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Una Historia del Cine “A ciegas”

Todav√≠a no existe un audiogu√≠a universal¬†capaz de¬†describir a quienes no pueden contemplar sus im√°genes las acciones de todas las pel√≠culas, sin importar lo remoto, primitivo o estrafalario del film en cuesti√≥n. Curiosamente, los personajes ciegos han sido tan recurridos desde el protocine que lo dif√≠cil es no encontrar un subg√©nero, por minoritario que sea, con uno de ellos en el reparto,¬†en un centro protag√≥nico o esquinado a la mera an√©cdota. Existe, pues, una integraci√≥n absoluta, a menudo t√≥pica,¬†de la comunidad ciega en el medio cinematogr√°fico, aunque el cine no se amolde con todas las facilidades a¬†los requerimientos de un espectador que s√≥lo puede acercarse a √©l mediante el sonido. Ahora le toca el turno al blockbuster de qualit√© con “A ciegas” (2008), t√≠tulo que combina el prestigio del escritor Jos√© Saramago con el talento supuestamente alternativo de Fernando Meirelles¬†para narrar la historia de una ceguera blanca y masiva que poco tiene que ver con las puntuales cegueras negras de la Historia del Cine.

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Cuando el cine era mudo, cerr√≥ los ojos: Entre escena y escena, marcando el tempo de los mon√≥logos y las discusiones, los r√≥tulos explicativos abr√≠an tajos de oscuridad en las im√°genes silentes, un resquicio literario que volv√≠a a√ļn m√°s violento el parpadeo de aquellos primeros rollos de celuloide. Inhabilitado para el habla, como un monstruo que no deb√≠a parecerse demasiado a la realidad y al hombre, el cine mudo no tuvo problema en incorporar m√°s dificultades, como h√©roes y hero√≠nas afectados de ceguera. Pero con el nuevo arquetipo la industria no pretend√≠a rendir homenaje ni demostrar una conciencia comprometida hacia las personas ciegas, sino facilitar sus propias tareas. As√≠, Griffith consigui√≥ enternecer al personal m√°s r√°pidamente gracias a las adorable cieguita de “Las dos hu√©rfanas” (1921) y al violinista ciego ‚ÄĒcomo se ver√°, uno de los¬†arquetipos favoritos del cine‚ÄĒ de¬†“The light that came”¬†(1909), corto que introdujo el incombustible tema del romance a ciegas,¬†aparte de la fant√°stica “El hombre que r√≠e” (Paul Leni, 1928) en su apartado g√≥tico,¬†y la quimera de una curaci√≥n que ‘normalice’ al incapacitado.¬†¬†

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Estoy ciego, estoy maldito: La estigmatizaci√≥n de la persona ciega como un enfermo cuyo √ļnico prop√≥sito es hallar una cura fue reiterada con engorrosa insistencia por las cintas m√°s moralistas del cine mudo y del primer sonoro, aunque los ejemplos discurren hasta nuestros d√≠as, espoleados por el fantaseo de la ciencia en veloz avance y por una integraci√≥n cada vez mayor de la comunidad ciega. La idea de un sufrimiento penoso la inici√≥ el cortometraje¬†“His daugther’s voice” (Walter R. Booth, 1907), en el que se inaugura la tradici√≥n del violinista ciego que s√≥lo encuentra consuelo en la muerte tras el asesinato de su hija, quien para m√°s desgracia era una pobre cantante callejera. El dolor, pues, necesita su dif√≠cil cura, en la que confiaban con escasa base cient√≠fica los protagonistas de “Obsesi√≥n” (Douglas Sirk, 1954), un Rock Hudson dispuesto a cualquier cosa con tal de vencer su culpa y la ceguera de su amada Jane Wyman; la pareja de “Luces de la ciudad” (Charles Chaplin, 1931), que resuelve la papeleta con un hermoso final; la sufrida Bj√∂rk en “Bailar en la oscuridad” (Lars von Trier, 2000), “El milagro de Ana Sullivan” (Arthur Penn, 1962), quien ayuda a una ingobernable ni√Īa ciega y sordomuda; y por t√≥pica que no falte Mary Ingalls, del dram√≥n televisivo¬†“La casa de la pradera”¬†(1974-1983), una adolescente que sue√Īa con ver de nuevo los colores del monte, como la Klara de “Heidi” levantarse de su silla de ruedas y atravesarlo corriendo.

