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“Te quiero, tío”, el eslogan de las buddy movies

Acción

“Te quiero, tío”, el eslogan de las buddy movies

En respuesta al primaveral chick flick, las carteleras apuntalan las tendencias del verano con el subgénero opuesto a Carrie Bradshaw y Jennifer Aniston: los bromances o comedias románticas para chicos aderezadas con copiosos guiños a los orígenes del invento: la buddy movie o película de amigotes. Lejos de que suene despectivo, la etiqueta se utiliza para englobar cintas dispares que poseen como denominador común un tándem protagonista compuesto por dos hombretones que no dudan en estirar su amistad hasta el límite del roce permisible, sin importar las apariencias. Y aunque sus parejas más habituales sean propicias al tropiezo, el malentendido y el avistamiento de las novias como un finiquito a la franquicia de su relación, hemos visto inolvidables colegueos en buddy movies tan diferentes como “Grupo salvaje” (Sam Peckinpah, 1969) o “Cowboy de medianoche” (John Schlesinger, 1969).

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La nueva comedia americana, la misma que viene colgándose del calificativo desde hace más de un lustro, añade un peldaño más a su historial con “Te quiero, tío” (John Hamburg, 2009), esas tres palabras siempre implícitas en las miradas, los apretones de manos y los sacrificios postreros de inseparables compañeros de soltería o, como manda la ocasión, camino al altar. El imprescindible Paul Rudd y el emergente Jason Segel —quien la temporada pasada se estrenó con nota alta en “Paso de ti” (Nicholas Stoller, 2008)— suman puntos para hacerse un hueco entre los mejores camaradas del cine, precedidos por “Zoolander” (Ben Stiller, 2001), “Starsky y Hutch” (Todd Phillips, 2004), “De boda en boda” (David Dobkin, 2005) y un trío de últimos e irregulares dúos de la factoría Apatow/SNL: “Supersalidos” (Greg Mottola, 2007), “Hermanos por pelotas” (Adam Mckay, 2008) y “Superfumados” (David Gordon Green, 2008). ¿Lograrán Rudd y Segel convertirse en inolvidables catalizadores de simpatías con testosterona, al igual que estos diez dobletes?

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Jack Lemmon + Walter Matthau = “La extraña pareja” (Gene Saks, 1968). Papá Wilder los presentó en sagrado lazo de amistad gracias a “En bandeja de plata” (1966), poco después de que Matthau hubiese trabajado en “Adiós, Charlie” (Vincente Minnelli, 1964) con Tony Curtis, y de que éste se hubiese desvinculado de su buddy Lemmon tras “Con faldas y a lo loco” (1959). Aquella primera película juntos, y que de entrada parecía presentar sobre costosa batea los restos de cenas mejores, hizo carne la promesa implícita en la última línea de “Casablanca” a la par que Wilder confeccionaba una de sus mejores cintas y a menudo infravalorada comedia. Lemmon y Matthau, cuya relación se expandió más allá de lo profesional, volvieron a coincidir en el título por antonomasia, esa extraña pareja con secuela que tan bien los definía y que asentó el secreto de su éxito, que a su vez es la tuerca esencial en la maquinaria de la buddy movie: ese ni contigo ni sin ti a modo de lanza y escudo que camuflen las tres palabras prohibidas en el vocabulario del varón hecho y derecho. Las apariencias despistan en la realidad, pero no sobre pantalla, y por eso sabemos que los dos siguieron queriéndose mucho en “Primera plana”, “Aquí, un amigo” (Wilder, 1974 y 1981), “Dos viejos gruñones” (Donald Petrie, 1993), “Discordias a la carta” (Howard Deutch, 1995), “El arpa de hierba” (Charles Matthau, 1995) y “Por rumbas y a lo loco” (Martha Coolidge, 1997), por no olvidar “JFK: caso abierto” (Oliver Stone, 1991) y “Kotch” (1971), la única película dirigida por Lemmon.

