CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
A la hora señalada
Greg Marcks construye una película de relatos encadenados que
combina el thriller con el humor macabro y cuyo objetivo final
no es más que el puro entretenimiento.
Una de las sorpresas más notables de esta impávida temporada
cinema-tográfica bien podría ser el estimable debut de
Greg Marcks con "11:14, destino
fatal", una desquiciada pelícu-la que propone como
esencial recla-mo un nocturno puzzle
de humor ne-gro que presenta varias historias fu-sionadas en una
misma hora, concen-tradas en diversos accidentes sucedi-dos en
el barrio de Middleton, donde la noche se presenta muy intensa
pa-ra sus protagonistas, ya que todos ellos serán desdichadas
víctimas de un destino que entrelaza sus vidas sin
conexión aparente en un momento exacto y concreto. Ésta es la
lí-nea argumental de un modesto filme que probablemente no
hubiera sido estrenado en España si
Hilary Swank (una de sus protago-nistas secundarias)
no hubiera obtenido su segundo Oscar® por "Million
Dollar Baby".
Atropellos, muertes,
equívocos, imprevistas amputaciones de ín-dole fálica, atracos
provocados, embarazos fingidos y una extraña sensación de
irrealidad son los elementos que maneja el jovencísi-mo
realizador en una primera película en la que ha demostrado un
extraordinario manejo del ámbito formal, ya que si por algo
llama la atención esta obra debut es por el buen pulso con que
Marcks ha construido la conseguida atmósfera situacional erigida
sobre su historia coral, sin caer en la dolorosa esen-cia
dramática, que permanece intacta a lo largo de la trama,
evi-tando además que sus giros narrativos y situaciones
esperpénticas desluzcan la gran capacidad de acción e interés
que abundan en una sorprendente película.
En "11:14, destino fatal" la habilidad
formal de un recurso expresivo como es el juego de tiempos que
confluyen en un mismo instante, en este caso en una hora y
minuto delimitado, es la médula sobre la que se nutre un filme
que logra sortear cualquier atisbo de gravedad dramática para
beneficiarse de una deliberada intrascendencia que se vislumbra
en el total de la cin-ta. Sin llegar a la complejidad a la que
enfrenta al público el maze-cinema (narración que
emprende el relato en su final para avanzar hacia atrás en busca
de su punto de partida) "11:14, destino fatal", no obstante,
plantea una particular ruptura de las
re-glas clásicas de la narración, una estrategia de
reconstrucción ar-gumental que más allá de su aparente
artificio, sabe revestir al guión de un indefinido formato de
thriller con ciertas dosis de dolo-roso drama, comedia negra y
un punto de absurdo en su plantea-miento de coyuntura
cronológica del tiempo.
A modo de puzzle temporal
narrativo que vertebra este delirante viaje en el destino de
unos personajes movidos por el interés y en-samblados
trágicamente por circunstancias que sólo pueden darse por efecto
del destino, el cruel fatum al que se enfrentan todos y cada uno
de ellos, Greg Marcks expone con mordacidad una sátira
costumbrista, enfrentando una serie de conceptos ma-nejados con
un excepcional sentido del
ritmo, manteniéndo-lo constante en su proceso evolutivo
al relatar los mismos acontecimientos desde varios puntos de
vista y diversas con-secuencias. Es por ello que la gran
virtud del filme sea la de apli-car una
correcta medida
de los tiempos y los espacios en los que se desarrolla toda la
acción cruzada en un mismo minuto, cuya ex-plicación no
encuentra lógica a la hilaridad que producen
los terri-bles momentos de violencia de
lo que acaece en la fatídica noche.
"11:14, destino fatal" no resulta en ninguna de sus áreas un
filme preten-cioso, sino que prima la inteligencia más que la
originalidad de lo formula-do antes que cualquier indicio de
pro-sopopeya formal o narrativa. Y a pe-sar del subyacente tono
de telefilme a lo largo de la película, el joven cineas-ta sabe
aportar mediante un clima mortecino y noctívago la moderación
necesaria para perpetuar la intriga y la acción por medio de
secuencias en vehículos, persecuciones exteriores, situaciones
imposibles y conversacio-nes de corte intimista con una
certi-dumbre cinematográfica casi insultante a la hora de
manejar la dila-ción temporal y
geográfica, con la intención de propagar con mayor valía unas
historias que formuladas de manera lineal no llegarían a los
treinta minutos reales.
Todo está encubierto por la trivialidad con que se narran los
acontecimientos que rodean a unos protago-nistas que se definen
por el prototipo de la América Profunda, del patetismo
provinciano que les obliga a actuar llevados por instintos casi
siempre erróneos, derivados de su estulticia, de su egoísmo, de
una expiación redentora o por incompetencia, venganza,
necesi-dad o bondad, según sea el caso. Personajes que,
involuntariamen-te, se dejan llevar por sus miedos aportando con
su insólita singu-laridad cierto anacronismo en el apacible
lugar en el que residen.
La obra de presentación de
Marcks es, por tanto, además de una pieza de
recargada minuciosidad en su puesta
en es-cena y narrativa, un macabro divertimento a modo de
trata-do surrealista, un
atroz thriller que se concreta en un
mosaico de coincidencias para las que, como es lógico, se
recurre a algunos excesos para conseguir el efecto final, que no
es otro que la pura delectación de lo trivial, de divertimento
como eje sobre el virar ca-da movimiento narrativo.
Calificación:
    
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