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No quiero ver los horrores de la guerra: La maldici√≥n de la ceguera continu√≥ recibiendo tal etiqueta en los muchos heridos de la Primera y Segunda Guerra Mundial,¬†los conflictos favoritos para las par√°bolas de superaci√≥n con m√°s o menos carga familiar y social. La tragedia del soldado que regresa de un lugar negro para no salir nunca m√°s de √©l aparece en “Nuevo amanecer” (Mark Robson, 1951), “The magnificent lie” (Berthold Viertel, 1931) y “Pride of the marines” (Delmer Daves, 1945), todas ellas retratos dirigidos a la boca del est√≥mago del espectador superviviente o en la retaguardia, mientras salivan dosis desmesuradas de buenas intenciones hacia unos ciegos por accidente que no deben sentir pena de s√≠ mismos, aunque parezca tarea imposible con el tono melodram√°tico de la posguerra. Para horrores que uno nunca desear√≠a haber contemplado, la imprescindible “Los olvidados” (Luis Bu√Īuel, 1950), cruda disecci√≥n de una mala barriada mexicana donde los muchachos hasta se atreven a apalear a un ciego si carece del dinero que pensaban robarle.

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La justicia es ciega: Lo es la estatua que preside los edificios donde mora la ley, cegada con una venda alrededor de los ojos que le impide apreciar y castigar injusticias como la descrita en el apartado anterior. Ahora bien, no todos los caballeros de la justicia se acomodan a la inmovilidad de su reina de piedra, y algunos ciegos dotados de capacidades hipersensoriales o f√≠sicas extraordinarias dedican sus armas a acometer las tareas que los tribunales no pueden resolver. El acecho de la escoria criminal de los callejones corresponde a “Daredevil” (Mark Steven Johnson, 2003), el h√©roe marvelita que decepcion√≥ a unos cuantos en su adaptaci√≥n a la gran pantalla, al contrario que muchos seguidores de Takeshi Kitano, encantados con su “Zat√īichi” (2003) que tomaba el relevo al h√©roe en artes marciales que vagabundea por el Jap√≥n del siglo XIX¬†inmortalizado por Shintar√ī Katsu en “Zat√īichi monogatari” (Kenji Misumi, 1962) y a lo largo de 26 secuelas. Algunos ca√≠dos de la guerra, en lugar de postrarse en una cama o barra de bar a lamentar su suerte, decidieron alinearse del lado de los justicieros, como el Nick Parker de Rutger Hauer en “Furia ciega” (Phillip Noyce, 1989), una fiera de Vietnam que no se ha visto privada del sentido del deber a costa de su ceguera. Pero no todos los h√©roes lo son por vocaci√≥n: las circunstancias arrastran a los testigos ciegos de asesinatos en¬†“Footfalls” (Charles Brabin, 1921), “La jour se l√®ve” (Marcel Carn√©, 1939), “A pleno sol” (Ren√© Cl√©ment, 1960), y a los detectives armados de perro lazarillo en “Blind man’s eyes” (John Ince, 1919) y “Eyes in the night” (Fred Zinnemann, 1942), que hicieron evidente el dicho de que la justicia es tan ciega como el crimen ‚ÄĒla banda de ladrones ciegos en “Blind rage” (Efren C. Pi√Īon, 1978)‚ÄĒ.

