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«Vals con Bashir» y la animación en la Historia de los Oscar®

Animación

«Vals con Bashir» y la animación en la Historia de los Oscar®

«Vals con Bashir» (2008) no sólo ha roto las previsiones en las quinielas a los Oscar® por derrotar a la hasta ahora imbatible «Gomorra» (2008), sino por tratarse de un documental de animación, término que desde los anales de la academia viene vinculado a la compañía Disney y, en los últimos años, a su salvaguarda Pixar. Sin embargo, no se trata de la primera película animada con una nominación externa a la categoría de Mejor Película de Animación, creada en 2002, y es posible que su exclusión de dicho grupo y su participación como Mejor Película de Habla No Inglesa se deba a la etiqueta ‘documental’ y a la carrera en el circuito de festivales, Cannes inclusive, de una cinta israelí que no querrá verse derrotada por el fenómeno «WALL·E (Batallón de limpieza)» (2008).

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1932 fue el primer año que incluyó cortos de animación en la lista de nominados, y el oligopolio disneyano quedó patente por triple partida: de las tres piezas animadas, dos eran del estudio —«Mickey’s orphans» (1931) y «Flores y árboles» (1932), la ganadora— y una de la dura competencia de las Merrie Melodies de Warner —«It’s got me again» (1932)—. A Walt Disney le fue concedida una estatuilla honorífica por la creación de Mickey Mouse cuatro años antes, pues su puesta de largo en el corto «Steamboat Willie» (1928) nunca pudo ser premiada al celebrarse la primera ceremonia de los Oscar® en 1929 sin categorías para la ascendente animación. Por último, uno de los premios científicos recayó en la compañía Technicolor por su contribución a la industria animada, en la cual se encontraba Disney y no el corto de Warner, rodado en blanco y negro.

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Los triunfos de Walt Disney en el apartado de cortometrajes se sucedieron con joyas tan emblemáticas como «Los tres cerditos» (1933), «La liebre y la tortuga» (1935) o «Three orphan kittens» (1935), fama que continuó eclipsando a la Warner y otros estudios como la Universal y su Oswald the Rabbit, creado por Walter Lantz, Columbia y el fantasioso Scrappy, el marino Popeye de Paramount o el dragón Calico de MGM. En 1938 celebró el lustro de ceremonias ganadas de forma consecutiva y al corto ganador «El  viejo molino» (1937) se sumó otro premio de reconocimiento a Disney por el diseño y aplicación de la cámara multiplano. Anticipo del auténtico homenaje rendido al animador en 1939 a costa de «Blancanieves y los siete enanitos» (1937), primer largo de animación a color que, por encima de sus múltiples cualidades, arrasaba cualquier duda acerca de las posibilidades narrativas y cinematográficas de un género considerado infantil y, por ende, menor. Shirley Temple fue la encargada de entregarle al maestro Disney una edición especial de siete Oscar® diminutos junto a otro de talla normal, aunque a casa se llevaría ocho gracias al premio a Mejor Corto Animado concedido a «El toro Ferdinand» (1938).

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Durante la ceremonia de 1941 se rompió el hechizo y se anunció, sin saberlo, la que sería una nueva tradición para la casa Disney: las nominaciones en el apartado de Mejor Canción Original y de Mejor Música Original. Aquel año «Pinocho» (1940) consiguió ambos galardones por la melancólica «When you wish upon a star» y por el score de Leigh Harline, doblete que compensó la asombrosa ausencia de la compañía en el apartado de cortometrajes animados, representados por los memorables Tom y Jerry y una de las primeras aventuras de Bugs Bunny firmadas por Tex Avery, aunque fueron derrotadas por la menor «The milky way» (1940), de MGM. Al año siguiente Disney repitió en la categoría musical con «Dumbo» (1941), la favorita del tío Walt, y el premio honorífico a «Fantasía» (1940), y recuperó su liderazgo en los cortos con «Lend a pawn» (1941), protagonizado por el perro Pluto, pero el aumento del número de contendientes y de producción ajena parecía restar posibilidades a una casa que no por poseer el prestigio más anciano iba a seguir copando los máximos laureles.

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«Bambi» (1942) fue la primera gran derrota para la compañía, mucho más acertada en el corto «Der Fuehrer’s face» (1942), en el que el pato Donald sufría uno de sus típicos ataques de histeria en una pesadilla nazi. Tom y Jerry arreglaron la injusticia de años atrás con «The yankee doodle mouse» (1943), el mismo año en que Disney se iba de completo vacío y «Los tres caballeros» (1943), la aventura carioca de Goofy y Donald , no cumplía con el listón esperado por la Academia. Mientras los Looney Tunes y el gato y el ratón de Fred Quimby imponían un nuevo reinado en la animación y en los Oscar® —y apareciendo  a modo de cameos especiales en películas como «Levando anclas» (1945)—, Walt Disney se centraba en la producción de largos y documentales, ahora también con actores de carne y hueso, cumpliendo con un compromiso que no dependía de nuevos galardones para atraer a las familias en masa.

