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«Slumdog millionaire» y los concursos por fama, dinero o amor

Años 30

«Slumdog millionaire» y los concursos por fama, dinero o amor

En la última pregunta de «¿Quién quiere ser millonario?» que se le plantea a Jamal (Dev Patel) en «Slumdog millionaire» (2008), ante él se ordena el caos de las posibles respuestas y la reformulación del título del programa. ¿Jamal ha ido al espectáculo en busca de dinero, de amor o de fama? Seguramente las personas que acuden a un concurso real lo tengan mucho más claro, pero los contendientes de las películas siempre terminan enfrentándose a una prueba ardua en la que no sirven de nada la preparación física, intelectual o cultural. Los mejores concursos de la vida son aquellos con el bote más sustancioso, pero el premio más importante para Jamal consiste en averiguar su orden de prioridades vitales. Y si el dinero, el amor y la fama vienen de sopetón y de la mano, entonces discernirlo nunca fue tan difícil. De momento no existe ningún concurso en celuloide —a excepción del juego de pistas que planteó Lars von Trier en «El jefe de todo esto» (2006)— y el cine continúa encargándose de desmitificar las promesas del paraíso de otros medios, aun a costa de hacérselas pasar canutas a pobres diablos que sólo querían un poco de fama, dinero o amor.

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El televisivo: «Quiz show» (Robert Redford, 1994). Un clásico juego de preguntas que ha variado de formato pero no de fondo a lo largo de la Historia televisiva. El programa «Twenty-One» consiguió despegar a muchos espectadores de las salas de cine gracias a una emoción relativamente gratuita —después del desembolso inicial y bastante cuantioso por el televisor, y el aumento de la factura de la luz-, la de encumbrar a un ciudadano corriente en celebridad efímera. Precisamente esa fama instantánea y pronto soluble es lo que molesta a Herbie (John Turturro), que no está de acuerdo en que las respuestas se amañen de antemano para que los concursantes roten a gusto del público. Él, cultivado pero poco atractivo, es sustituido por el elegante profesor universitario Charles Van Doren (Ralph Fiennes), quien demuestra que hasta las clases más altas no están libres de apetecer una gloria popular. Redford firmaba una de sus películas más ligeras y al mismo tiempo más enérgicas, gracias al ritmo efervescente de los rodajes televisivos y el suspense gradual que conlleva el desmembramiento del clasismo norteamericano de los cincuenta y el duelo moral al que se someten sus protagonistas.

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El radiofónico: «Historias de la radio» (José Luis Sáenz de Heredia, 1955). Los españoles bajo el yugo franquista no anhelaban fama alguna, pero sí algún recurso que milagrosamente regalaba de vez en cuando el programa estrella de la emisora más escuchada. Las orejas pegadas a la radio de válvulas sólo abandonaban el calor de las ondas si el incentivo era suficiente para vencer el frío y la vergüenza: Pepe Isbert corría a agenciarse un disfraz de esquimal con perro incluido para ser el primero en llegar caracterizado de tal guisa a la sede de la cadena. Pero otro infeliz se le adelanta por pocos segundos y la repentina lejanía del premio de tres mil pesetas provoca la denuncia de tal injusticia y que queden al descubierto todas las hipocresías del microuniverso radiofónico. Ni la gallardía de un joven y apuesto Paco Rabal, en la piel del siempre sonriente presentador Gabriel, pudo calmar unos ánimos acalorados desde bastidores en todo el tríptico de la película.

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El recortable: «Punch-Drunk love (Embriagado de amor)» (Paul Thomas Anderson, 2002). Hasta los niños han coleccionado en alguna ocasión códigos de barras o puntos de un producto para que, enviados dentro de un sobre, ejerzan el milagro del cambio. Meses después aparece el cartero con un paquete y un regalo en su interior que no es tan maravilloso como prometía el reclamo, pero el chasco no ha borrado la efectividad del anzuelo. Algunos ilusos llegan a poner en peligro sus ahorros por aprovecharse del concurso, como Barry (Adam Sandler) en esta extraña comedia romántica, pues arrasaba los budines de chocolate del supermercado con tal de conseguir los puntos necesarios para un viaje que lo reúna en Hawai junto a su amada Lena (Emily Watson). Menos paranoica parecía Evelyn Ryan (Julianne Moore) en «La ganadora» (2005), una madre de familia que le cogía el gusto a pasarse la vida de concurso en concurso después de destacarse en uno de escritura.