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Ceguera de amor: Las representaciones de Cupido no suelen aderezarlo con una venda que le nuble la vista, como a la justicia, aunque de todos es sabido que sus flechas viajan al azar. El enamorado de una persona ciega ya es por derecho uno de los personajes imprescindibles en la Historia del drama rom√°ntico, m√°s a√ļn si se dedica a probar hasta qu√© punto es cierto que la belleza est√° en el interior cuando el susodicho ciego o ciega recupera la vista. Un argumento normalmente aleg√≥rico es una obvia realidad para las parejas de “A primera vista” (Irwin Winkler, 1999), el empalagoso amor entre un ciego Val Kilmer y Mira Sorvino, que retoma los hilos de “Las mariposas son libres” (Milton Katselas, 1972) y “Un retazo de azul” (Guy Green, 1965), donde la ciega era ella y √©l un chico negro no muy bien visto por la madre de su amada. El sufrimiento parece parejo a los corazones de quienes no pueden poner cara a sus sentimientos, como la desdichada Emily Watson en “El drag√≥n rojo” (Brett Ratner, 2002), enamorada hasta las trancas de un asesino en serie; Bryce Dallas Howard, la √ļnica ciega del pueblo en “El bosque” (M. Night Shyamalan, 200); una risue√Īa Cameron Diaz con m√ļltiples heridas en “Cosas que dir√≠a con s√≥lo mirarla” (Rodrigo Garc√≠a, 2000), Isabelle Huppert a punto de perder la vista mientras se enamora de un ciego en “Cactus” (Paul Cox, 1986), como la mujer albina de “Blind” (Tamar van den Dop, 2007). Frente a ellas, tipos afortunados como Melchior Beslon¬†y su Natalie Portman en “Paris, je t’aime” (Tom Tykwer, 2006), Woody Harrelson en la reciente “Siete almas” (Gabriele Muccino, 2008) o¬†Barbara Stanwyck en “The miracle woman” (Frank Capra, 1931).

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Ciegas de terror: Porque no todos los hombres brindan confianza ben√©vola a las mujeres ciegas, las m√°s afectadas por las presiones, tensiones y chillidos desvalidos en la oscuridad que arropa a monstruos indefinibles para ellas. Audrey Hepburn fue la m√°s emblem√°tica de todas en “Sola en la oscuridad” (Terence Young, 1967), en la que una inocua bombillita de frigor√≠fico pod√≠a tenderle una trampa mortal en su propia casa si la estaba persiguiendo un ladr√≥n con ansias de un supuesto bot√≠n escondido. Si se sufr√≠a por ella, Mia Farrow daba miedo por s√≠ misma en “Terror ciego” (Richard Fleischer, 1971), atrapada en una enorme casa solariega con un rastro de cad√°veres y un asesino al acecho. Oyentes de cr√≠menes o fetichistas objetivos, como los de “Solo en la oscuridad” (Mark Peploe, 1991) y “Jennifer 8″ (Bruce Robinson, 1992), cuyos psic√≥patas demuestran una enfermiza tendencia a descuartizar mujeres privadas del sentido de¬†la vista.

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Para el arte bastan las manos: Tambi√©n para el arte de conquistar hermosas f√©minas y no mandarlas al dep√≥sito de cad√°veres, como le ense√Īaba un exc√©ntrico pero oscarizado Al Pacino al jovenzuelo¬†Chris O’Donnell¬†en “Esencia de mujer” (Martin Brest, 1992). Junto a ellas, la m√ļsica ocupa el primer puesto en las preferencias art√≠sticas de las personas ciegas, y en pantalla el instrumento m√°s demandado parece ser el viol√≠n, como se ha apuntado anteriormente: los violinistas ciegos de “La novia de¬†Frankenstein” (James Whale, 1935), “Blink” (Michael Apted, 1994), y “The eye”, original de¬†2002 y tremebundo remake de 2008, se evad√≠an del mundanal ruido para¬†amansar a los monstruos o atraer a fantasmas enfurecidos. Para dar rienda suelta a su virtuosismo con los dedos, otros recalaron en el piano: Morgan Freeman en “Danny the dog” (Louis Leterrier, 2005), y el archifamoso cantante Ray Charles, quien antes de tener r√©plica exacta gracias a¬†Jamie Foxx¬†en “Ray” (Taylor Hackford, 2004) protagoniz√≥ una pel√≠cula sobre su vida, “Ballad in blue” (Paul Henreid, 1964). Y si las partituras parecen tener efectos inofensivos, no dir√≠an lo mismo los ciegos entregados a las artes pl√°sticas, como los escultores de “M√īj√Ľ” (Yasuzo Masumura, 1969) y la espa√Īola “El coleccionista de cad√°veres” (Santos Alcocer, 1970), ciegos ante la evidencia de que sus modelos no son inocentes voluntarias de academia.

