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“Un chihuahua en Beverly Hills”: A los ricos les gustan peque√Īos

Disney ha vuelto a desempolvar una de sus f√≥rmulas m√°s arcaicas: los animales de compa√Ī√≠a, mejor si son perros ‚ÄĒlos gatos suelen ser los malvados (“Como perros y gatos”, 2001) y los p√°jaros no resuelven su falta de expresividad (“Paulie, el loro bocazas”, 1998)‚ÄĒ; mascotas dotadas del arte de la conversaci√≥n con los de su especie, mientras los humanos s√≥lo se comunican con ellos mediante achuchones y sonoros besos. Sin embargo, es poco probable que las nuevas generaciones empiecen a llamar a cada chihuahua que se crucen por la calle como Chloe, el nombre del perro protagonista de “Un chihuahua en Beverly Hills” (2008), a quien presta cuerdas vocales Drew Barrymore. La popularidad de la raza precede a esta superproducci√≥n que al reactualizar el mito demuestra las preferencias de nuevos tiempos: ya no es el collie Lassie la hero√≠na, pues los min√ļsculos apartamentos, los chalets dormitorio y el frenes√≠ de las jornadas laborales y los ociosos fines de semana dificultan la adopci√≥n de perros grandes, a favor de min√ļsculas criaturas transportables en el bolsillo del gab√°n o el √ļltimo bolso Vuitton, seg√ļn nivel adquisitivo, y que se reparten con ratones y ratas el estrellato de la gran pantalla y los primeros puestos de los m√°s vendidos entre las ricas herederas.

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Las millonarias de Sunset Boulevard y alrededores como la t√≠a Viv (Jamie Lee Curtis) han reiterado su preferencia por perritos de pedigr√≠, tama√Īo escueto y estruendosos ladridos. Pero la raza estrella no ha sido nunca el chihuahua, sino el caniche, tanto en sus variantes toy como gigante. √Čste √ļltimo, un ejemplar negro llamado Scherezade, era el orgullo de la condesa Johanna (Joan Fontaine) en “El vals del emperador” (1948), el anodino musical de Billy Wilder. Escogida para aparearse con el caniche del emperador, Scherezade prefer√≠a a un chucho de menor categor√≠a aristocr√°tica, acoso que tambi√©n sufr√≠a la mascota de Anita Ekberg, pretendida por el Gran Dan√©s de Jerry Lewis en “Loco por Anita” (1956). Incordios omnipresentes ‚ÄĒen “Mi desconfiada esposa” (1957) un ejemplar reafirmaba las sospechas de Lauren Bacall despu√©s de rescatar una zapatilla de su marido en el dormitorio de otra mujer‚ÄĒ o s√≠mbolos de opulencia, dicha asociaci√≥n qued√≥ refrendada por Bigas Luna en “Caniche” (1979), o la farsa de los hermanos Bernardo (√Ängel Jov√©) y Elo√≠sa (Consol Tura) decididos a fingir que la decadencia no ha tocado su techo ni su perro.

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A la inversa de la trayectoria social del chihuahua, el yorkshire terrier ha ido descendiendo pelda√Īos hasta situarse entre las razas favoritas de cualquier persona pudiente. Los lacitos entre oreja y oreja contin√ļan siendo la se√Īa de identidad de estos diminutos perros de pelo negro y bronce, adornos baratos para una mascota popular√≠sima que ha dejado de pertenecer en exclusiva a ancianas ricachonas, como la vecina de hotel de Gary Cooper en “Ariane” (1957) y los estrictos modales que inculcaba a su ejemplar, al que obligaba a beber del suelo su propia orina. Audrey Hepburn, protagonista de aquella cinta, era una ferviente admiradora del yorkshire, y su perro Mr. Famous tuvo su debut cinematogr√°fico en “Una cara con √°ngel” (1957) para morir pocos a√Īos despu√©s durante el rodaje de “La calumnia” (1961). Pero las muertes m√°s divertidas en las que se ha visto envuelto alg√ļn yorkshire corresponden sin duda a “Un pez llamado Wanda” (1988) y los tres ejemplares que iba asesinando Michael Palin, por error y para su horror, en lugar de la ancianita que los paseaba. E inolvidable fue Verdel, el grif√≥n de Bruselas del caprichoso pintor interpretado por Greg Kinnear en “Mejor, imposible” (1997), raza similar al yorkshire, pero desprovisto de superfluos a√Īadidos y tocado por un don para interactuar con Jack Nicholson.

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En cursiler√≠a y tama√Īo dobla el cocker spaniel al yorkshire, el perro de orejas onduladas y faldones que inmortaliz√≥ Walt Disney en “La dama y el vagabundo” (1955), donde el enemigo volv√≠a a ser el bando felino y el ejemplar protagonista, Reina, se perd√≠a entre chuchos de mal ver y oler. Uno de sus vecinos adinerados, Jock, era un terrier escoc√©s, la raza favorita de George Bush Jr. y que hasta hace poco campaba a sus anchas por los jardines de la Casa Blanca. Una teor√≠a bastante curiosa acerca de este cl√°sico Disney puede escucharse en “The last days of disco” (1998), y para ejemplares reales en familias de no menos alcurnia est√° el ejemplar de Max de Winter (Laurence Olivier) en “Rebeca” (1940), o los springer spaniel, miembro del mismo √°rbol geneal√≥gico, que luc√≠a Katharine Hepburn en “Doble sacrificio” (1932), uno de los lujosos veh√≠culos que usualmente le tend√≠a George Cukor.

