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“Street Fighter: La leyenda”. La difícil relación entre videojuegos y cine

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“Street Fighter: La leyenda”. La difícil relación entre videojuegos y cine

A la luz de las críticas que ha recibido en su estreno “Street Fighter: La leyenda”, todo parece indicar que el vínculo entre cine y videojuegos sigue estrechándose en cuanto a que la primera industria urge de fuentes de inspiración que busca, cada vez más, en la segunda. Pero en lo que se refiere a la consistencia del vínculo, la relación entre ambas disciplinas sigue siendo más bien tormentosa, difícil como la de un amor tempestuoso al que, pese a todo, el celuloide no quiere renunciar.

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Precisamente sería “Street Fighter” una de las más tempranas anunciaciones de esa relación. El clásico arcade sería adaptado en 1994 en una película que contaba con Jean-Claude Van Damme como principal reclamo y en cuyo reparto figuraba Kylie Minogue como la teniente Cammy. Por si fuera poco, Raúl Juliá encarnaba al mítico General Vison, completando un reparto que, visto quince años después, se presume tan excéntrico como las estéticas de la cinta. Pero no era este, por desgracia, el primer palo que se llevaban los amantes de las consolas y las recreativas: un año antes Hollywood, en un alarde de pretenciosidad, se había atrevido a llevar a la gran pantalla un clásico enorme: “Super Mario Bros.” cuenta, que duda cabe, entre los despropósitos más grandes en este terreno, desde las sonrojantes derivaciones de su trama hasta sus irritantes licencias, pasando por un casting poco afortunado. Hoy sólo puede inspirar cariño si la vemos como una anárquica (e inconsciente, creo) celebración de lo bizarro. Que no es poco.

Pese a los desastres consumados, la maquinaria de las adaptaciones no se detuvo. Los de lucha eran los predilectos o, al menos, los más fáciles de adaptar. En 1994 le tocaba el turno a “Doble Dragón”, y al año siguiente, Paul W.S. Anderson se encargaba de “Mortal Kombat”, con Christopher Lambert a la cabeza. La primera recibió nuevas acusaciones de infidelidad manifiesta para con el original, mientras que la segunda se ha granjeado defensores que la señalan como uno de los acercamientos más válidos al correspondiente videojuego original (y que además, tendría una secuela tres años después en “Mortal Kombat: Aniquilación”). En 1999 llegó “Wing commander”, que pasó desapercibida y supuso una nueva decepción respecto a un juego original que contaba con las voces de Malcolm McDowell o Mark Hamill. “Final Fantasy: La fuerza interior” (2001) demostró pasos gigantescos en el campo de la animación, pero también se demostró una película casi sin alma. El primer éxito verdadero de un filme basado en un videojuego sería “Lara Croft: Tomb Raider” (2001), plataforma de lanzamiento para la explosiva Angelina Jolie y una poco estimulante adaptación cuando uno se acordaba del magnífico juego de Eidos. Tendría una secuela dos años más tarde, bajo el título “Lara Croft. Tomb Raider: La cuna de la vida”.

La réplica a Lara Croft llegó con “Resident evil” (2002). Las respuestas al segundo intento de Paul W. S. Anderson en estos menesteres fueron desiguales: unos le acusaron de poca lealtad al videojuego; otros, los que poco lo conocíamos, nos conformamos con una pasable película de zombis en la que Milla Jovovich se erigía como una más que válida heroína, papel que iba a repetir en “Resident evil 2 – Apocalipsis” (2004) y “Resident evil: Extinción” (2007). En 2003, “House of the dead” ya daba muestras de lo que Uwe Boll era capaz de hacer con el género. Y no sería la última vez, desde luego: títulos como “Alone in the dark” (2005), “BloodRayne” (2005), “Postal” (2007) o la recientemente estrenada “En el nombre del rey” (2007) le han valido sobrenombres de tan dudoso honor como “el nuevo Ed Wood”.

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Y a pesar de que no estaba dirigida por Boll, no corrió mejor suerte la adaptación de otro clásico: “Doom” (2005). Aunque con algún guiño destacado al videojuego, la película no recibió buenas críticas y el protagonismo de Dwayne ‘The Rock’ Johnson no le ayudó precisamente a ganar enteros. En cuanto a “Silent Hill” (2006), venía precedida de las dificultades que encontró Christophe Gans para obtener la licencia de Konami. El resultado, al menos, dio con opiniones encontradas entre los que alababan la terrorífica atmósfera lograda por Gans y los que la calificaron de tediosa y aburrida. Con “D.O.A.: Dead or Alive” (2006), el espectáculo se limitaba a los cuerpos esculturales de las protagonistas, indudable tirón que se integraba en el cine de acción que también promulgarían “Hitman” (2007) y “Max Payne” (2008), cintas que tampoco serían recibidas con mucho entusiasmo. Hoy se avistan no pocas adaptaciones que confirman a los videojuegos como recurso de primera mano ante la crisis de ideas. Sin embargo, visto el camino recorrido hasta ahora, resultan más necesarios que nunca directores que entiendan y tomen el material de base como arte que transformar en arte. Que, cuanto menos, sopesen tanto los hallazgos del original como los que pueden desarrollar de propia cosecha. En definitiva, que se tomen la adaptación del videojuego como algo más que un mero juego. Hay un género que merece ser dignificado.

En las imágenes, fotogramas de: “Street Fighter: La leyenda” © 2009 DeAPlaneta. Todos los derechos reservados. “Super Mario Bros.” © 1993 Allied Filmmakers, Cinergi Pictures Entertainment, Hollywood Pictures, Lightmotive, Nintendo. Todos los derechos reservados. “Lara Croft: Tomb Raider” © 2001 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. “Resident evil: Extinción” © 2007 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

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