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Mel Gibson + Danny Glover = “Arma letal” (Richard Donner, 1987). En un episodio de la cuarta temporada de la ya legendaria sitcom que lanzó a Jason Segel al reconocimiento popular, “Cómo conocí a vuestra madre”, se rememora una de las citas habituales de Glover en la tetralogía de Donner: «Estoy demasiado mayor para esto». El sargento Roger Murtaugh encadenaba queja de secuela a secuela porque, como indicaban en la teleserie, a pesar de todos los males continuaba haciéndolo, no sólo como marioneta que en contra de su bienestar físico cumple los deseos del espectador, sino como sueño confeso de todos los amigos que nunca acometieron tal o cual aventura, posponiendo sus planes en una agenda cada vez más rebosante y más difícil de cumplir. La buddy movie demuestra, por el contrario, que las fantasías de juventud aún son recuperables digan lo que digan las agujetas y la anatomía que ya se ha hecho a las formas del sofá, y gracias a que Donner cree en lo mismo —o en que el dólar es tan imperecedero como esa utopía del riesgo— trajo otras tres armas letales que prueban la hermosa amistad entre los dos sargentos, aunque el gato al agua —y la chica— se lo llevase Martin Riggs (Gibson). El departamento es prolijo en duetos, tal vez porque para cubrir una misión de dos en dos resulta más sencillo cubrirse las espaldas, pero antes de que Morfeo despierte a las a menudo banales y cobardes amistades de la vida real, pasearon sus placas de honor y lealtad los compañeros de “Dos policías rebeldes” (Michael Bay, 1995), “Tango y Cash” (Andrei Konchalovsky, 1989), “Apunta, dispara y corre” (Peter Hyams, 1986) y “Hora punta” (Brett Ratner, 1998). Los matones y las pullas por la máquina de café hacen franquicia.

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Jerry Lewis + Dean Martin = “Viviendo su vida” (Norman Taurog, 1954). Fueron los brangelina de Atlantic City, el dúo Martin & Lewis que encontró medio de subsistencia en su entorno favorito: la ciudad de las ricachonas de risa fácil, las strippers, las kilométricas extensiones de golf y las tragaperras. En Las Vegas de la Costa Este cosecharon sus primeros triunfos como conjunto artístico de mitades diametralmente opuestas, pues Martin explotaba su seductor timbre de voz y Lewis su habilidad de tebeo para el disfraz. Del suburbio del pecado de lujo al famoso Copacabana neoyorquino, hasta que acompasaron su ritmo con el de la industria y pudieron subirse al carrusel hollywoodiense. La Paramount consiguió agenciarse el paquete de humoristas para su primer estreno en la gran pantalla, “Mi amiga Irma” (George Marshall, 1949), a la que siguió una próspera e injustamente menospreciada cosecha de colaboraciones en el cine, la radio y la televisión. Norman Taurog se habituó a dirigir los encargos, considerados tan rentables como menos prestigiosos, a los que a veces se añadía la lacra del remake inmediato, estrategia que no es invento de nuestros días. Lo que pocos podían sospechar era una mejora con respecto a los originales, suceso extraordinario que precisamente acaeció con “Viviendo su vida”, versión retocada y ampliada en términos humorísticos del insulso drama “La reina de Nueva York” (1937), al que William A. Wellman no exprimía todas las posibilidades de una historia con falso enfermo dispuesto a estafar al Estado. Otros destacados títulos en la filmografía de Martin & Lewis son “¡Vaya par de marinos!” (Hal Walker, 1952), “¡Qué par de golfantes!”, “Un fresco en apuros” y “Juntos ante el peligro” (Taurog, 1953, 1955 y 1956).

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Jim Carrey + Jeff Daniels = “Dos tontos muy tontos” (Peter y Bobby Farrelly, 1994). Los Farrelly debutaron no sólo con un explícito homenaje al prototipo de personaje estúpido cultivado por Jerry Lewis, sino con un punto de inflexión en la buddy movie que había comenzado a borrar ,con un codo que quería pasar desapercibido, sus orígenes consagrados al gag y el slapstick, caso de Laurel y Hardy. La película vino a ampliar el ratio del compromiso amistoso: hasta en la idiotez supina deben mantenerse frescas la lealtad y el respeto al compañero que comparte vehículo, vivienda y ligues. Ya unos años antes había surgido del Saturday Night Live, la cantera que rechazó a Carrey, otro par de criaturas descarriadas salvo en la certeza de que el uno y el otro estarán siempre juntos para apoyarse, el “Wayne’s world: ¡qué desparrame!” (Penelope Spheeris, 1992) de los personajes creados por Mike Meyers y Dana Carvey. Carrey y Daniels, condenados a hace el chorra por el bien de un mensaje enternecedor que en el fondo no lo era tanto, se convirtieron en iconos del peterpanismo a prueba de bromas pesadas y coeficientes de dos dígitos, y que los hermanos directores intentaron repetir, sin lograrlo, en “Vaya par de idiotas” (1996) y “Pegado a ti” (2003). Para rizar el rizo aterrizaron Harold y Kumar en la saga “2 colgaos muy fumaos” (Danny Leiner, 2004), donde la amistad no la pone a prueba la estupidez, sino la generosidad al compartir el último porro.

