, y¬†que s√≥lo pueden dejar escapar sus c√°nticos hirientes, las penas de “La caba√Īa del t√≠o Tom” (1927) o las penurias de las mujeres de “El color p√ļrpura” (1985). Pero no todos los retratos certifican una etapa de heridas abiertas: la divertida “O brother!” (2000) rompe las cadenas de la esclavitud y dibuja sus incansables peripecias gracias a una selecci√≥n de melod√≠as entre el gospel y el bluegrass¬†que cortan de cuajo la gazmo√Īer√≠a de pel√≠culas como “Amistad” (1997). Es la oportunidad de que cantantes negros se lancen a los locales y, ahora, su melancol√≠a surja de los campos y r√≠os ocultos por los rascacielos. Ya no tiene sentido el ¬ędown¬†in the river to pray¬Ľ que sonaba en la de los Coen.¬†“Ragtime” (1981), largu√≠sima y densa radiograf√≠a psicol√≥gica de Milos Forman, y “Cotton Club” (1984), el maravilloso lienzo azul de Coppola, son los edificios m√°s sobresalientes de un skyline donde despuntan los instrumentos de viento y los tonos graves. La manera en que ocupan la noche los hace protagonistas de sus propios biopics — “Leadbelly” (1976), sobre el cantante de blues y folk Huddie Leadbetter, en la l√≠nea del nuevo film de John Sayles, o “Deep blues” (1991)–.

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Musicales –el celebrado “Porgy y Bess” (1959), una especie de precedente al monopolio amoroso de “West Side Story” (1961)– y leyendas —“Ray” (2004) o c√≥mo valorar una cinta a ra√≠z del camale√≥nico esfuerzo de su personaje central–. Y como no puede ser de otra forma, el √©xito conduce a la envidia y a que cantantes blancos se arranquen por blues –si tal expresi√≥n resulta aceptable–, como Dorothy Lamour en “Lulu Belle” (1948),¬†y derrochen bohemia por cutres vodeviles que ya no se asemejan a los de Luisiana o Alabama — “Blues in the night” (1941)–. Como parte de bandas sonoras resulta socorrida, como motivo cinematogr√°fico escasea dado el rechazo del p√ļblico hacia historias musicales que enseguida demuestran un cariz racial –la reciente “The blue hour” (2007)–. El problema es que la m√ļsica se ha arrinconado en los locales donde imperan el humo, los focos y los trajes apretados, en lugar de fluir como lo hac√≠a en sus or√≠genes, con la naturalidad que atrajo a las discogr√°ficas. Un contexto m√°gico y colorido que pocos han mostrado m√°s all√° de la realidad social y el t√≥pico del tipo con el banjo, y quiz√° Tom y Huckleberry se sintiesen m√°s a gusto correteando entre “Medianoche en el jard√≠n del bien y del mal” (1997), donde resuenan el optimismo y las pianolas, que entre los secos acordes de las cadenas.

En las im√°genes: Fotograf√≠a promocional de “Cotton Club” – Copyright¬†¬© 1984¬†Zoetrope Studios, PSO International y Totally Independent. Todos los derechos reservados. Y fotograma de “El color p√ļrpura” – Copyright¬†¬© 1985¬†Amblin Entertainment, The Guber-Peters Company y Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

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