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La ginkana: «Al servicio de las damas» (Gregory La Cava, 1936). Los ricos se aburren y maquinan sus propios concursos, donde el dinero no importa tanto como el orgullo de los laureles. Una de esas fiestas encopetadas del Ritz dispersa a una legión de adinerados del East Side neoyorquino por los callejones y las arcadas de los puentes, a «la caza del trapero», que supone regresar al hotel con una serie de objetos, animales y personas de deshecho. La remilgada y consentida Irene Bullock (Carole Lombard) consigue un hombre olvidado, el mendigo Godfrey (William Powell), y se alza con el primer puesto a pesar de manifiestarse en contra de un juego tan denigrante para el ser humano. La copa de plata le provoca unos remordimientos de conciencia que derivarán en una gozosa comedia de equívocos cuando Irene contrate a Godfrey como mayordomo. La chica consigue el amor y el hombre el dinero, pero La Cava maneja con maestría la duda acerca de cuál de ambas recompensas resulta más tramposa e indeseable.

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El viajero: «La carrera del siglo» (Blake Edwards, 1965). Imitando las aventuras internacionales de Phileas Fogg en «La vuelta al mundo en 80 días» —adaptada por Michael Anderson en 1956—, el maestro del slapstick absurdo pergeñó una carrera con el objetivo más materialista posible: pasear coches a modo publicitario a lo largo de tres continentes para multiplicar las ventas de los concesionarios. El premio, de producirse éste, se cobrará de forma indirecta y tras una contrarreloj plagada de obstáculos para el Gran Leslie (Tony Curtis) y la bella Maggie Dubois (Natalie Wood), tarea de la que se encargará personalmente el profesor Fate (Jack Lemmon). El enfrentamiento de Curtis y Lemmon después de «Con faldas y a lo loco» (Billy Wilder, 1959) no alcanzó las mismas cotas de excelencia humorística que aquélla, pero el diseño de producción próximo al cartoon y a una versión el doble de anfetamínica de «Mary Poppins» (1964) contribuyeron a que las excesivas dos horas y media de metraje discurriesen con sobrada dignidad.

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El danzarín: «En alas de la danza» (George Stevens, 1936). Desde «Volando a Río de Janeiro» (Thornton Freeland, 1933), su debut cinematográfico, los personajes de Fred Astaire lo apostaron todo al amor siempre reticente o impedido por afanosas circunstancias de Ginger Rogers. Aunque eso conllevase renunciar a su prometida y a la intención original de luchar por el premio. Los 25.000 dólares que Lucky (Astaire) necesita para casarse con su amada pasan por tomar una pareja de baile, Penny (Rogers), y juntos son capaces de provocar las chispas del público y entre ellos mismos. Los celos de sus respectivos enamorados estirarán la apoteosis hasta el número final, como es costumbre en las comedias Astaire & Rogers, confundiéndose la fama impremeditada de la pareja de bailarines con el dinero acariciado desde un primer momento y el romance que los premia por sorpresa.

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Haciendo recuento, todos los ganadores anteriores perdieron algo al adentrarse en el tentador estímulo de un concurso, aunque fuese algo de tan aparente escaso valor como la inocencia. Martín Circo (Leonardo Sbaraglia) la derrochaba en «Concursante» (Rodrigo Cortés, 2007), retrato mefistofélico de la avaricia y las maquinaciones capitalistas puestas en marcha para que hasta el bendecido por la fortuna tenga que rendir cuentas a la banca y los aseguradores. Danny Boyle colorea ahora el opuesto de Martín, el curtido pero aún soñador Jamal que no puede derrotar con palabras la soberbia de los ricos de Mumbai, como el presentador Prem Kumar (Anil Kapoor), pero que lo hará con el mismo secreto que esta fábula trenzada entre Boyle, el libreto de Simon Beaufoy y la banda sonora de A.R. Rahman: el plató de un concurso es sólo la plataforma de lanzamiento de aquellos ganadores que ya conquistaron su suerte con sacrificio, tenacidad y modestia.

  • Más información sobre «Slumdog millionaire»
  • Tráiler español de «Slumdog millionaire»
  • Fotos de «Slumdog millionaire» (20)
  • Notas sobre cómo se hizo
  • Nominada a 10 Oscars®
  • Rueda de prensa de Danny Boyle en Madrid
  • Crítica (9/10): En la vida está la respuesta, por J. Arce
  • Reportaje: Otros concursos cinematográficos, por J. Revert
  • Noticias relacionadas con la película y su equipo
  • En las imágenes, fotogramas de: «Slumdog millionaire» © 2008 Filmax. Todos los derechos reservados. «Quiz show» © 1994 Baltimore Pictures, Hollywood Pictures y Wildwood Enterprises. Todos los derechos reservados. «Historias de la radio» © 1955 Chapalo Films S.A. Todos los derechos reservados. «Punch-drunk love» © 2002 Columbia TriStar. Todos los derechos reservados. «Al servicio de las damas» © 1936 Universal Pictures. Todos los derechos reservados. «La carrera del siglo» © 1965 Warner Bros. Pictures, Patricia, Jalem Productionsy Reynard. Todos los derechos reservados. Y «En alas de la danza» © 1936 RKO Radio Pictures. Todos los derechos reservados.

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