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Sin rodeos: Los obst√°culos de la escena

Escrito por el 26.11.07 a las 21:56
Archivado en: A√Īos 30, Drama, Escenas, Hollywood, T√©cnica

Una de las reglas de oro del guionista es colocar muchas muchas¬†dificultades en la aventura del h√©roe para que la ginkana emocional –o fisica– asegure un m√≠nimo de atenci√≥n. Pero, ¬Ņqu√© sucede cuando los personajes se enfrentan a obst√°culos infranqueables, es decir, los de la propia escena? Resulta parad√≥jico que los protagonistas puedan superar sus problemas abstractos gracias a la acci√≥n invisible de un ser real, el escritor, y que sin embargo se vean incapaces de alterar la materialidad que los rodea. Un sof√°, un precipicio, un atasco, una oleada de gente, un charco… lo que la imaginaci√≥n guste, siempre zonas t√°ctiles para un personaje que carece de derecho para alterar la escenograf√≠a preparada. Tomemos como ejemplo “El √≠dolo de Nueva York” (1937), una comedieta de los a√Īos mozos de Cary Grant que sorprendentemente derivaba hacia el drama m√°s lacrim√≥geno, y en cuyas escenas rom√°nticas encontramos este conflicto. La joven (Frances Farmer) toca el piano para el invitado que acaba de entrar en el sal√≥n, sin percatarse del esfuerzo que supone para √©l un momento a solas. Su forma de sujetar la cola del piano, opuesta a la delicadeza con que ella deja discurrir los dedos sobre las teclas, demuestra en un par de apuntes la verdad del encuentro.¬†

Comentan banalidades, se formulan las preguntas de cortesía, y si ella calla sonriente, él enmudece tras el parapeto de un mueble que es al mismo tiempo escudo y verja. Al apuesto Grant no le supondría gran esfuerzo reunir valor para rodear el piano y abrazar a su amada, hincarse de rodillas y decir todas esas cosas propicias de escenas de este estilo. Como dicha actitud no habría ido desencaminada con su proceder habitual, el motivo de esta quietud va más allá de una moralidad emergente en el personaje o de una timidez producto de los sentimientos arrebatados. El director (Rowland V. Lee) puso a uno y otro enfrentados en un plano de gran equilibrio y que una pasión desbocada no debía estropear. El protagonista no puede atravesar el encuadre, moverse con una libertad de movimientos que coartaría la mirada perfeccionista de la cámara. El piano, el obstáculo, es el símbolo de la atadura perpetua del personaje a las decisiones visuales del cineasta, sin posibilidad de interactuar con su propio entorno. Por eso nuestra imaginación complementa a la imagen, y vemos a Grant empujando el instrumento, saltando el charco, aporreando a la masa o sobrevolando el sofá, mientras el mundo del celuloide sigue avanzando en su fingida normalidad.

En la imagen: Fotograma de “El √≠dolo de Nueva York” – Copyright ¬© 1937 Edward Small Productions y RKO Radio Pictures. Todos los derechos reservados.

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1 - Miguel A. Delgado - 22:01 - 26.11.07

Pues Rowland V. Lee deb√≠a de ser mucho Rowland V. Lee, eso est√° claro, porque conseguir atar as√≠ de corto a Cary Grant no lo deb√≠a conseguir cualquiera… :)

Un saludo!



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