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Las arrugas no se encuentran entre las razas predilectas de las millonarias, quiz√° por eso de que los perros siempre se terminan pareciendo a sus amos, pero si alguna de ellas logr√≥ abrirse paso gracias a sus c√≥modas dimensiones y su irresistible sonrisa fue el pug, lanzado a la fama y las calles tras “Men in black” (1997) y secuela. Acompa√Īante silencioso en numerosos retratos pict√≥ricos, el pug fue tradicionalmente una raza elitista ‚ÄĒ“Mar√≠a Antonieta” (2006) lloraba al desprenderse de su cachorro al cruzar la frontera francesa‚ÄĒ, introducido en la cultura popular bajo formas animadas ‚ÄĒDisney ampl√≠a su cat√°logo de razas con el petulante Percy de “Pocahontas” (1995)‚ÄĒ y acompa√Ī√°ndose de una demostraci√≥n de simpat√≠a de la que carecen otros bullangeros perros de ricos. En “La vida es as√≠” (1942), Frank Morgan encarnaba a un apasionado del mundo canino que, entre su colecci√≥n, contaba con un pug de nombre Fluff, y la familia peluda se trasladaba al completo a las casas heredadas por¬†un amigo de apellido felino,¬†John Gardfield.

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En desparpajo hay alguien que gana al pug: el fox terrier, el lanudo de rizos cortos e inseparable compa√Īero de juguetes saltarines que demostr√≥ su perspicacia en “La cena de los acusados” (1934), donde los detectives Nick (William Powell) y Norah (Myrna Loy) contaban con el fiel olfato de su perro Asta, nombre no menos conocido que el de sus amos en esta imprescindible e ingeniosa primera entrega de la saga de W.S. Van Dyke. Un ejemplar parecido aparec√≠a en “La p√≠cara puritana” (1937), animal por el que se disputan su amor Cary Grant e Irene Dunne, y el perro que pretend√≠a a la Scherezade de “El vals del emperador” era, efectivamente, un terrier que anunciaba gram√≥fonos junto a Bing Crosby ‚ÄĒel famoso sello de algunas compa√Ī√≠as de discos de vinilo como Victrola, con el perrito Nipper junto a un gram√≥fono, puede verse en la reciente “Valkiria” (2008), cuando los hijos del protagonista escuchan la marcha de Wagner‚ÄĒ. Aunque a lomos de la m√ļsica pudiesen haber bailado mejor los cinco doberman pincher de Fred Astaire en “Los impresionantes dobermans” (1976), si bien las ya delicadas piernas de su due√Īo no les ense√Īaron trucos dignos del Broadway dorado.

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A mayor fortuna, menor perro, podr√≠a deducirse de las modas caninas que corretean junto a los visones de esas henchidas se√Īoras; pero no todos los agraciados con unos billetes de m√°s en el bolsillo optan por razas con elevados riesgos de pisot√≥n y mortalidad. La pareja millonaria de “Un loco suelto en Hollywood” (1986) buscaba un border collie, ejemplar destinado al pastoreo de ovejas, y cuando Jean Arthur escuch√≥ la buena nueva de un ingreso inesperado que la convert√≠a en “Una chica afortunada” (1937), su primer deseo fue comprar dos enormes y peludos bobtails que apenas pod√≠a manejar por s√≠ sola. Hasta los perros con peores referencias y rasgos de una rudeza criada en callejones y peleas clandestinas consiguen apoltronarse en viviendas equipadas con piscina y mayordomo, como el bull terrier de “It’s a dog’s life” (1955), otra de esas pel√≠culas con animal parlante. Y si el dinero no acompa√Īa, uno puede tener un perro igual de vistoso y fiero como Butkus, el bullmastiff de “Rocky” (1976), y acercarlo hasta Beverly Hills o el barrio encopetado de turno para que se abastezca de cuantos chihuahuas quiera.

En las im√°genes: Fotograma de “Un chihuahua en Beverly Hills” ¬© 2008 Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados. Fragmento del cartel promocional de “Caniche”¬†¬© 1979 Figaro Films. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Un pez llamado Wanda”¬†¬© 1988 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), Prominent Features y Star Partners Limited Partnership. Todos los derechos reservados. Fotograma de “La dama y el vagabundo”¬†¬© 1955 Walt Disney Productions. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Mar√≠a Antonieta” ¬© 2006 Sony Pictures Releasing de Espa√Īa. Todos los derechos reservados. E imagen promocional de “La cena de los acusados”¬†¬© 1934 Cosmopolitan Productions y Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados.

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