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Walt Disney volvería a colarse con unas pocas de nominaciones testimoniales para «La Cenicienta» (1950), «La bella durmiente» (1959), «Merlín el encantador» (1963) y «El libro de la selva» (1967) durante una época difícil para la animación fuera de la categoría específica de cortometraje debido al auge dorado del musical. Cuando éste empezó su declive, a mediados de los sesenta, las atenciones comenzaron a dirigirse a la animación camuflada dentro de cintas familiares de acción real, como ya hiciera la nominada a Mejor Música «El maravilloso mundo de los hermanos Grimm» (1962): «La bruja novata» (1971), «Pedro y el dragón» (1978) y, sobre todo, «Mary Poppins» (1964) que supuso para Julie Andrews el Oscar® a la Mejor Actriz, aparte de otros cuantos premios a efectos especiales y apartado musical, y muy a pesar de la favorita de aquel año, «My fair lady» (1964). Nuevos llegados como las criaturas de Schulz, el mundo Peanuts, se abrían paso en las listas, y la representación animada en los Oscar® después de la muerte de Walt Disney prácticamente desapareció, bien porque la Academia pensaba que después de la casa del ratón no existía nada de valor, bien porque sus competidores no tuvieron suficiente fuerza o estrategia para demostrar lo contrario.

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«Robin Hood» (1974) y los cortos de Winnie the Pooh reportaron al estudio Disney algunas consolaciones mientras su poderío mermaba ante el empuje de proyectos más artísticos y adultos que apartaron la animación de su público habitual, procedentes de otros países como Canadá con «I’ll find a way» (1977) o Hungría con «A Légy» (1980), o propuestas eclécticas como «¿Quien engañó a Roger Rabbit» (1988). No fue hasta 1989 cuando «La sirenita» (1989) relanzó la cita anual del estudio Disney con su público e inició la fructífera trayectoria del compositor Alan Menken en la Historia de los Oscar®. «La bella y la bestia» (1991) aún conserva el título de única película de animación nominada al Oscar® a la Mejor Película, circunstancia extraordinaria que muchos vaticinaron para «WALL·E» aunque careciese de sentido ante la existencia de una categoría especial para largometrajes animados. «Aladdin» (1992), «El rey león» (1994) y «Pocahontas» (1995) devolvieron a la Disney el trono de los mejores scores y canciones mientras recién llegados como Wallace y Gromit recibían las alabanzas de la crítica y a la fórmula Menken le crecían los enanos, como «Anastasia» (1997), del veterano Don Bluth, o «El príncipe de Egipto» (1999).

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Contradictoriamente, fuera de los apartados musicales Disney nunca llegaría a brillar, pues es su factoría Pixar la que, junto a los esfuerzos de Dreamworks, despertó la conveniencia de una categoría específica para los largometrajes de animación. Premio que empieza a concederse cuando el viejo estudio ya casi ha abandonado la animación bidimensional —sólo sería nominada «Hermano Oso» (2003)—y la hermana pequeña consigue año tras año los aplausos que no se repetían desde la década de los treinta. Sin embargo, la primera en llevarse el premio fue la enemiga «Shrek» (2001), seguida de «El viaje de Chihiro» (2002), «Buscando a Nemo» (2003), «Los Increíbles» (2004), «Wallace y Gromit: La maldición de las verduras» (2005), «Happy Feet: Rompiendo el hielo» (2006) y «Ratatouille» (2008). Otras películas ajenas al mundo Disney nominadas al Oscar® han sido «Jimmy Neutron: El niño inventor» (2001), «Ice Age: La edad de hielo» (2002), «Spirit: El corcel indomable» (2002), «Bienvenidos a Belleville» (2003), «La novia cadáver» (2005), «Persépolis» (2007) o «Kung Fu Panda» (2008), que deberá emplear sus mejores llaves para batir a «WALL·E» en la noche del domingo 22 de febrero.

  • Más información sobre «Vals con Bashir»
  • Tráiler en español de «Vals con Bashir»
  • Fotos de «Vals con Bashir» (22)
  • Rueda de prensa de Ari Folman en Madrid
  • Crítica (8/10): Dibujos de la memoria, por J. Arce
  • Reportaje: El cine para no olvidar, por J. Revert
  • Nominada al Oscar® a la Mejor Película de Habla No Inglesa
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  • En las imágenes, fotogramas de: «Vals con Bashir» © 2008 Golem. Todos los derechos reservados. «Steamboat Willie» © 1928 Walt Disney Productions. Todos los derechos reservados. «Blancanieves y los siete enanitos» © 1937 Walt Disney Productions. Todos los derechos reservados. «The yankee doodle mouse» © 1943 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados. «A wild hare» © 1940 Leon Schlesinger Studios. Todos los derechos reservados. «El Día de Acción de Gracias de Charlie Brown» © 1973 United Feature Syndicate (UFS) y Charles M. Schulz Creative Associates. Todos los derechos reservados. Y «La bella y la bestia» © 1991 Silver Screen Partners IV, Walt Disney Feature Animation y Walt Disney Pictures. Todos los derechos reservados.

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