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Años 70

«Tarde de perros»: Al Pacino, estrella de circo (mediático)

Estamos ante un título fundamental del cine americano de los años 70. Una obra austera y magnífica, de las que se añoran cada vez más y que ganan con el paso del tiempo por la vigencia de los temas que presentan, en este caso las tristes y desoladoras realidades de una sociedad cada vez más degradada. Al Pacino y el llorado John Cazale, que venían de triunfar en la saga de los Corleone, continuaron en esta «Tarde de perros» ofreciendo interpretaciones portentosas. El primero nervioso, conteniendo la violencia y luchando por escoger la sobriedad como vía de escape a una situación desastrosa; el segundo, frágil y tembloroso, pero temible por la imprevisión de su talante emocional.

Tomando como punto de partida un extravagante atraco real a una sucursal bancaria, el guión de Frank Pierson realiza un retrato demoledor de la ferocidad de los medios de comunicación ─mucho mayor ahora, dos décadas después─, de las diferencias sociales y de clase, y de la peligrosa arbitrariedad de los juicios hechos por parte de una amorfa, anónima y volátil masa urbana descontenta y reaccionaria. Y lo hace sin renunciar a la comicidad, con un humor cáustico que permite colocar a Sonny en situaciones cotidianas llevadas al extremo, reflejadas sobre todo en las apariciones de su esposa y su madre. Por otra parte, la hipocresía de la gente de a pie se descubre a medida que evolucionan los acontecimientos: al principio, es considerado un héroe, un icono de la lucha obrera y de la rebeldía de la juventud; cuando se descubre su orientación sexual, clave en su motivación, las opiniones se dividen, y la comunidad gay, muda hasta ese instante, emerge con fuerza para apoyarle sin tener en cuenta las consecuencias de sus actos. Y todo ello presentado con gran intensidad por Sidney Lumet, en una dirección firme que no tiembla en ningún momento.

Una comedia escandalosa, sí, pero también un drama profundo con un análisis de personajes y un estudio de caracteres de nota. Más allá de Pacino y Cazale, el reparto de secundarios participa de esta tragicomedia con brillantez, desde el estresado Charles Durning ─en principio, frustrado e incomprendido director del circo que le rodea─ hasta el estirado James Broderick, que no cede en ningún momento en una actuación cínicamente sobria. Sin olvidar una mención especial para Chris Sarandon en una aparición tan breve como soberana, seguramente la mejor de su carrera, pese a ser su primera participación en un largometraje. Decía John Tavolta en el prólogo de «Operación Swordfish» (2001), en recuerdo a este título, que hoy Hollywood sólo hace basura, que ya no se hacen películas como antes. No le falta razón, pero es que los tiempos han cambiado, y de qué manera. El circo mediático que presenta «Tarde de perros» fue en su día un caso peculiar; hoy, es el pan nuestro de cada día.

En las imágenes: John Cazale, ladrón de gatillo ligero, y un estresado Al Pacino en «Tarde de perros» – Copyright © 1975 Artists Entertainment Complex. Todos los derechos reservados.

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