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Gene Wilder + Richard Pryor = “El expreso de Chicago” (Arthur Hiller, 1976). La historia de Wilder y Pryor resulta curiosa por su carácter de azarosa circunstancia: la que sería una de las parejas cinematográficas más populares en las comedias de los ochenta se encontró por casualidad al cabo de una hora de metraje de esta curiosa y carca cinta de Hiller, cuando Wilder, sosias de un Cary Grant que sabe demasiado, se topa a bordo del tren con un criminal de buen corazón, al que da vida Pryor. De esta colaboración nacería una próspera rutina profesional aquejada de altibajos cualitativos y algunas infidelidades —Gene Wilder encontraría otro eficaz buddy en “El rabino y el pistolero” (Robert Aldrich, 1979), con Harrison Ford—, aunque la más sonada, especialmente a costa de las programaciones de sobremesa noventeras, sea “No me chilles que no te veo” (Hiller, 1989), reinventada en nuestro país en “Va a ser que nadie es perfecto” (Joaquín Oristrell, 2001) con el típico toque cañí de amistad cierrabares.

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Robert Downey Jr. + Val Kilmer = “Kiss kiss, bang bang” (Shane Black, 2005). Del mismo modo que los admiradores de “Arma letal” palidecen ante las legiones seguidoras de la saga “Jungla de cristal” —eso cuando algún medio se saca de la manga que resulta necesario escoger bando—, el debut y hasta ahora única película en la dirección del guionista Shane Black, autor de los libretos de las armas letales, pasó sin levantar demasiada pólvora por las carteleras españolas. Uno más de tantos estrenos incomprensibles cuando se trata de una de las comedias negras con alma de buddy movie más eficientes y entrañables de los últimos años, dotada de un par de actores resucitados en su máximo esplendor y dispuestos a reírse de las convenciones establecidas sobre sí mismos y el género. El ladrón y el detective tampoco se dirigían el te quiero en toda la trama, pero los equívocos sobre sus orientaciones sexuales estaban servidos, lo mismo que una colaboración tan forzada como finalmente sincera y cargada de cañonazos contra los tópicos del noir que ha arrasado el baúl de ideas de Dashiell Hammett. Antes de que Jon Favreau dirigiese la resurrección palomitera de Downey en “Iron Man”, filmó algo similar en un “Crimen desorganizado” (2001) que hacía honor al título con la ausencia de química entre él y Vince Vaughn, y la aún más dolorosa falta de una femme fatale como Michelle Monaghan, cuando su talento se demostraba en una concatenación de férreos papeles y antes de que se pusiera a hacer tonterías.

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Robert Redford + Paul Newman = “Dos hombres y un destino” (George Roy Hill, 1969). ¿Puede existir una amistad más poderosa que aquella capaz de compartir la chica ideal durante un paseo en bicicleta y encarar el fatal destino de un tiroteo con una mirada silente que guarda todas las declaraciones de amor del mundo? Redford y Newman, al igual que otras parejas artísticas bien avenidas, se amaban más allá de los dieciséis novenos, y eso se percibe en cada escena de las aventuras de estos dos bandoleros, ya fuese en plena huida, en tediosos escondites o en la calma chicha de un hogar compartido donde surgen los tentáculos de la envidia y el reproche. Por mucho que Etta (Katharine Ross) consiguiese enamorarlos, el amor profesado entre compañeros demuestra mayor entereza y ánimo de superviviencia, de ahí que los bandidos siempre necesiten lanzarse de nuevo a la estepa, a pesar de los nubarrones de busca y captura, porque las botas han sido hechas para andar y no para que las pula una mujer en el porche del rancho. Más selectos en sus proyectos en común, los dos intérpretes no volverían a compartir plano hasta “El golpe” (Roy Hill, 1973), que confirmaba la inmoral y hermosa amistad por la que un hombre rasca el bolsillo de otro para beneficiar al suyo y al de su compañero. El director no los reuniría para otro inolvidable acontecimiento cinematográfico, y el deceso de Paul Newman suspendió para siempre el rumoreado regreso del dúo a la gran pantalla para celebrar su conjunta vejez como años ha hicieran Lemmon y Matthau.