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No te r√≠as, que no te veo: Y aunque alguno podr√≠a re√≠rse de la macabra sordidez de los dos √ļltimos t√≠tulos, el cine no ha desde√Īado la figura del ciego como motivo de chanza, ya fuese de manera completamente inocua o condenada por la comunidad de afectados. A este caso pertenece el famoso personaje animado Mr. Magoo, el protagonista de cortos, teleserie y tv movies nacido en 1949 con “Ragtime bear”, y que, bajo el mismo patr√≥n que nuestro patrio Rompetechos, provoca cat√°strofes all√° donde pisa por culpa de su torpeza topera. En 1997 Leslie Nielsen le puso rostro humano durante la moda de materializar aventuras bidimensionales, aunque la pel√≠cula tampoco consigui√≥ contentar al personal. Sin embargo, la mayor√≠a de los sketches aprovechan la confusi√≥n moment√°nea de la ceguera para crear comedia f√≠sica, caso del ciego abandonado en un restaurante en “La mujer de rojo” (Gene Wilder, 1984), o¬†la hipocondria de Woody Allen rozando el absurdo en “Un final made in Hollywood” (2002), como tambi√©n se llamaba Woody el perro lazarillo de Fernando Tejero en “Va a ser que nadie es perfecto” (Joaqu√≠n Oristrell, 2006), una mascota m√°s convencional que los tres ratones ciegos de la tonada inglesa que pululan tropez√°ndose en los tres “Shrek”.

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En el reino de los ciegos el tuerto es el rey: Monarca presente en “A ciegas” con¬†Danny Glover,¬†que luce la prenda que ya ha hecho famosos a Tom Cruise en “Valkiria” (Brett Ratner, 2008), Daryl Hannah en “Kill Bill: Vol. I y II” (Quentin Tarantino, 2003 y 2004), incluso con modelo a conjunto para disfrazarse de diab√≥lica enfermera; Juliette Binoche en “Los amantes del Pont-Neuf” (Leos Carax, 1991), Angelina Jolie en “Sky Captain y el mundo del ma√Īana” (Kerry Conran, 2004), en la misma l√≠nea que Kurt Russell en “1997: Rescate en Nueva York” (John Carpenter, 1981); Jack Lemmon en “Irma la dulce” (Billy Wilder, 1963), el doctor Daisuke Serizawa en “Jap√≥n bajo el terror del monstruo” (Ishir√ī Honda, 1954), Helena Bonham Carter como la bruja de “Big Fish” (Tim Burton, 2003) ‚ÄĒcon reminiscencias a la misteriosa Nadine Hurley de “Twin Peaks”¬†(1990-1991)‚ÄĒ,¬†David Wenham¬†en “300” (Zack Snyder, 2007), Stockard Channing en “Smoke” (Wayne Wang, 1995), Rob Lowe en “Austin Powers: La esp√≠a que me achuch√≥” (Jay Roach, 1999)¬†y “Silverado” (Lawrence Kasdan, 1985), donde tambi√©n aparec√≠a¬†Glover, aunque el parche esta vez le tocaba a Ted White.

En las im√°genes, fotogramas de:¬†“A ciegas” ¬© 2008 Notro Films. Todos los derechos reservados. “Las dos hu√©rfanas”¬†¬© 1921 D.W. Griffith Productions. Todos los derechos reservados. “El milagro de Ana Sullivan”¬†¬© 1962 Playfilm Productions. Todos los derechos reservados. “Pride of the marines”¬†¬© 1945 Warner Bros. Pictures.¬†Todos los derechos reservados. “Furia ciega” ¬© 1989 TriStar Pictures y Interscope Communications. Todos los derechos reservados. “Un retazo de azul” ¬© 1965 Filmways Pictures. Todos los derechos reservados. “Sola en la oscuridad”¬†¬© 1967 Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados. “The eye (Visiones)” ¬© 2008 DeAPlaneta. Todos los derechos reservados. Y Mr. Magoo en “Las aventuras de Mr. Magoo”¬†¬© 1964 United Productions of America (UPA). Todos los derechos reservados.

M√°s sobre: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,
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