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“Zelig”: ¿Cambian los camaleones de piel tras 25 años?

Escrito por el 16.09.08 a las 18:23
Archivado en: Aniversarios, Años 80, Cine americano, Comedia, Documental

A la par que estrena “Vicky Cristina Barcelona”, su largometraje número treinta y nueve, Woody Allen celebra el 25 aniversario de “Zelig” (1983), cinta diametralmente opuesta al planteamiento de su aventura condal. Rodada a la usanza de un falso documental o, como se denomina en Estados Unidos, mockumentary —aun sin alcanzar el paroxismo de experimentos como el de Peter Jackson en “La verdadera Historia del Cine” (1995)—, la película se sitúa entre dos ejemplos clásicos del director, “Comedia sexual de una noche de verano” (1982) y “Broadway Danny Rose” (1984), y aborda una auto-disección en clave paródica todavía por explotar en “Acordes y desacuerdos” (1999) y “Wild man blues” (1997), donde la realizadora Barbara Kopple intentaba atrapar al hombre entre la neurosis musical con la misma credibilidad —para bien y para mal— que cualquiera de las ficciones que él mismo ha protagonizado. Precisamente en aquella semblanza que perseguía a Allen entre el jazz y sus estancias en hoteles de lujo, el neoyorquino aseguraba que la responsabilidad nace de la inteligencia y no eso de eso tan abstracto que ahora se le viene a todos los superhéroes a la boca: el poder.

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Cualidad que atesora Leonard Zelig —interpretado por Woody Allen, como era habitual la reserva de los papeles principales para sí en aquella época—, un hombre-camaleón capaz de mimetizarse con cualquier persona que se encuentre cerca y que despierta las sospechas y la avaricia profesional de la doctora Nesbitt (Mia Farrow), que, para alivio del alma del inquieto cineasta, termina derivando en algo más profundo, final feliz imposible en el punto de partida de su persona y su concepción realista de la era contemporánea. Tal vez por ello Allen se retrotrae a los alegres veinte, para lo cual emplea fondo de archivo e imágenes reales sobre los que aplica la misma técnica que después haría famoso a Forrest Gump y su incontinencia presidencial. Woody Allen, quizá el más inimitable de los directores norteamericanos de los setenta-ochenta y, a causa de la misma razón, el más imitado, exploró temprano las posibilidades de su egolatría y del ídolo en el que se ha convertido para masas de intelectuales y aficionados. El desorden de personalidad —o la ausencia absoluta de ésta, no en balde uno de los títulos que se barajó cuando sólo era un proyecto en la mesa fue “Identity crisis and its relationship to personality disorder”— que afecta a Zelig anticipa, más que un foco de interés psicológico, la crisis creativa de individuos que, con tal de sentirse aceptados por sí mismos, son capaces de arrastrarse hasta el extremo de emular a las figuras que les transmiten seguridad.

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A Woody le han crecido muchos Zeligs, quizá Edward Burns en su faceta tras las cámaras sea el más reconocido de todos, pero lo curioso de la película es que es Allen quien escenifica dicho papel. Allen imita a otros —delito o falta que bien reconoce y que ya comenté en otras líneas—, Allen hace de Allen, pero a la vez se refugia en rostros diferentes… El aparente caos interpretativo es una cinta de menos de hora y media con un delicioso montaje y pequeñas referencias a los gustos y obsesiones del director que hacen aún más personal la pieza —a modo de portada de un periódico puede verse el plano frontal de la pistola de “Recuerda” (1945), de Hitchcock—. Un festín de terapia en clave bufa que no se le ocurrió a Allen en el peor momento, como la mayoría supone ahora, cuando las voces que claman su decadencia acompañan a las duras críticas que recibe por su amplia agenda promocional, tareas a las que no prestaba atención mientras su identidad estaba definiéndose y carecía de motivos para temer una carestía de ideas. Tras ver un argumento tan clásico como el triángulo amoroso de “Vicky Cristina Barcelona”, resulta interesante echar un nuevo vistazo a “Zelig” y percatarnos de que quizá el autor se haya convertido en su propia criatura —consciente incluso de que la mayor de las famas va pareja a la decadencia reclamada por la sociedad que en principio le colocó los laureles—, si es que esa criatura no viene engañándonos desde hace mucho tiempo, cuando vimos en él los rasgos que él consintió en mostrarnos.

En las imágenes: Fotogramas de “Zelig” – Copyright © 1983 Orion Pictures Corporation. Todos los derechos reservados.

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