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Sidney Poitier + Bill Cosby = “Dos tramposos con suerte” (Poitier, 1975). Que ningún purista se asuste si desconocía el dato: el aclamado actor de “Los lirios del valle” (Ralph Nelson, 1963) y demás cine de calado dramático-social también hacía comedias, y no precisamente armadas de sutileza Lubitsch. Sus inquietudes como director lo acercaron casi siempre a la comedia, género en el que llegó a dirigir a la pareja Gene Wilder/Richard Pryor en “Locos de remate” (1980). Comenzó con “Buck y el farsante” (1972) antes de agenciarse al cómico televisivo Bill Cosby para “Uptown saturday night” (1974), una screwball sobre pillos con aromas de ragtime que cuajó en otras dos películas, “Dos tramposos con suerte” y “A piece of the action” (1977). Una vez pasada de moda la locura de los setenta, Poitier se enredó en secuelas innecesarias y thrillers y Cosby vendió su fama a la longeva serie “La hora de Bill Cosby” (1984-1992), cerrándose así una relación breve y estrafalaria, pero al mismo tiempo intensamente recordada por los fans de ambos intérpretes.

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Jason Mewes + Kevin Smith = “Jay y Bob el silencioso contraatacan” (Smith, 2001). Si bien cualquier cinta de Kevin Smith haría las veces de buddy movie, es el dúo de Jay y Bob el que mejor encarna la premisa de amistad masculina marcada por los polos opuestos, tanto en temperamento como en apariencia externa. Mewes y el director no pueden ser más diferentes y estar mejor compenetrados en sus roles de Jay y Bob, aunque su spin off fuese menos celebrado que “Clerks” (1994), “Mallrats” (1995) y “Persiguiendo a Amy” (1997). Con todo, la pareja repitió en “Clerks II” (2006) y la serie de animación creada para una dudosa franja de público, si bien en el próximo regreso de Smith a la dirección éste evita tareas interpretativas y Mewes adopta un nuevo papel muy tolerante a la pregunta “¿Hacemos una porno?” (2008), cinta que la próxima semana llegará a nuestras pantallas para reformular la buddy movie con una premisa que ahora atañe a la amistad entre un hombre y una mujer. El regreso de Jay y Bob no parece inminente, menos aún tras el cameo que efectúan en “Fanboys” (Kyle Newman, 2008) para parodiar la explotación de los personajes por parte de Smith. Otra cosa es que vaya en serio.

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Mike + Sully = “Monstruos S.A.” (Peter Docter, 2001). No son humanos, pero se merecían un puesto en la lista porque, además, sus demostraciones de afecto entrañan tanta extrañeza como las tres palabras sagradas en boca de Paul Rudd. Sabido es que Pixar, tras sus revolucionarios planteamientos, esconde los tradicionales valores disneyanos, entre ellos que la amistad es el valor más preciado hasta para los monstruos de armario. El estudio se aprendió bien las lecciones de las buddy movies y aplicó el principio de exagerar para convencer, situando a una bola verde cíclope junto a un amenazador oso de pelo turquesa y motas púrpuras. El choque reiterativo entre sus puntos de vista y sus egoístas intereses propicia los mejores gags de la cinta y la solidez de una relación que, de otro modo, hubiese resultado difícil de tragar hasta para un niño, y aunque conlleve la tópica escena de pelea, ruptura y resarcimiento, todo por poner a prueba para los peques esas relaciones que ellos sólo entienden como moneda de cambio en el patio de recreo. Otro par de inolvidables camaradas marcados por los tiras y aflojas son Woody y Buzz Lightyear, con tercera aventura a punto de despegue, pero Mike y Sully les ganan el podio aunque sólo sea por la curiosa pareja que forman dentro y fuera de pantalla —en amago simbiótico, les prestaron voz Billy Crystal y John Goodman—.

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En las imágenes: “Te quiero, tío” © 2009 Paramount Pictures Spain. Todos los derechos reservados. “La extraña pareja” © 1968 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. “Arma letal 4” © 1998 Warner Bros. Pictures, Silver Pictures y Donner/Shuler-Donner Productions. Todos los derechos reservados. “Viviendo su vida” © 1954 York Pictures Corporation y Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. “Dos tontos muy tontos” © 1994 New Line Cinema y Motion Picture Corporation of America (MPCA). Todos los derechos reservados. “El expreso de Chicago” © 1976 Frank Yablans Presentations y Twentieth Century-Fox Film Corporation. Todos los derechos reservados. “Kiss kiss, bang bang” © 2005 Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados. “Dos hombres y un destino” © 1969 Campanile Productions. Todos los derechos reservados. “A piece of the action” © 1977 First Artists y Verdon Productions Limited. Todos los derechos reservados. “Clerks II” © 2006 DeAPlaneta. Todos los derechos reservados. “Monstruos, S.A.” © 2001 Disney / Pixar. Todos los derechos reservados.

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