Síguenos

“Simón del desierto”: Oremos y bailemos

Años 60

“Simón del desierto”: Oremos y bailemos

De día y de noche, Simón es un estilita –no estilista, como confunden algunos por ahí– entregado a la oración y la devoción divina. Sin embargo, la vida asceta no resulta tan fácil y sencilla cuando las tentaciones y las contradicciones sociales impiden la integridad de un hombre honesto. Orando al pie de la columna, la gran masa popular pretende dárselas de humilde mientras abusa y chantajea al santo: los milagros se convierten en favores gratuitos que no es necesario devolver –el hombre que recupera las manos entre súplicas para después empezar a discutir con su familia–, aunque el ingenuo Simón también cae, sin darse cuenta, en ese proceso de compra-venta. Buñuel marca la acción por su humor absurdo, si bien una herejía leve en comparación con “Viridiana” (1961) y ciertos detalles de “La edad de oro” (1930) –el final de referencias sádicas–.

 

Que los personajes hablen un idioma contaminado por un léxico bíblico y pasado de moda resulta eficaz para subrayar el teatralismo de un escenario árido –supuestamente Egipto, en realidad cualquier estepa– y de una función que no debe ser tomada en serio. Una mujer con garras de demonio, las vestiduras de fieltro de los frailes o el diablo con forma de lolita marinera suponen esos toques de surrealismo a través de lo anacrónico, un choque de lógicas que es al mismo tiempo la reconciliación de épocas históricas. El cineasta de Calanda no está interesado en diseccionar el pasado, sino en hablar de la condición humana, siempre la misma. No late ni la más mínima intención de mofa hacia las creencias cristianas, sólo la opinión de un ateo: la inutilidad del ofrecimiento al cielo, pero no de manera cínica o irrespetuosa; con convencimiento, pero acompañándose del asombro por el que cree y no duda.

 

Sobra cualquier apunte sobre el compendio del epílogo, un viaje al futuro donde Simón contempla a los jóvenes que bailan variantes rockeras. ¿Trata Buñuel de criticar su contexto social? Ratifica, más bien, el pesimismo sobre la imposibilidad de construir utopías ajenas al realismo. A través de un recurso tan surrealista sólo estaba demostrando el engaño de sus propias artimañas cinematográficas. De ahí que, en el apartado visual, la película constituya un inteligente artefacto de planificación. Intercala los picados desde la columna con los contrapicados de las gentes para generar esa sensación de altura y separación. Cortes que simulan continuidad cuando están ocultando una crítica hacia la incomprensión de los marginados. Imposible su participación en la danza macabra con la que todos se divierten. Olvidados en un nivel intermedio. Ni en la tierra ni en el cielo.

En las imágenes: Fotogramas de “Simón del desierto”, – Copyright 1965 Altura Films International. Todos los derechos reservados.

Continue Reading
Publicidad

Estrenos de cine

Guía de películas

Subir